
María, Madre de Dios y de los hombres,
Reina de los cielos y de la tierra,
que patrocinas a Cuba bajo la dulce advocación
de Nuestra Señora de la Caridad:
henos aquí a tu vera,
rindiéndote homenaje de veneración
en nombre de toda la nación cubana. […]
Te saludan el aire, el fuego, el mar y la tierra.
Te invoca nuestra geografía, Virgen del Cobre.
Te invoca nuestra historia, Virgen Mambisa.
Te invoca nuestra cubanía, Virgen Morena.
¡Te invocan nuestros corazones, Virgen de la Caridad!
Oración del Congreso Católico Nacional, La Habana, noviembre, 1959
Una nación que no reza vive con un gran vacío interior, y aunque no lo perciba, tiene siempre necesidad de trascender. Como nos dice el profeta Isaías: «Este pueblo me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí» (Isaías 29,13). También lo expresó José Martí: «Todo pueblo necesita ser religioso. Es útil concebir un gran ser alto porque así procuramos llegar a su perfección, y para los pueblos es imprescindible afirmar la creencia natural». En Cuba, a pesar de que hace ya casi 70 años se han sufrido grandes cambios por estar la Isla gobernada por un régimen comunista y ateo, distante de creencias y ausente de valores espirituales, a los cubanos no le han podido quitar la gran devoción por su patrona, la Virgen de la Caridad del Cobre. Esta devoción comenzó en tiempos remotos cuando apareció su imagen flotando en nuestros mares; los cobreros continuaron su devoción, y esta siguió durante las guerras de independencia en la que los mambises la invocaban. Se mantuvo en las peregrinaciones al Santuario de El Cobre, así como en las misas multitudinarias como la del Congreso Católico Nacional en La Habana en 1959 con el lema «Toda Cuba a sus pies» al que asistió un millón de personas. Esa devoción confirma que, en Cuba, y fuera de ella, seguimos venerándola, lo que es prueba del amor que le tiene el pueblo cubano a su Patrona, la Madre de Dios.
Además, los que viajamos hemos visto como algún cubano ha llevado la imagen de Cachita a diferentes partes del mundo, como han sido algunas iglesias de España: en Madrid, Tenerife y Galicia; o a varios países como Francia, Puerto Rico, Venezuela, Panamá, y tan distante como Israel (Jerusalén) y en los Estados Unidos: San Agustín de la Florida, Cayo Hueso, Tampa, Nueva York, así como en la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington, D.C.
En Miami, los cubanos exiliados construimos centavo a centavo la Ermita de la Caridad junto a la Bahía de Biscayne. Aunque la seguimos llamando «la Ermita», ahora es Basílica Menor Santuario Nacional gracias al empuje de aquel gran santo que fue Monseñor Agustín Román, rector de la Ermita por muchos años y Obispo auxiliar de Miami. No quisimos los exiliados cubanos pasar nuestro destierro sin la compañía y la protección de la Madre de Dios, y por eso en la Ermita de Miami se venera una imagen también exiliada, traída de Cuba el 8 de septiembre de 1961, y que desde entonces contemplamos arriba del altar.
La devoción
Este año es especial pues se cumplen 111 años desde que los veteranos de la Guerra de Independencia pidieran al papa Benedicto XV en 1915, que otorgara a la Virgen de la Caridad el título oficial de Patrona de Cuba. Por ello vamos a recorrer algunos hermosos capítulos de nuestra historia.
«Y dijo que sabe y ha visto que el santuario de Nuestra Señora de la Caridad que se halla en el pueblo de Santiago del Prado, la primera ermita que se fabricó fue pequeña de teja embarrado de tierra y cujes la cual fue fabricada a costa de las limosnas que los fieles dieron…». (Testimonio de Francisco Joseph Mustelier, abril 1738)
La Virgen en la historia
Después de su aparición en 1612 hasta nuestros días, la Virgen del Cobre ha estado rodeada de leyendas y crónicas de sucesos. Pero lo que más nos interesa en este espacio es el marco en el que se desarrollaba la devoción desde el siglo XIX. La imagen de la Virgen quedó fundida con la causa revolucionaria independentista, y fue a ella a la que se le identificó con el sobrenombre de Virgen Mambisa, tal como lo narra Emilio Bacardí en su novela «Vía Crucis». Magdalena, la protagonista de la historia, le hace promesas a la Virgen y va a cumplirlas a pesar de los obstáculos y el peligro en que esto colocaba su vida. También por entonces Cuba hervía con sentimientos de libertad. Antes de comenzar la Guerra de los Diez Años Carlos Manuel de Céspedes desmanteló parte del altar a la Virgen que tenía en su casa para utilizar las cortinas que lo adornaban y con esas telas hacer la bandera de Cuba. Ya con la guerra en curso, el Mayor General Ignacio Agramonte se vio copado por fuerzas superiores. Siendo un gran devoto de la Virgen, desenvainó su espada, y arengó a sus soldados: «¡Que la Caridad del Cobre nos ilumine!»
