Por lo que veo y escucho, diariamente, a casi nadie en Cuba le queda la menor duda de estas tres realidades:
1. Cuba ha llegado a una situación límite que no tiene vuelta atrás, ni tiene solución si no cambia el régimen político.
2. La actual agonía terminal que vivimos los cubanos es inaguantable, es inhumana y es éticamente inaceptable. Es un desastre humanitario.
A menudo confundimos dos figuras que, aunque habitan el mismo espacio entre el emisor y el receptor, operan bajo principios éticos y funcionales opuestos.
Se trata del respeto, la persona y la opinión. De la democracia, la transparencia y la rectitud. De la identidad, la ética y la política. En resumen, de lo que somos y no lo que aparentamos o queremos confundir.
La Constitución de la República de Cuba establece en el Capítulo II, de Derechos, en su Artículo 52, la libertad de movimiento, y así lo expresa:
La razón es sencilla. Con los derechos y libertades supeditados a la construcción del socialismo, la conversión de los ciudadanos en masa, la economía arruinada por planes voluntaristas, la concentración de las mayores riquezas y fuentes de divisas del país en un
La democracia no es magia. No se construye solo con una reluciente ley electoral, ni solo con una nueva Constitución de la República por muy democrático que sea su contenido. Y lo peor de todo, la democracia no se garantiza, automáticamente, ni siquiera con unas elecciones libres, plurales, transparentes e internacionalmente monitoreadas.
La relación entre las reformas económicas y las reformas políticas continúa siendo uno de los debates más persistentes de la economía política moderna. Este ha sido un tema recurrente en el análisis de una posible transición en Cuba. ¿Por dónde podría comenzar? ¿Hacia dónde debería conducir? ¿La libertad de mercado engendra inevitablemente la libertad política, o pueden coexistir de forma indefinida el capitalismo de Estado y al autoritarismo?
El Comité Central del Partido Comunista y la Asamblea Nacional de Cuba aprobaron, la semana pasada, 176 reformas económicas con el alegado propósito de sacar al país de la crisis sistémica, estructural y terminal en la que el mismo régimen ha sumido
Los creyentes tenemos en cada lectura de la Palabra de Dios una lección de vida, un incentivo para el camino. No es solo leer lo que “toca” según un ciclo y otro dentro del calendario litúrgico, es interpretar qué significa en mi vida, aquí y ahora, lo que estoy leyendo cada vez en la Biblia
Es cuestión de prioridades y, aún más, es cuestión de cosmovisión, de concepto acerca de la persona humana y del mundo. En efecto, los últimos meses en Cuba vienen a confirmar, una vez más, lo que resulta más importante para el poder: el dinero de otros.










