Rescatar la confianza: cimiento ético para la reconstrucción nacional

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

​En las dinámicas de la vida cotidiana en Cuba, hay fenómenos que a fuerza de repetirse corren el riesgo de volverse invisibles. Nos acostumbramos a lidiar con las carencias materiales, los extensos apagones y las complejidades de un entorno económico impredecible; pero existe una fractura mucho más honda y silenciosa que no suele medirse en indicadores estadísticos: la erosión de la confianza interpersonal e institucional.

​La confianza es como una amalgama invisible que mantiene unida a una sociedad. Es la certeza compartida de que las palabras empeñadas tienen valor, de que el esfuerzo honesto dará frutos y de que el otro actuará bajo un principio mínimo de reciprocidad y ética. Cuando esa certeza se quiebra y la sospecha permanente reemplaza al crédito mutuo, la convivencia en armonía se distorsiona y la estructura social se fragmenta.

El impacto del daño en las relaciones humanas

​A lo largo de seis décadas, el modelo político y social predominante en la Isla ha condicionado las relaciones humanas a un ejercicio de supervivencia y cautela. La cultura de la delación, la simulación ideológica para evitar represalias y la dependencia casi absoluta del Estado para la satisfacción de necesidades elementales generaron lo que Dagoberto Valdés definió como el “daño antropológico”.

Este fenómeno se manifiesta en la costumbre de guardarse la opinión sincera para el ámbito privado, en el recelo sistemático frente a las iniciativas colectivas y en la percepción de que el éxito ajeno deviene necesariamente de una transgresión moral o de un privilegio injustificado. En un contexto donde la verdad se distorsiona con frecuencia para encajar en narrativas oficiales o para justificar la ineficiencia, el ciudadano común aprende a asumir la mentira instrumental como un escudo defensivo.

Sin embargo, las consecuencias de esta dinámica traspasan el marco moral; tienen implicaciones directas en el desarrollo socioeconómico del país. Sin confianza no existen mercados transparentes ni contratos duraderos, no prosperan las organizaciones de la sociedad civil y se imposibilita el trabajo en equipo de forma sostenida. La falta de credibilidad atrofia el espíritu de cooperación indispensable para impulsar cualquier proyecto transformador.

​La verdad como condición para la sanación

​No es posible sanar una herida si se insiste en ocultar su profundidad. El primer paso para restablecer la confianza en la sociedad cubana pasa por un compromiso radical con la verdad, tanto en el ámbito personal como en el plano público.

​En la esfera pública, la verdad exige transparencia institucional, rendición de cuentas e información veraz. Las narrativas triunfalistas y las explicaciones evasivas ante la crisis solo ahondan el distanciamiento entre las instituciones y la ciudadanía. Para que vuelva a existir fe en la gestión pública, la verdad debe prevalecer sobre la propaganda.

​En la esfera privada e interpersonal, el ejercicio de la verdad requiere superar la simulación. Implica educar en la autenticidad, fomentar el respeto a la diversidad de pensamiento y asumir que la discrepancia razonada no convierte al otro en un enemigo, sino en un interlocutor válido en la construcción del bien común.

Propuestas para la reconstrucción del tejido cívico

​El camino hacia una Cuba próspera, plural e incluyente no se limita a reformas económicas o cambios de marcos legislativos; exige una profunda renovación ética y cívica. Desde el Centro de Estudios Convivencia hemos insistido de manera reiterada en que el desarrollo humano integral requiere el rescate de valores fundamentales que fundamenten la vida en democracia.

​Para avanzar en esa dirección, resulta indispensable considerar los siguientes pilares de reconstrucción:

Educación en virtudes cívicas: Impulsar una formación centrada en la responsabilidad personal, la solidaridad y el respeto a la legalidad democrática.

Fortalecimiento de la autonomía comunitaria: Fomentar espacios independientes de asociación y cooperación desde la sociedad civil respetando la primacía de la persona.

• ​Cultura de la transparencia e integridad: Asumir la ética de la responsabilidad como criterio insustituible para el liderazgo público, religioso, social y empresarial.

Reconciliación y justicia restaurativa: Promover procesos de memoria histórica que no se alimenten del resentimiento, sino de la verdad y el deseo de sanar los traumas colectivos para cerrar cicatrices de manera definitiva.

La responsabilidad de ser agentes de cambio

A menudo se piensa que las transformaciones sociales de gran envergadura son responsabilidad exclusiva de los decisores políticos o de los grandes acontecimientos históricos. Si bien los cambios estructurales e institucionales son indispensables para garantizar libertades y derechos de forma plena, la regeneración del tejido ético es una tarea comunitaria e individual.

La confianza se reconstruye mediante pequeños actos diarios de coherencia. El desafío que encaramos hoy es complejo, pero no insuperable. Cuba cuenta con el talento, la nobleza y la capacidad de resistencia de su gente dentro y fuera de la Isla. Tenemos la responsabilidad de ser agentes de cambio, que transformemos la resistencia en fuerza constructiva de esperanza, creatividad y fraternidad.

​Apostar por la confianza no es un síntoma de ingenuidad en tiempos de incertidumbre, sino una decisión estratégica y consciente. Es la firme convicción de que solo sobre el cimiento de la verdad, el civismo y la responsabilidad compartida podremos cimentar la nación justa, próspera y en libertad que todos merecemos y que ya empezamos a pensar para el futuro.

 

 

 


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
  • Licenciado en Microbiología por la Universidad de La Habana.
  • Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia. Responsable de Ediciones Convivencia.
  • Reside en Pinar del Río.
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