Editorial 113: Cuba y el humanismo de inspiración cristiana

  humanismo cristiano

El Centro de Estudios Convivencia (CEC-Cuba) es continuador del Centro de Formación Cívica y Religiosa (CFCR. 1993-2007). Ambas instituciones conforman una trayectoria de 33 años. La edad de Cristo. En este largo camino hemos tenido un paradigma inspirador, no una ideología, que es el humanismo de inspiración cristiana. Este ha sido nuestra filosofía, nuestro ideario y nuestro programa.

El proyecto humanista de inspiración cristiana tiene su raíz principal en Jesús de Nazaret, nuestro único Maestro y Mesías, y luego recoge el legado de tantos pensadores que fueron perfilando esta escuela de pensamiento que se define por la primacía y defensa de la dignidad y los derechos de la persona humana creada a “imagen y semejanza” de Dios (Génesis 1, 27) por tanto, abierta a la Trascendencia y redimida por Jesucristo, el verdadero Hombre Nuevo, de quien el humanismo cristiano aprende los valores del Evangelio (Colosenses 3, 9-11).

Entre los principales pensadores de todas las épocas, que cultivaron y aplicaron las enseñanzas de Jesucristo sobre el hombre, podemos mencionar a: san Ireneo de Lyon (c. 125 – c. 202), san Agustín de Hipona (354-430), santo Tomás de Aquino (1225-1274), Erasmo de Rotterdam (1466–1536), Blaise Pascal (1623–1662), Jacques Maritain (1882-1973), Emmanuel Mounier (1905-1950): Fundador del personalismo comunitario, destacó la dignidad absoluta de la persona, tanto frente al individualismo como al colectivismo totalitario, y tantos otros autores de variadas latitudes.

En la fundación de nuestra nacionalidad y en la concepción de nuestra República, se erigen los dos principales y eminentes humanistas de inspiración cristiana: el Padre Félix Varela (1788-1853) y el Apóstol José Martí (1853-1895).

En el caso de Martí, nuestro más grande humanista, enseñó la que él mismo denominó “filosofía de relación” que tiene su base en estos cuatros pilares: es una “filosofía personalista, ética, social y trascendente”. Vale decir que el humanismo martiano se levanta sobre estos cuatro fundamentos:

  1. Humanismo personalista:

Es aquel que defiende la primacía, la plena dignidad y los derechos de toda persona humana. Es un humanismo antropocéntrico trascendente. Que no pone a competir al hombre con Dios, como ocurrió con el humanismo renacentista que pretendía poner al hombre en el centro de la concepción del mundo pero expulsando a Dios fuera de esa cosmovisión. El humanismo de clara inspiración cristiana de José Martí es trascendente, lo que significa que pone a la persona humana como centro, sujeto y fin de todas las instituciones, al mismo tiempo que concibe a esa persona abierta a Dios, y a su propia Trascendencia.

Dejemos que sea el propio Martí quien nos explique, no solo reduciéndola a la conocida y manipulada frase, sino que la pondremos en su contexto para podamos interpretar en toda su relevancia esa supremacía y plena dignidad de toda persona humana que Martí puso como base y principio de toda la nación:

“Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre” (O.C., t. 4, p. 270).

  1. Humanismo ético:

La apertura a Dios inspiraba, en el humanista cristiano José Martí, no solo una profunda ética personal, es decir, su Moralidad (Moralität) que es “el ámbito de la intención y la reflexión interna del sujeto sobre el bien y su comportamiento moral concreto”, sino que su espiritualidad o apertura a Dios también inspiró en Martí una Eticidad (Sittlichkeit) es decir, un sistema de principios, valores y virtudes convertidos en una forma de convivencia, en una inspiración para transformar y mejorar la realidad social.

Dejemos que sea el propio Martí quien nos explique la esencia de su eticidad en la dedicatoria que le escribe a su hijo:

“Hijo: Espantado de todo, me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti” (O.C., t. 16, 17).

Al mismo tiempo, resume la importancia que le da a la eticidad diciendo:

“La vida es inspiración, la vida es fraternidad, la vida es estímulo, la vida es virtud”. (O.C.C.S., t. 22, 82). Con este pensamiento, Martí entronca con aquel paradigmático aforismo del Padre Varela: “No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad” (Cartas a Elpidio, tomo 1, p. 181-182).

  1. Humanismo social:

La eticidad de inspiración cristiana del Apóstol lo conduce a un humanismo con responsabilidad social, abierto no solo a Dios sino también, y al mismo tiempo, abierto a la convivencia social, a la amistad cívica, a proponer que la nueva república tuviera como “fórmula del amor triunfante” una democracia “con todos y para el bien de todos”.

Dejemos que sea el propio Martí quien nos explique este otro principio de su humanismo integral que también debe ser fundamento de la República de Cuba, pero siempre poniendo la manida frase en su contexto para poderla interpretar mejor:

“Alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla […]. Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula de amor triunfante: «Con todos, y para el bien de todos»” (O.C.C.S., t. 4, p. 279).

  1. Humanismo trascendente:

Precisamente, por tener Martí una concepción cristiana de la persona humana su personalismo no solo se abre a una dimensión ética y social, es decir, a una primera trascendencia que diferencia al personalismo del individualismo, sino que abre a la persona a su última y definitiva Trascendencia, al encuentro con el totalmente Otro que quiso hacerse hombre en Jesucristo para revelarnos la verdad sobre el hombre como “Imago Dei”: es la concepción humanista integral que abre a cada ser humano hacia una relación personal con Dios, su Creador. Esta dimensión trascendente no es una característica independiente de las tres anteriores sino que las penetra a todas, las plenifica, las fecunda y les da una fuerza mística dinamizadora.