«El primer efecto de su prospera situación fue fabricar a su Patrona Nuestra Señora de la Caridad […]adorándole con alhajas de tanto valor que todo el altar de la señora es de plata, y la lámpara del Santísimo Sacramento pesa 150 libras del mismo metal […] y construyendo una calzada de cantería que tiene como un cuarto de legua […] y celebraban en aquel varias festividades anuales con una magnificencia en el culto divino que quizá excedía a la de otras poblaciones más ricas». (Francisco Salazar y Acuña, 1659)
La historia nos recuerda que el día de la festividad católica de Todos los Santos de 1868, se aproximaba una tropa de mambises por Palma Soriano. Las tropas españolas fueron evacuadas del santuario y enviadas hacia Santiago de Cuba, y junto con ellas se trasladaron en dos cajas algunas alhajas de la Virgen ante el temor de que fueran profanadas. Se pensó también trasladar la imagen, pero no se llegó a tomar la decisión.
Sin mayores problemas, los mambises llegaron al poblado de El Cobre dirigidos por Félix Figueredo. Semanas más tarde, el 2 de enero de 1869 Carlos Manuel de Céspedes se dirigió hacia El Cobre junto con Aguilera, Figueredo, Calixto García, y otros guerreros. Ya en el Santuario, lleno de insurrectos y luego de arrodillarse ante la Virgen, Céspedes le ofreció su espada. El Santuario era escenario de un acto trascendental: los soldados rogaban ante la Patrona del Cobre por la Patria que luchaba por su libertad. También cuentan que en esa visita participaron los moradores del poblado de El Cobre quienes, según la tradición, le rindieron tributo acompañándose de sus tumbas, marugas y otros instrumentos de origen africano.
En aquel 1869, primer año de la guerra, no hubo romerías de las capellanías en el Santuario. El párroco, el padre José Caridad Acosta y Delgado, propuso la reducción de las fiestas a nueve en vez de las diecisiete que se celebraban desde tiempos antiguos, mientras que el presidente del Ayuntamiento a nombre de los vecinos pidió sacar la imagen en procesión por su cuenta y no en público, para hacer rogativas y poder evitar calamidades. El militar y periodista José Miró Argenter en sus Crónicas de la Guerra (1945), nos ha dejado el testimonio del líder camagüeyano Ignacio Mora. Leemos la imagen que nos revela Mora, tan real y tan hermosa: «El fanatismo del pueblo cubano raya en locura. La fiesta de la Caridad es un delirio para él. Sin tener que comer, pasa dedicados estos días en buscar cera para hacer la fiesta al estilo mambí, esto es, encender muchas velas y suponer que la imagen de la Virgen está presente. En todos los ranchos no se ve fuego para cocinar sino velas encendidas a la Virgen de la Caridad». Para las velas, los mambises recogían la cera de los panales de abejas silvestres y así alumbraban a la Virgen el 7 de septiembre en la noche. También hacían un guateque para cantarle décimas y rezar por la libertad.
Algunos soldados llevaban consigo al campo de batalla imágenes de Cachita. Ese fue el caso del General Antonio Maceo quien portaba sobre su pecho un escapulario de la Caridad, y en un baile para celebrar la llegada de los mambises victoriosos de la invasión en el occidente de la Isla, se le rompió la cinta del escapulario y pidió a una dama que se lo cosiera. Su amor por la Virgen se hizo patente en la campaña de Pinar del Río cuando arengó a la tropa diciendo: «¡Vamos a cargar con el machete y con la Caridad del Cobre!»
Las mujeres anhelaban tomar parte con los invasores en sus luchas. Miró Argenter nuevamente relata: «Hay quién tiene a su esposo en las filas; quién a sus hijos; cuál otra a su amante nupcial. Más allá, una joven vestida de luto se afana en bordar las insignias que ha de ostentar su hermano. Otra joven, en amoroso transporte, coloca sobre el pecho de un oficial bisoño el relicario de la Virgen de la Caridad para que lo libre de las balas enemigas: es prenda de enamorada. Una niña de pocos años canta en décimas cubanas las glorias de Maceo en presencia del caudillo, mientras dentro de la mansión se celebra la fiesta militar».
