
Dentro de la vorágine de las “transformaciones” también el sistema bancario y financiero ha recibido una andanada de cambio con el objetivo general de ampliar servicios, créditos y canales digitales. Quien mucho abarca, ya se sabe. En una edición del programa Mesa redonda, Juana Lilia Delgado Portal, ministra presidenta del Banco Central de Cuba, BCC, Alberto Javier Quiñones Betancourt, vicepresidente de la entidad y finalmente, Ian Pedro Carbonell Karell, director del sistema de pago del BCC, realizaron una presentación de las transformaciones previstas para el sistema bancario y financiero cubano. Este artículo se basa en las informaciones ofrecidas en el programa.
Recuperar la funcionalidad de la banca
La ministra presidenta del BCC intervino en primer lugar para señalar que las medidas avanzan de manera gradual, para recuperar la funcionalidad de las instituciones bancarias y fortalecer la credibilidad en el sistema. Dicho de forma más clara: el sistema bancario actual no sirve y hay que hacer algo. Sin embargo, tomarse las reformas con parsimonia, con gradualidad, puede acabar siendo mucho peor que dejar las cosas como están. La indolencia en las cuestiones monetarias y financieras es mala consejera.
¿Cuáles son las funciones de la banca que se tienen que recuperar? Pues nada del otro mundo, las más simples, prácticamente todas: otorgar créditos, facilitar los canales para cobrar y pagar, generar nuevos productos y servicios de acuerdo con las necesidades de los clientes y ampliar el acceso y la calidad de los servicios bancarios.
La pregunta inmediata es, ¿acaso la banca en Cuba no desarrolla actualmente estas funciones? Entonces, ¿a qué se dedica? ¿Qué nivel de calidad se puede esperar de los servicios que presta? La historia de la banca estatal cubana, su infortunio tras la revolución, y su modelo de funcionamiento al servicio de los intereses del régimen son, entre otros, los factores que despiertan una cierta animadversión social.
Pero vayamos a lo concreto. Nadie debe esperar que la banca cubana pase a ser un sector innovador y de vanguardia de la noche a la mañana. Nada de eso. La política se dirige a reducir las colas y la presencialidad en las sucursales mediante el desarrollo de productos digitales, simplificar procesos, facilitar el acceso al efectivo y promover un mayor uso de las cuentas bancarias o la insistencia en la “bancarización”.
De modo que, cuando se habla de recuperar el papel de los bancos en la economía y la funcionalidad del sistema bancario se está a otro nivel en que la actualización del sistema va dirigida a ampliar su alcance y posibilitar el acceso de nuevos actores, dentro de un proceso que implica transformaciones profundas en el funcionamiento del sistema bancario y financiero. Incertidumbre, lo peor que puede ocurrir. Sin duda alguna, la banca en Cuba se adentra en un proceso desconocido.
Recuperar el valor del peso
La ministra presidenta del Banco Central anunció que uno de los objetivos centrales planteados es la recuperación del valor y funcionalidad de la moneda nacional y devolver al peso cubano una mayor utilidad dentro de la economía, una función que compete al Banco Central, y que debió ser ejercida con competencia y responsabilidad desde que a comienzos de 2021 en la tarea ordenamiento se anunciaba el cambio de 1 por 24 que no se pudo sostener ni un mes por el régimen a causa de la ausencia de divisas. Aquello provocó una caída espectacular del peso cubano que ha acabado situándose en los mercados informales al cambio de 1 por 700, un desplome que ni se había registrado en tiempos de la República de Weimar que precedió al nazismo en Alemania.
Así que ahora, cinco años después, la ministra presidenta se acuerda que, entre sus funciones, debe sostener el valor del peso. Mucho nos tememos que es tarde y que, a corto plazo, los esfuerzos a realizar son de tal magnitud que ni siquiera el régimen está en condiciones de aceptar esos sacrificios. Si se pretende situar al peso en un valor más coherente, y que se restablezcan sus funciones como medio de pago y de cambio, para realizar operaciones, adquirir bienes y servicios y cumplir obligaciones; como unidad de cuenta, para expresar y comparar precios, costos e ingresos; y como reserva de valor, que son las funciones clásicas del dinero, hay que ponerse a trabajar seriamente y cuanto antes.
