Estoy escribiendo esta columna en medio de otra caída del Sistema Eléctrico Nacional. Es decir, pienso, escribo y vivo en una Isla sumida en una oscuridad total. El totalitarismo es el gran apagón de la vida normal. Las circunstancias en que estoy escribiendo esto es una prueba que el totalitarismo comunista puede llevar a todo un país a las tinieblas totales pero no puede y no podrá jamás apagar el espíritu humano
Cada vez se toma más conciencia de lo difícil que será la sanación del daño antropológico que, sin duda, es el desastre más profundo y duradero que ha causado el totalitarismo comunista en Cuba
Hace cinco años, el 19 de julio de 2021, partía hacia la Casa del Padre Monseñor José Siro González Bacallao, quien fuera el sexto obispo de Pinar del Río. Los 90 años de su peregrinación por esta tierra pinareña fueron un valiente testimonio ejemplar de su consagración con el crisma bautismal y episcopal como “parte de Cristo sacerdote, profeta y rey-servidor
Por lo que veo y escucho, diariamente, a casi nadie en Cuba le queda la menor duda de estas tres realidades:
1. Cuba ha llegado a una situación límite que no tiene vuelta atrás, ni tiene solución si no cambia el régimen político.
2. La actual agonía terminal que vivimos los cubanos es inaguantable, es inhumana y es éticamente inaceptable. Es un desastre humanitario.
Se trata del respeto, la persona y la opinión. De la democracia, la transparencia y la rectitud. De la identidad, la ética y la política. En resumen, de lo que somos y no lo que aparentamos o queremos confundir.
La democracia no es magia. No se construye solo con una reluciente ley electoral, ni solo con una nueva Constitución de la República por muy democrático que sea su contenido. Y lo peor de todo, la democracia no se garantiza, automáticamente, ni siquiera con unas elecciones libres, plurales, transparentes e internacionalmente monitoreadas.
El Comité Central del Partido Comunista y la Asamblea Nacional de Cuba aprobaron, la semana pasada, 176 reformas económicas con el alegado propósito de sacar al país de la crisis sistémica, estructural y terminal en la que el mismo régimen ha sumido
Es cuestión de prioridades y, aún más, es cuestión de cosmovisión, de concepto acerca de la persona humana y del mundo. En efecto, los últimos meses en Cuba vienen a confirmar, una vez más, lo que resulta más importante para el poder: el dinero de otros.
Estemos despiertos, preparados, prevenidos. El presente y el futuro de Cuba nos están presentando nuevos retos, raros desafíos, algunas manipulaciones y ciertas máscaras políticas.
Siguiendo la serie de los “lunes” para pensar el futuro de Cuba, teniendo en cuenta que ese futuro ya está aquí, hoy quiero referirme a la necesidad que tiene Cuba de contar a su servicio con verdaderos estadistas más que con personas con un partidismo confrontativo