Venid al Cobre veréis
Que en trono de Majestad
Reparte la Caridad
Las gracias que apetecéis.
(Coplas a la Virgen Santísima, Paz Ascanio, 1825)
«Al terminar la fiesta, los que allí se encontraban despidieron a la columna invasora y las muchachas prendían en las camisas de sus novios imágenes de la Virgen de la Caridad del Cobre y de los santos» relata el historiador holguinero, José Abreu Cardet. Y después añade: «estos sufridos combatientes debieron de sentirse acompañados en sus momentos más trágicos por la piadosa imagen. Quizás en cierta forma ella encarnaba una especie de abstracción de la patria para esta gente de un sentido muy recto y simple de la imaginación. Cuba era representada como una mujer».
El historiador y etnólogo Fernando Ortiz, obtuvo algunos testimonios de los mambises sobre la milagrosa imagen de El Cobre. Dice Ortiz que estos relataban que la Virgen se desaparecía del Santuario y luego se aparecía en la manigua y peleaba por la independencia, para después regresar al Cobre. Lo mismo contaban los soldados españoles que sucedió con la Virgen de Covadonga, «La Santina», patrona de los asturianos, que dicen luchó con el ejército español. En esa obra, Ortiz también afirmó que «aunque trataron de anular el empeño de que [la Virgen] fuera mambisa, exaltando la devoción a otras vírgenes como la de los Desamparados de Valencia, una imagen de la Caridad era desembarcada en el puerto santiaguero con gran solemnidad, una parada de voluntarios, y concurrencia de autoridades, y que más tarde se rezó un Te Deum y otras pompas del Estado español». Y anota:
«los católicos españoles pobladores de estas Indias americanas veneraron a la Virgen de Monserrate por la colonia catalana, a la de Covadonga por la asturiana, la del Pilar por la aragonesa, o la de Begoña, la vascongada, además de otras advocaciones que vinieron de España, pero ninguna se cubanizó como la Virgen de la Caridad del Cobre, morenita ella y surgida de la fe popular entre indios y negros; esclavos y libres, propiciada por la legendaria aparición».
Sobre las aguas vinisteis
A dar al hombre consuelo
Con una señal del cielo
A tres os aparecisteis.
(Bernardino Ramírez, Capellán del Santuario 1777)
El Cobre después de la guerra
El templo se encontraba en graves condiciones físicas por el paso del tiempo, la actividad sísmica, y los embates de las guerras. En 1906 la estructura se desplomó debido a las explosiones por la actividad minera, y se tuvo que levantar una ermita provisional para la Patrona. Más tarde, cuando en 1915 el Papa Benedicto XV destinó a Cuba a Mons. Dr. Félix Ambrosio Guerra y Fezzia, este realizó un recorrido por su diócesis y se percató de la destrucción en que estaban las iglesias, por lo que mandó a erigir nuevos templos y construyó otros. Además, compró los terrenos de la finca La Maboa, en El Cobre, lugar donde se alzarían más tarde el nuevo Santuario a nuestra Patrona, la Hospedería y la casa de Retiro y Convivencias (antiguo Seminario San Basilio Magno).
A pesar de situaciones y problemas, siempre se mantuvo el culto a la Caridad del Cobre, bien estuviera la imagen en un rústico bohío o en una pequeña casa improvisada. Durante todo el año venían los romeros de todas partes de la isla, sobre todo el 8 de septiembre, día de su cumpleaños. La madrugada de la fiesta comenzaba la peregrinación a caballo, a pie o por la vía férrea desde Punta de Sal. El poblado se engalanaba con banderas, colgaduras, pencas de coco y palmas, y cuando ya hubo automóviles, se mejoró el camino y el viaje duraba 45 minutos desde Santiago.
Virgen de la Caridad
Patrona de los cubanos
Con el machete en la mano
Pedimos la libertad.
(Cantares locales cubanos, recopilados por Carolina Panet)
Un hecho trascendental: la petición de los veteranos de la guerra
El 24 de septiembre de 1915 más de dos mil veteranos mambises marcharon hacia el Santuario de El Cobre y allí reunidos dieron gracias a Dios por la victoria de la guerra y pusieron a los pies de la Virgen la bandera cubana. Luego, el General Tomás Padrón Griñán pasó a dar lectura al documento que, por iniciativa del General Jesús Rabí y en nombre del Ejército Libertador y del pueblo de Cuba, habían redactado los mambises. [ver el contenido de la carta al final de este escrito].