Recuperar el ahorro
La ministra presidenta anunció actuaciones para recuperar el atractivo del ahorro en pesos cubanos para la población, como medio de recuperar el valor del peso, revisando al alza los tipos de interés relativos a los productos de ahorro. Pero esto es una burla cruel en un país donde la inflación en los últimos cinco años no ha bajado de dos dígitos, haciendo imposible cualquier recuperación del valor del dinero. La ministra presidente debe actuar con credibilidad, seriedad y responsabilidad, y no burlarse de este modo de un pueblo que, con sueldos y pensiones en pesos cubanos, ha visto que cualquier posibilidad de ahorro es nula y, además, no compensa. Además, en el estado de crisis que se encuentra la economía cubana, cualquier aumento de tipo de interés puede acabar siendo un daño irreparable.
En la misma línea, la ministra presidenta confía que la recuperación de las funciones del dinero se producirá tan pronto como se empiecen a notar los efectos del proceso de restablecimiento de los equilibrios macroeconómicos que desarrolla el país. Bien está, pero es que llevan casi cinco años con esa estabilización que nunca llega, porque el origen del caos monetario está en el presupuesto del estado, que año tras año, se publica con un déficit de dos dígitos en términos de PIB que es imposible de cerrar con la recaudación tributaria. Por lo tanto, el Banco Central, carente de autonomía e inerte ante el poder ejecutivo del régimen, se calla y no plantea críticas a un diseño de política económica ineficiente.
La ministra presidenta anunció que el sistema debe avanzar por medio de reglas más claras de funcionamiento, mayor previsibilidad y credibilidad, porque esos son principios esenciales para que las instituciones financieras puedan desempeñar adecuadamente su papel en la economía. Pero, que se aplique el cuento, porque el primero que tiene que actuar de este modo, y desde luego ni lo ha hecho ni lo hace, es el Banco Central que ella dirige. Lo tiene difícil.
La apuesta por los segmentos
De modo que el Banco Central ha hecho los deberes y ha agrupado las veinte “transformaciones” del eje temático 11 “sistema bancario y financiero” en cuatro segmentos para realizar el análisis de su impacto. A su vez, estas veinte “transformaciones” mantienen vínculos estrechos con 17 de los 23 ejes temáticos del régimen, de ahí su carácter transversal.
El primer segmento está relacionado con la apertura y capitalización del sistema bancario.
El segundo segmento está relacionado con el crédito, ahorro y financiación.
El tercer segmento se relaciona con la innovación, los pagos y los nuevos canales de servicios.
El cuarto segmento se relaciona con el mercado cambiario y las remesas.
La exposición detallada de las medidas en cada uno de estos segmentos corrió a cargo de Alberto Javier Quiñones Betancourt, vicepresidente del BCC quien destacó que estos segmentos no se pueden analizar de manera aislada, por cuanto existe un elevado nivel de integración entre ellos, si se pretende modernizar el sistema y adecuarlo a las necesidades de la economía cubana en el presente, el mediano y el largo plazo. La cuestión es, a nivel técnico ¿se han planteado las medidas de las “transformaciones” de forma adecuada para conseguir los objetivos de los cuatro segmentos?
Con relación al primer segmento, referido a la apertura y capitalización, se proyecta un sistema bancario y financiero más amplio y diverso, en el que, además de las instituciones existentes de propiedad y control estatal, puedan incorporarse nuevos participantes, incluidos bancos e instituciones financieras con capital estatal, privado y extranjero, así como experiencias concretas de especialización. ¿De verdad puede existir interés en la banca privada para participar en la economía cubana en sus actuales condiciones?
La medida estrella en este segmento es la previsión de incremento del capital de los bancos necesario para recuperar la estabilidad del sistema bancario y mejorar sus capacidades para prestar servicios. Hay dudas sobre cómo será la vía para “captar capital, alternativa” a las existentes en la actualidad para ampliar la participación de diferentes actores en el sistema, incluidos capitales privados, extranjeros y nacionales. ¿Todos?
