
Hace pocos meses terminé mi misión en Cuba, que añoro. Al mismo tiempo estoy redescubriendo Polonia, desde hace tantos años visitada solo en tiempos reducidos.
Muchas cosas que veo y vivo me hacen pensar en Cuba. No porque son idénticas, ni siquiera parecidas, sino porque nos dieron y siguen dando una inspiración positiva y constructiva, lo que Cuba necesita más que nunca en estos momentos difíciles.
El 23 de septiembre pasado tuve el honor de participar, junto con mi esposo Marcin, en la conmemoración del 50 aniversario del Comité de Defensa de los Obreros (Komitet Obrony Robotników: siglas “KOR”), creado en 1976, primera organización de la oposición democrática en la República Popular de Polonia, que públicamente se opuso a las represiones del régimen.
En junio de 1976, el gobierno comunista anunció una drástica subida de precios de los artículos de primera necesidad (70%), lo que causó huelgas, protestas y manifestaciones de los obreros, principalmente de tres localidades: Radom, Ursus y Płock. En Radom, los manifestantes enfurecidos robaron tiendas y quemaron la sede del Partido Comunista. En Ursus, detuvieron el tráfico ferroviario internacional. Pese a las declaraciones oficiales de unos actos de vandalismo localizados, las protestas se derramaban por el país. Se calcula que en toda Polonia participaron en las manifestaciones alrededor de 70 000 personas. En vista de lo sucedido, el plan para el aumento de precios fue archivado; sin embargo, las protestas fueron brutalmente sofocadas. Más de 2000 personas fueron detenidas y muchas torturadas en los así llamados «pasillos de la salud». Los milicianos formaban dos filas y golpeaban con porras a los que obligaban a pasar entre ellos. Centenares de personas fueron arrestadas y sancionadas con la cárcel; otros fueron expulsados del trabajo y vetados de otras empresas.
El grupo de tan solo 14 personas, en la mayoría intelectuales, decidió no solo reaccionar contra las medidas de las autoridades en una «Petición a la sociedad y las autoridades de la República Popular de Polonia», pero sobre todo recaudar dinero para la defensa de los encarcelados, así como la supervivencia de sus familias. El grupo creció rápidamente, ganando ayuda de muchas personas que llevaban dinero y apoyo a los obreros y sus familias. Entre ellos había muchos jóvenes del grupo laico Club de Inteligencia Católica (KIK). Y aunque antes de 1976 hubo ya protestas masivas, como por ejemplo en 1956 en Poznań, en 1968 en Varsovia o en 1970 en Gdańsk, la creación del Comité de Defensa de los Obreros por primera vez ha sido transversal. Fue una iniciativa de solidaridad de los intelectuales en defensa de los obreros contra las represiones de las autoridades comunistas. La misma solidaridad que en 1980 acompañó a los obreros liderados por Lech Wałęsa en los astilleros de Gdańsk, dando principio a la creación del sindicato Solidarność, al cual pronto se inscribieron 9 millones de personas de todas profesiones, orígenes y grupos sociales, iniciando la gran liberación y transformación política y económica en Polonia y en Europa Central y Oriental.
La conmemoración del 50 aniversario tuvo carácter de un acto de Estado, con la participación del primer ministro de Polonia, Donald Tusk. Se celebró en el Castillo Real de Varsovia. En vez de una alocución grandilocuente, D. Tusk contó cómo en su juventud tuvo el honor de reemplazar en una reunión de estructuras informales en Gdańsk a Adam Michnik (miembro del KOR, historiador y escritor, una de las personas clave del movimiento democrático en Polonia), porque este ha sido detenido por los servicios de seguridad. Adam, quien participó también en el acto de la conmemoración, constató: “Para mí, los principios de la lucha del KOR por la democracia en Polonia se resumen en un pensamiento evangélico: «No hagas al prójimo lo que no quieres que te hagan a ti”. Llamado que se puede dirigir a todos regímenes autocráticos del mundo entero. Las palabras de Adam me acordaron también una conversación que tuve en Miami, a principios del año, con José Daniel Ferrer. Me dijo que «las cartas desde la prisión», escritas por Adam Michnik pocos años después, en 1982, le ayudaron a aguantar tiempo en la cárcel (“Cartas desde la prisión y otros ensayos”, Adam Michnik, Editorial JUS 1992, México).