Al año siguiente, el 10 de mayo de 1916, el Papa Benedicto XV los complació y proclamó oficialmente a la Virgen de la Caridad del Cobre como Patrona de Cuba. Seguidamente, en 1917 los arzobispos y obispos de Cuba publicaron una Carta Pastoral en la que informaban sobre la construcción del nuevo templo.
El 8 de septiembre de 1918, la Primera Dama, la Sra. Marianita Seva esposa del Presidente de la República, Mario García Menocal, asistió a la peregrinación en El Cobre para rogar por la pronta terminación de la Primera Guerra Mundial, en la que participaban los cubanos. Tras los festejos populares y durante la procesión, la imagen fue conducida desde la iglesia parroquial hasta la altura de La Maboa, donde se colocó la primera piedra del nuevo Santuario que allí se levantaría.
Vuestros milagros todos aclaman
No solo al Cobre ellos alcanzan,
Sino se extienden y se dilatan
Fuera de Cuba hasta la Habana.
(Versos populares 1855)
A Monseñor Dr. Fray Valentín Zubizarreta, duodécimo Arzobispo de Santiago de Cuba, le cabría la gloria de haber mandado a construir el actual Santuario para nuestra Caridad del Cobre. Se levantó el templo y luego vino la mudanza de nuestra «Cachita» que fue toda una fiesta popular, en la que los devotos nuevamente demostraron su amor y devoción. Desde entonces, la pequeña imagen se convirtió para generaciones de cubanos en símbolo de fe, de identidad y de protección. La actual Basílica se inauguró el 8 de septiembre de 1927.
La Ermita de la Caridad de Miami
En cuanto a Miami, Su Santidad San Juan Pablo II visitó la ciudad el 10 y 11 de septiembre de 1987. Fuerecibido por el Presidente Ronald Reagan, celebró una misa multitudinaria en Tamiami Park con más de 200 000 asistentes entre los que había miles de cubanos, y en la homilía el Papa mencionó a la Virgen de la Caridad. La imagen de la Virgen de la Ermita fue trasladada a la residencia del Arzobispo de Miami, Edward McCarthy para presidir la Capilla privada del Santo Padre.
En el año 2000, la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos le concedió a la Ermita la categoría de Santuario Nacional.
Durante toda la historia de la nación cubana, Nuestra Patrona, la Virgen de la Caridad, ha estado presente junto a su pueblo acompañándola en los momentos más difíciles y decisivos, y también en las alegrías y las venturas. Ella recoge nuestras esperanzas más profundas, y nos protege bajo su manto de amor.
Acudamos a ella con devoción todos los cubanos, y pidámosle que interceda ante el Señor con este ruego que le hacemos parafraseando a Martí:
Virgen de la Caridad: para Cuba que sufre, la primera palabra, porque para Cuba, ya es hora. ¡Virgen de la Caridad, apiádate de nosotros!
Te llamaron tres voces aterradas.
respondiste calmando sus anhelos,
serenando las iras de los cielos
y aquietando las aguas sublevadas.
Subiste luego grácilmente sobre
el frágil bote que la fe salvara,
y porque en Cuba se te amara
te posaste en lo verde, allá en el Cobre.
Fuiste madre al hacer callar el agua,
marinera al subir en la piragua
y gaviota al posarte en el oriente.
Y tus hijos, tus olas y tus montes,
toda Cuba, – partida en horizontes-
a tus plantas están eternamente.
Dr. Rubén Darío Rumbaut
(Cienfuegos 1922- Texas,.2003)
Liborio fue también entre los peregrinos. De toda gala iba, que no quería ser mal mirado en razón de lo pobre de su indumento (sic). […] como en las grandes fechas sus luengas patillas, lucían rebrilladas por el esmalte de aceite de oriza. (Crónica costumbrista por Armando Leyva c. 1930)
Teresa Fernández Soneira (La Habana, 1947).
Investigadora e historiadora.
Estudió en los colegios del Apostolado de La Habana (Vedado) y en Madrid, España.
Licenciada en humanidades por Barry University (Miami, Florida).
Fue columnista de La Voz Católica, de la Arquidiócesis de Miami, y editora de Maris Stella, de las ex-alumnas del colegio Apostolado.
Tiene publicados varios libros de temática cubana, entre ellos “Cuba: Historia de la Educación Católica 1582-1961”, y “Mujeres de la patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba” (2 vols. 2014 y 2018).
Reside en Miami, Florida.
