Bonaventure Broderick, el obispo que llegó con la ocupación

Foto tomada de internet

Pocas imágenes resultan tan desconcertantes como la de un obispo católico despachando gasolina en una estación de servicio de un pequeño pueblo del estado de Nueva York. Sin embargo, esa escena fue real. Durante varios años de la década de 1930, los vecinos de Millbrook acudían a una gasolinera atendida por un hombre de modales refinados, doctorado en Roma y antiguo obispo auxiliar de La Habana. Su nombre era Bonaventure Broderick.

La anécdota de la gasolinera ha eclipsado durante décadas una historia mucho más interesante. Antes de convertirse en el célebre “obispo gasolinero”, Broderick se halló en el centro de uno de los momentos más delicados de la historia cubana: la transición entre el fin del dominio español y el nacimiento de la República.

Una Iglesia en tierra de nadie

Cuando Bonaventure Broderick llegó a Cuba el 16 de febrero de 1900, la isla vivía una situación sin precedentes. España había sido derrotada en la guerra de 1898 y el país se encontraba bajo ocupación militar estadounidense. El gobierno de la isla estaba en manos del general Leonard Wood mientras se preparaba el tránsito hacia la futura República.

La Iglesia católica tampoco escapaba a la incertidumbre. Durante siglos había funcionado bajo el sistema del Patronato español, mediante el cual el Estado sostenía económicamente gran parte de sus actividades. La desaparición de ese marco político dejó abiertas numerosas preguntas: ¿qué ocurriría con las propiedades eclesiásticas? ¿Quién respondería por las antiguas obligaciones financieras? ¿Cómo sobreviviría la Iglesia en un sistema basado en la separación entre Iglesia y Estado?

Fue en ese escenario donde apareció Broderick.

El protegido de Sbarretti

El joven sacerdote estadounidense no llegó por casualidad. Había sido alumno en Roma de Donato Sbarretti, el prelado italiano que la Santa Sede designó para gobernar la diócesis habanera en plena ocupación norteamericana. Cuando Sbarretti partió hacia Cuba, quiso llevar consigo a un colaborador de absoluta confianza que dominara el inglés y pudiera servir de puente con las nuevas autoridades estadounidenses.

Broderick poseía precisamente ese perfil.

Doctor en Filosofía y Teología, formado en el Pontificio Colegio Norteamericano y el Ateneode San Apolinar, había destacado por sus capacidades intelectuales mucho antes de cumplir los treinta años. Su carrera parecía destinada a ascender rápidamente dentro de la Iglesia.

En La Habana asumió diversas responsabilidades. Fue administrador de la parroquia de San Francisco de Sales, intervino en la administración del Seminario San Carlos y San Ambrosio y, sobre todo, colaboró en las complejas negociaciones entre la Iglesia y el gobierno militar estadounidense sobre propiedades y compensaciones económicas.

Un hombre útil para Roma

La labor de Broderick fue tan apreciada que en 1901 recibió el título de monseñor. Dos años después, el papa Pío X lo nombró obispo auxiliar de La Habana. No era una decisión menor.

La Santa Sede intentaba reorganizar una Iglesia que acababa de perder el respaldo institucional español y que debía adaptarse a una nueva realidad republicana. En ese contexto, Broderick era visto como un administrador eficaz y un hombre capaz de dialogar con las autoridades estadounidenses que aún conservaban enorme influencia en la isla.

El 20 de mayo de 1902, cuando nació oficialmente la República de Cuba, Broderick estuvo entre los representantes eclesiásticos que participaron en los actos de instauración del nuevo Estado.

Sin embargo, su ascenso sería tan rápido como breve.

La caída

Los años iniciales de la República estuvieron marcados por fuertes tensiones políticas. La presencia de funcionarios y asesores extranjeros era observada con recelo por sectores que aspiraban a una plena afirmación de la soberanía cubana. La Iglesia tampoco permaneció al margen de esas sensibilidades. Diversos estudios han señalado que el nombramiento de prelados extranjeros generó controversias en determinados círculos políticos y eclesiásticos.

En 1904 comenzaron a acumularse denuncias contra Broderick. El Delegado Apostólico Placide Chapelle trasladó a Roma acusaciones relacionadas con la administración de bienes eclesiásticos. El obispo viajó a la Santa Sede para defenderse y logró convencer al papa Pío X de que no existía prueba suficiente para condenarlo por irregularidades financieras. Sin embargo, la situación ya se había vuelto insostenible.

Roma decidió apartarlo de Cuba.

Lo que debía ser una simple reubicación terminó convirtiéndose en una catástrofe personal. Los planes para asignarle nuevas responsabilidades en Estados Unidos fracasaron y, el 1 de marzo de 1905, su renuncia como obispo auxiliar de La Habana fue aceptada.

Tenía apenas treinta y seis años.

Treinta y cuatro años de silencio

A partir de entonces comenzó uno de los episodios más insólitos de la historia eclesiástica norteamericana.

