19 años de Convivencia: pensar el futuro, construir la nación

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

Una vez más, una de mis fiestas favoritas cae un día jueves. Hoy celebramos el decimonoveno aniversario del Proyecto Convivencia, un hito que marca no solo la trayectoria de una iniciativa cívica y académica, sino también el transcurso de mi propio proyecto de vida.

No es casualidad que nuestra andadura comenzara bajo el amparo y la inspiración de Santa Teresa de Jesús de Ávila, cuya festividad fue el día escogido para la fundación de este espacio, aquel 15 de octubre de 2007. La mística española, mujer de acción, determinación indomable y fe inquebrantable, nos enseñó que “la paciencia todo lo alcanza” y que las grandes obras se construyen con ahínco, humildad y un profundo amor por la verdad. Bajo esa impronta, lo que comenzó como un anhelo incipiente ha crecido hasta convertirse en un hogar de pensamiento y en un hervidero de esperanza.

​A lo largo de casi dos décadas, el camino recorrido ha estado cuajado de vivencias extraordinariamente heterogéneas. Nada de lo verdaderamente humano nos ha sido ajeno. Hemos atravesado momentos luminosos e instantes de densa oscuridad, cosechando experiencias tanto positivas como negativas que han moldeado nuestro carácter y madurado nuestro propósito. Cada prueba ha constituido una lección magistral de resiliencia, y cada logro, un motivo para renovar el compromiso y la entrega en lo que hacemos.

Celebrar diecinueve años no consiste únicamente en contemplar el calendario transcurrido con la nostalgia de lo superado, sino en rendir un homenaje de gratitud por los múltiples aprendizajes acumulados en el trayecto, pero sobre todo por las personas conocidas y las relaciones humanas ensanchadas.

​En este trayecto, el crecimiento personal y el trabajo en equipo se han entrelazado de manera indisoluble. Nadie piensa ni construye en la soledad absoluta; el verdadero conocimiento y la virtud ciudadana germinan en el encuentro auténtico con el otro, en la fraternidad humana.

Convivencia ha sido una escuela continua donde las relaciones humanas se han transformado en vínculos entrañables de respeto mutuo. Asimismo, las relaciones internacionales han ampliado nuestros horizontes, permitiéndonos contrastar ideas, compartir realidades y corroborar que los valores universales de la libertad, la dignidad humana y la democracia no conocen fronteras ni distancias geográficas.

Ese aprendizaje sostenido nos llevó a cultivar con rigor la prospectiva estratégica como una herramienta indispensable para el presente y el porvenir. Frente al peso de lo inmediato y la inercia de la desesperanza, decidimos no instalarnos en la mera queja ni en el diagnóstico paralizante. De ahí que una de nuestras frases más repetidas, que algunos de quienes nos conocen la han tomado como fórmula propia, es: “de cada hora del día, 15 minutos para quejarse y 45 para proponer”.

La prospectiva nos enseñó a mirar más allá del horizonte visible, a diseñar escenarios, a anticipar caminos y a preparar con método y serenidad las bases institucionales, éticas y culturales sobre las cuales deberá asentarse la reconstrucción de la nación cubana. Pensar el futuro no es una evasión de la realidad, sino un acto supremo de responsabilidad con la Patria que nos vio nacer.

La identidad de Convivencia se ha esculpido a través de sus dinamismos fundamentales, los cuales constituyen los pilares sobre los que descansa toda nuestra labor:

Es, en primer lugar, la tertulia cálida y abierta, donde el diálogo respetuoso y plural sustituye al monólogo intolerante.

Es también su revista digital, una tribuna libre donde la palabra escrita cobra vida para registrar el pensamiento crítico, las propuestas analíticas y la memoria histórica de nuestro tiempo.

Y es, de forma muy especial, la serie de encuentros del Itinerario de Pensamiento y Propuestas para Cuba, un ejercicio sistemático que dura ya 11 años, donde pensadores muy diversos se reúnen a diseñar soluciones concretas para los grandes desafíos económicos, sociales, políticos y culturales de nuestra sociedad.

​Mirar hacia atrás y constatar hoy la solidez de esta obra genera una profunda convicción: Convivencia es, ante todo, un don y una tarea. Es un regalo inmerecido que hemos recibido de la Providencia de Dios y de tantas personas generosas que han entregado sus talentos, sus oraciones y sus esfuerzos para mantener encendida esta llama. Pero, al mismo tiempo, es una exigencia ética cotidiana, un deber insustituible que nos insta a no acomodarnos en los logros pasados ni a claudicar ante la fatiga diaria. Es la encomienda incesante de seguir trabajando con rigor, honestidad y valentía por el futuro de Cuba, conscientes de que la libertad se edifica día a día en la conciencia de cada ciudadano.

​Al alcanzar estos diecinueve años, la única respuesta coherente ante la magnitud de la obra y el peso de la historia es aumentar el compromiso y la entrega. No hay margen para la tibieza ni para el cansancio cuando se trata de servir a la Patria y a nuestros semejantes.

Renovar el compromiso significa afianzar nuestra fidelidad a los principios fundacionales, perfeccionar nuestras herramientas de análisis, ampliar los espacios de participación y mantener intacta la esperanza de que una Cuba próspera, democrática y en paz es no solo posible, sino inevitable si perseveramos en la verdad.

​Dar gracias en este decimonoveno aniversario es abrazar con gratitud el pasado, asumir con valentía las complejidades del presente y otear el futuro con renovada confianza.

Agradecemos a cada colaborador, a cada lector, a cada hermano de viaje y a todos los que, desde cerca o desde la distancia, han hecho posible que este proyecto siga siendo un faro de luz y serenidad. Mientras la fiesta de Santa Teresa continúe marcando el paso de nuestro calendario, seguiremos caminando con la certeza de que la convivencia pacífica y el pensamiento libre son las semillas más fértiles para la tierra que amamos.

¡Feliz día, colegas!


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
  • Licenciado en Microbiología por la Universidad de La Habana.
  • Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia. Responsable de Ediciones Convivencia.
  • Reside en Pinar del Río.

 

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