
Dimas Castellanos Martí
Al ocupar la presidencia en 1902, Cuba estaba en ruinas por los años de guerra. Resultado de la administración de Tomás Estrada Palma, de 953 911 cabezas de ganado que había en 1902, ascendieron a 1 223 613 en 1903. Inauguró el ferrocarril de Santiago de Cuba a La Habana a un costo de diez millones y medio de dólares, reduciendo el viaje entre esos dos puntos de la Isla de días en barco a veinticuatro horas por el camino de hierro, construyó 328 kilómetros de carretera, aumentó el número de centrales azucareros y elevó la producción de 851 181 toneladas en 1902 a 1 230 349 en 1905, y contribuyó al desarrollo del tabaco y del café. Inauguró la Biblioteca Nacional, priorizó la instrucción pública, a la que dedicó el 25% del presupuesto nacional. Resultado de su labor, el tesoro público que en 1902 contaba con medio millón de dólares, en 1905 tenía un superávit de veintiséis millones. Estableció de forma vitalicia el pago a los veteranos de guerra. En julio de 1906, con el propósito de poblar las regiones rurales y proveer obreros para la industria azucarera, dictó una Ley de Inmigración y Colonización para atraer migrantes de las Islas Canarias y de Europa, y prohibió la exportación de braceros cubanos al exterior.
En 1905, antes de concluir su mandato presidencial Estrada Palma se afilió al Partido Moderado y aceptó la reelección recomendada por figuras allegadas, se correspondían con el criterio negativo que tenía de sus oponentes. Mientras los republicanos, unidos con los nacionales, presentaron la candidatura integrada por José Miguel Gómez y Alfredo Zayas, con el apoyo del general Máximo Gómez.
La reelección –un derecho constitucional- devino enfrentamiento armado. El 16 de agosto comenzó una insurrección que arrojó muertos, heridos y pérdidas materiales: un funesto episodio de nuestra historia política.
Estrada Palma, convencido del daño que sufriría el país si sus contendientes se imponían en las elecciones, tomó decisiones como la creación “Gabinete de Combate”, una institución empleada para sustituir a los secretarios que no le apoyaban y privar de posiciones al enemigo utilizando todos los mecanismos para asegurar la victoria en los comicios, incluyendo el fraude y la violencia.
Su actuar resulta incomprensible sin un dato histórico de máxima importancia. Cuba era una república en plena infancia, emergida tras cuatrocientos años de dominación colonial, treinta años de guerras y dos de ocupación norteamericana; sin apenas prácticas democráticas, con una nación en formación y un pueblo inmaduro para el autogobierno, en la que “la personalidad de los caudillos contaba más que las ideas políticas”.
Uno de los hechos desencadenantes del suceso ocurrió el 22 de septiembre de 1905. El doctor Enrique Villuendas, un coronel de la Guerra de Independencia, representante liberal a la Cámara por Las Villas, que gozaba de inmunidad parlamentaria, fue asesinado. Su muerte fue uno de los motivos del Partido Liberal para no asistir a las elecciones de 1905. Estrada Palma, sin oposición, ganó las elecciones y el 20 de mayo de 1906, en un escenario enrarecido por los enfrentamientos entre liberales y conservadores, inauguró su segundo período presidencial.
En agosto de 1906 el conflicto alcanzó un punto sin retorno. Los liberales respondieron con el alzamiento armado.
El día 12 de septiembre de 1906, el cónsul norteamericano, Frank Steinhart, recibió una nota que decía: “El presidente Estrada Palma pide la intervención americana y ruega que el presidente Roosevelt envíe a La Habana, con la mayor reserva y rapidez, dos o tres mil hombres para evitar una catástrofe en la capital. La intervención que se pide no debe ser de conocimiento público hasta que las tropas americanas estén en La Habana”. Y dos días después escribió a Gonzalo de Quesada, representante de Cuba en Washington: “nuestra intervención en los asuntos cubanos se producirá solamente si Cuba demuestra que ha fracasado y que se ha adentrado en el camino de la revolución; que carece del autodominio necesario para garantizar el pacífico autogobierno y que partidos en lucha han lanzado al país en manos de la anarquía.
El hecho obliga a reflexionar sobre la intervención norteamericana en el conflicto cubano. El presidente Teodoro Roosevelt, según el historiador inglés Thomas Hugh, no apuntaba a la expansión territorial sino a la articulación de la fortaleza ya existente. Estaba, desinteresado de la anexión de Cuba. En el mensaje anual, en diciembre de 1906, explicó que los Estados unidos nada querían de Cuba, salvo que esta “prosperase moral y materialmente”. Ahora, ante el latente peligro que representaba el enfrentamiento armado, Roosevelt escribió a Tomas Estrada Palma: “Encarecidamente le ruego que sacrifique sus propios sentimientos ante el altar de la prosperidad de su país y acceda a la petición de Mr. Taft, de que continúe Ud. en la presidencia el tiempo, a su juicio, necesario, para que se establezca en nuevo gobierno temporal, bajo el cual sea posible llevar a cabo las negociaciones para la paz”.
Los acontecimientos grosso modo se desarrollaron en el siguiente orden:
El 28 de septiembre Estrada presentó su dimisión. El Congreso no pudo designar un nuevo presidente, porque su vicepresidente, Domingo Méndez Capote también renunció. Los moderados abandonaron el Congreso y Cuba se quedó sin gobierno. Se aplicó la Enmienda Platt. Al día siguiente, arribó el primer navío de guerra y seguidamente otros siete. Desembarcaron 200 soldados de la Infantería de Marina y el país quedó bajo un Gobierno Provisional, encabezado, primero por el general William Taft y luego por el abogado Charles E. Magoon.
La Carta de Estrada Palma a su amigo Teodoro Pérez Tamayo, fechada el 10 de octubre de 1906, explica su decisión: “La solución del pacto con los alzados en armas era lo peor en que pudiera pensarse… los problemas secundarios que se originarían después, serían tantos y tan difíciles de resolver, debilitada, si no perdida, la fuerza moral del Poder legítimo y sin otra autoridad que dirimiese las diferencias, serían tantos y tan difíciles, repito, esos problemas, que darían lugar a que el país se mantuviera muchos meses en medio de una constante agitación, de efectos tan perniciosos como los de la guerra misma… Si hice bien o no, el tiempo lo dirá”.
A manera de resumen
Estrada Palma, cuyo principal aporte fueron los avances realizados en la enseñanza y la economía, se destacó por la moral administrativa, dejando un valioso legado ausente en la casi totalidad de los mandatarios que le sucedieron. Su gran falta fue el intento de reelegirse a toda costa, con lo que se inauguró una práctica funesta en la naciente república, cuya más reciente manifestación es el actual gobierno de Cuba que lleva casi siete décadas en el poder sin que los cubanos puedan cambiarlo al carecer de elecciones libres.
Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
Reside en La Habana desde 1967.
Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).