La austeridad de palabras ha sido también el lema de una carta leída durante la ceremonia por otra miembro del KOR, Ewa Milewicz, jurista, periodista y redactora –junto con Adam Michnik– de Gazeta Wyborcza, el primer y más grande diario libre en Polonia democrática y Europa Central. Las palabras de Ewa fueron muy concisas y muy sobrias. Le pedí que me diera el texto para traducirlo y enviarlo a Cuba. Lo aceptó con gran gusto, enviándoles muchos saludos. Lo cito en su integridad en una traducción libre:
“El estilo de la «Petición a la sociedad y a las autoridades de la República Popular de Polonia», que constituyó la fundación del Comité de Defensa de los Obreros (“KOR”), era seco como la hojarasca. El mínimo de adjetivos, solo hechos: arrestos masivos, extorsión de declaraciones, violencia contra los manifestantes, expulsiones de trabajo.
«La sociedad no tiene otros métodos de defensa contra la injusticia que la solidaridad y la ayuda mutua», escribieron en su petición los 14 fundadores del KOR.
Solo cuatro años más tarde la palabra «solidaridad» entró para siempre en la historia de Polonia.
Sucede, que podemos tener una vida regular y tranquila y de repente tropezamos con «un KOR» que aparece en nuestro camino. Si tenemos suerte, en la cabeza suena la voz: “No preguntes por quién doblan las campanas. Doblan por ti.” Si no tenemos suerte, la voz en la cabeza dice: «¿Por qué tendría que meterme yo en eso?».
Si el KOR tuviera un himno, votaría por un poema de Jan Kasprowicz (poeta polaco modernista, 1860-1926) intitulado: «Raras veces en mis labios»… (…aparece la palabra «Patria»). Que sea solo por este fragmento:
¿Quién entre todos
Mejor se acomoda?
¿Quién fama gana y oro?
El que Su nombre (el de la Patria) más pregona”.
En el KOR no hubo patetismo. No hubo carreras entre quién era el más patriota o quién ni siquiera lo sentía. No hubo grandilocuencia. El lenguaje del KOR era ascético. Los documentos se escribían en un estilo «KORtico»: como lo llamó Anka Kowalska, principal redactora de los Comunicados del KOR. Fueron informes: a quién y en dónde golpearon, duración de condenas, cantidad de impresos clandestinos confiscados por los agentes de seguridad… Sin adjetivos. Listados.
Hubo muchas actividades colectivas: imprimir (en clandestino), distribuir (ídem), buscar lugares seguros para la impresión, solucionar papel para los impresos, discutir entre redactores de la editorial (clandestina) «Nowa» (La Nueva). Estas múltiples actividades no llevaban, sin embargo, a la respuesta de cómo y cuándo esto se acaba. Quien trajo la esperanza a los millones fue Juan Pablo II, en junio de 1979. En la Plaza de la Victoria en Varsovia, durante la misa transmitida por la televisión pública, dijo: «Señor, envía tu espíritu y renueva la faz de la Tierra». Esta tierra». Como relató uno de los portales religiosos: «La multitud vitoreó sus palabras por más de un cuarto de hora».
Para intervenir durante la conmemoración del 50 aniversario, fui invitada a decir lo que hoy queda del KOR. Pues contesto con las palabras de John Donne, poeta inglés de los siglos XVI/XVII: «No preguntes por quién doblan las campanas». Doblan por ti.”
- Joanna Kosinska-Frybes (Varsovia, 1959).
- Licenciada en Estudios Hispánicos por la Universidad de Varsovia en 1985.
- Diploma de Estudios Avanzados en Historia de América Latina en la Universidad Sorbona Nueva-Paris.
- Comenzó a trabajar en el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1992, siendo desde 2008, embajadora titular.
- Ha sido Cónsul General en Barcelona, Los Ángeles y Lyon, y embajadora en México y en Cuba (2023-2026).
- Ha recibido la Condecoración de Honor al Mérito por la Cultura Polaca y la Cruz de Plata al Mérito, Polonia (2005).