Dejemos que sea el propio Martí quien nos explique la dimensión trascendente, espiritual de su humanismo y de la República que él soñó. Como es su faceta menos divulgada, recordamos varias citas complementarias entre sí:

“Hay en el hombre un conocimiento íntimo, vago, pero constante e imponente, de un gran ser Creador: Este conocimiento es el sentimiento religioso, y su forma, su expresión, la manera con que cada agrupación de hombres concibe este Dios y lo adora, es lo que se llama religión” (O.C.C.S., t. 19, 391).

“Dios es. Y sustancia creada como somos, nos rige un algo que llamamos conciencia; —nos dirige otro algo que llamamos razón, disponemos de otro algo que llamamos voluntad—. Voluntad, razón, conciencia, —la esencia en tres formas. Si nosotros vida creada, tenemos esto, Dios, ser creador, vida creadora, lo ha de tener. Y quién a tantos da, mucho tiene. Dios es, pues. Y es la suprema conciencia, la suprema voluntad y la suprema razón” (O.C.E.C., t. 21, 18).

“El ser religioso está entrañado en el ser humano. Un pueblo irreligioso morirá, porque nada en él alimenta la virtud…Todo pueblo necesita ser religioso. No sólo lo es esencialmente, sino que por su propia utilidad debe serlo” (O.C.C.S., t. 19, 392).

“Entre las numerosas religiones, la de Cristo ha ocupado más tiempo que otra alguna los pueblos y los siglos: esto se explica por la pureza de su doctrina moral, por el desprendimiento de sus evangelistas de los cinco primeros siglos, por la entereza de sus mártires, por la extraordinaria superioridad del hombre celestial que la fundó” (O.C.C.S., t. 19, 391).

El mismo Martí dejó como programa de vida para los cubanos este consejo:

“Como en lo humano todo el progreso consiste acaso en volver al punto de que se partió, se está volviendo al Cristo, al Cristo crucificado, perdonador, cautivador, al de los pies desnudos y los brazos abiertos; no un Cristo nefando y satánico, malevolente, odiador, enconado, fustigante, ajusticiador, impío” (O.C.E.C., t. 8, 148). “Jesús no murió en Palestina, sino que está vivo en cada hombre” (Ibidem, 289). “En la cruz murió el hombre en un día; pero se ha de aprender a morir en la cruz todos los días” (O.C.C.S., t. 5, 140).

Por todo lo anteriormente dicho es que el Centro de Estudios Convivencia propone una concepción personalista del hombre y de la sociedad. Esta cosmovisión humanista de inspiración cristiana y su aplicación en la filosofía personalista no son: ni una ideología ni una religión que se imponen. Es una visión que se propone y que consideramos, precisamente, como una visión incluyente, universal y respetuosa de todas las demás concepciones filosóficas, religiosas, ateas o agnósticas.

La aplicación concreta del personalismo es y será un valioso y eficaz instrumento para la redacción y el espíritu de una nueva Constitución de la República que se inspire en la más genuina raíz fundacional cubana y para evaluar si se está cumpliendo que “la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Preguntemos y exijamos en todos los ambientes, propuestas, hojas de ruta, modelos y estructuras lo siguiente:

– ¿En esta propuesta, modelo, estructura y dinámicas se han respetado la dignidad y todos los derechos humanos inalienables?

– ¿Está la persona humana y todos sus derechos reconocidos y respetados en el espíritu y la letra de una nueva Constitución de la República?

– ¿Está la persona humana por encima de toda ideología y programa político?

– ¿Están el Estado y sus tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial, al servicio de la persona humana, su dignidad y todos sus derechos?

– ¿Están el mercado, las empresas, el poder económico y financiero al servicio de la dignidad y los derechos de la persona humana?

– ¿Están los partidos políticos al servicio de la persona humana, de su plena dignidad y de todos sus derechos?

– ¿Están la sociedad civil, la cultura, las religiones, la familia, la educación, la salud, los servicios públicos y las infraestructuras; están las nuevas tecnologías, los medios de comunicación y la inteligencia artificial, al servicio de la dignidad y los derechos de toda persona humana?

Cuando se reconoce que la persona humana debe estar en lo más alto y digno de la sociedad, por encima de toda estructura, institución, organización y poder, no caben las discriminaciones, ni las exclusiones, ni los sectarismos, ni los fanatismos políticos, económicos o ideológicos.

Al contrario, el personalismo y el humanismo de inspiración cristiana, precisamente por no ser confesionales, y por defender la separación de la Iglesia y del Estado, el Estado laico, el sano pluralismo, la amistad cívica y la convivencia pacífica e incluyente, motivados por el amor universal, y por ser fieles al espíritu de nuestros padres fundadores, especialmente, Varela y Martí, es que consideramos que es la mejor inspiración para la sanación del daño antropológico causado por el totalitarismo, para la reconstrucción del país y para la refundación de la República de Cuba.

Pinar del Río, 15 de octubre de 2026

XIX aniversario de la fundación de Convivencia           

N. B.

O.C.C.S. – Obras Completas. Editorial Ciencias Sociales.

O.C.E.C. – Obras Completas. Edición Crítica.

 

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Convivencia 113

 

 

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