Broderick conservó su condición episcopal, pero quedó sin funciones relevantes durante más de tres décadas. Vivió en el estado de Nueva York, administró propiedades y se mantuvo alejado de los grandes escenarios de la vida católica. Según las investigaciones más recientes, incluso escribió regularmente para la prensa local y desarrolló diversas actividades privadas.

Durante la Gran Depresión operó una estación de servicio en Millbrook. La imagen del antiguo obispo de La Habana atendiendo automóviles y despachando combustible alimentó toda clase de leyendas. Algunas versiones, sin confirmación oficial, llegaron a atribuirle la invención de dispositivos para surtidores de gasolina.

La rehabilitación

En 1939 ocurrió algo inesperado.

Francis Spellman, recién nombrado arzobispo de Nueva York, recibió instrucciones para revisar la situación de aquel obispo olvidado. La posterior tradición popular transformó el episodio en una historia casi novelesca, según la cual Spellman lo habría descubierto por casualidad en una gasolinera. Los documentos disponibles cuentan otra cosa: la visita fue planificada y formó parte de una revisión formal de su caso.

Spellman quedó impresionado por el anciano prelado.

Poco después le devolvió responsabilidades pastorales y lo reincorporó a la vida pública de la Iglesia. Broderick pasó sus últimos años como capellán y posteriormente como vicario para las religiosas de la arquidiócesis neoyorquina. Murió en 1943.

Epílogo

La figura de Bonaventure Broderick suele quedar reducida a la imagen del obispo que, vestido de paisano, despachaba gasolina en un pueblo de Nueva York. Es una estampa poderosa, pero engañosa.

Antes de aquel silencio de más de tres décadas, Broderick había sido un interlocutor entre Roma y Washington y un administrador clave de la Iglesia en la Cuba de la transición. Estuvo presente el día en que nació la República. Luego desapareció de la escena pública con la misma rapidez con que había irrumpido en ella.

La gasolinera de Millbrook no es solo el final anecdótico de una carrera truncada: es el desenlace de un hombre que llegó con la ocupación estadounidense, intervino en asuntos decisivos del nuevo orden y, tras su salida forzosa, permaneció al margen de la vida pública de la Iglesia durante más de treinta años.

Bibliografía

1. “From Serving God to Serving Gas: The Story of Bishop Broderick in Millbrook.” TheMillerton News. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://millertonnews.com/millbrook/serving-god-serving-gas-story-bishop-broderick-millbrook.
2. Hanna, James K. “The Curious Case of Bonaventure Broderick (January–February 2023 Issue).” James Hanna Writer, 23 de enero de 2023. https://jameshannawriter.com/2023/01/23/new-oxford-review-the-curious-case-of-bonaventure-broderick-january-february-2023-issue/.
3. McNamara, Pat. “The Powerhouse: Cardinal Francis Spellman.” Patheos, 18 de diciembre de 2012. https://www.patheos.com/catholic/powerhouse-spellman-pat-mcnamara-12-18-2012.
4. Wilson, Mark. “Meet the Writer James K. Hanna.” Patheos, 19 de febrero de 2026. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://www.patheos.com/blogs/catholicbard/2026/02/meet-the-writer-james-k-hanna.
5. Jarvinen, Lisa. “The ‘School Question’ in an Imperial Context: Education and Religion during and following the Occupations of Cuba and Puerto Rico.” History of Education Quarterly 62, no. 1 (2022): 84–106. https://doi.org/10.1017/heq.2021.61.
6. Gersbach, Karl A., OSA. “The Beginning of the American Augustinian Mission in Cuba, 1898–1906.” The Augustinians. Publicado originalmente en La Ripresadell’Ordine: Gli Agostiniani tra 1850–1920, Congresso dell’Istituto StoricoAgostiniano, Roma, 15–19 ottobre 2012. Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://augustinian.org/the-beginning-of-the-american-augustinian-mission-in-cuba/.
7. Antall, Richard. “The Strange Case of Bishop Bonaventure Broderick.” Angelus News.Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://angelusnews.com/arts-culture/bishop-broderick-book/.
8. Fogarty, Gerald P. “Spellman, Francis Joseph (1889-1967), Roman Catholic prelate.” American National Biography. 1 Feb. 2000; Consultado el 19 de septiembre de 2026. https://www.anb.org/view/10.1093/anb/9780198606697.001.0001/anb-9780198606697-e-0801438.

Luis Carlos Hernández Casatillo(Ciego de Ávila, 1994).
Ingeniero en Automática por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas (2019), periodista
independiente y podcaster.
Ha desarrollado su labor principalmente en el ámbito de la comunicación y la cultura, dirigiendo el
boletín diocesano “Lumen”, conduciendo el podcast “Palabra del Tiempo”, y desempeñandose como
guionista y editor del programa radial “En clave de fe” en Ciego de Ávila”.
Es colaborador del medio independiente “La Hora de Cuba” y ha aportado su experiencia como
comunnity manager, webmaster y programador web.
Actualmente redacta la columna “Memoriosidades” para la revista de la plataforma “Memoria Cívica”.
Scroll al inicio