La duda principal es ¿de dónde sale ese capital que se dirige a los bancos? ¿De qué forma los bancos, que son propiedad del estado pueden aceptar inversores privados en el capital, cuando legalmente el estado es el único que puede aportar capital? ¿En qué artículo de la constitución de 2019 se admite esta fórmula financiera? ¿Qué interés económico real pueden tener inversores privados en bancos ruinosos y estatales?
Además, si el estado comunista ya no tiene fondos ni para financiar los servicios básicos ¿de dónde van a salir los que se dirijan a capitalizar a los bancos?
El aumento del capital de los bancos y la apertura deben ir estrechamente relacionados. El primero, pretende recuperar la estabilidad del sistema financiero y mejorar sus capacidades de prestación de servicios, la segunda permite captar capital por “vías alternativas” a las existentes actualmente, al tiempo que se apuesta por ampliar la participación de diferentes actores en el sistema, incluidos capitales privados, extranjeros y nacionales.
Como ejemplo, se citó el Banco de Desarrollo y Fomento Agrícola, cuya creación se encuentra en sus etapas finales, una institución especializada para atender las necesidades de financiación de la actividad agrícola y la producción de alimentos.
Desde el régimen se confía que estas instituciones especializadas permitan diseñar productos y servicios bancarios dirigidos a sectores específicos de la economía, algo que resulta más difícil de alcanzar cuando se trabaja desde un espectro amplio de servicios de la banca comercial actual.
Con respecto a la atracción de inversiones, el vicepresidente del BCC dijo que ésta no supone únicamente la entrada de capital a las entidades. La inversión se puede concretar en nuevas tecnologías, formas de gestión y conocimientos, aspectos que pueden contribuir a dinamizar el sistema financiero, elevar su capacidad tecnológica y favorecer una mayor especialización y diversidad de servicios. La realidad es que las inversiones de capital suelen ir acompañadas de esos componentes, y rara vez ocurre lo contrario.
El vicepresidente del BCC señaló que la apertura no quiere decir ausencia de regulación ya que los nuevos participantes se deberán someter a las normas establecidas por el Banco Central de Cuba, presentar la documentación requerida y obtener una licencia antes de comenzar sus operaciones. Una vez autorizados, estarán sujetos a los mecanismos de supervisión establecidos por el organismo rector del sistema bancario y financiero.
Finalmente, con respecto a este segmento primero, dijo que, en paralelo, se trabaja en la revisión de las normas vigentes y de las necesidades de capital de las instituciones bancarias existentes, pues, como dijo la ministra presidenta del BCC, la capitalización constituye una condición para dotarlas de mayor capacidad y permitirles responder a los desafíos de la economía.
El segundo segmento está relacionado con el crédito, el ahorro y el financiamiento.
Quiñones Betancourt reconoció que el sistema bancario y financiero cubano actual no refleja suficientemente la diversidad de actores y necesidades que existen en la economía. Acertado en el diagnóstico, señaló que el objetivo es avanzar hacia una oferta de financiación más diversificada, capaz de responder a las particularidades de cada sector. De nuevo, entre los ejemplos citados se citó la actividad agrícola, debido a su importancia para incrementar la producción de alimentos.
El propósito es que las instituciones bancarias no se limiten a entregar financiación, sino que puedan convertirse también en asesores financieros de las entidades, tanto estatales como privadas o de capital extranjero. Pero, entonces, ¿van a cobrar por los servicios prestados? ¿Aceptarán los clientes de buen grado esa injerencia consultiva de los bancos? Que los bancos cubanos ayuden a dinamizar la economía ofreciendo servicio de asesoramiento basado en la financiación, que responda a las necesidades de cada sector específico, no deja de ser otro posible de compleja concreción.
Se destacó la necesidad de fortalecer las capacidades de las instituciones para otorgar préstamos y captar los ahorros de la población y de los diferentes actores económicos para que los bancos mejoren su función de intermediación financiera y contribuyan a canalizar hacia la economía recursos necesarios para el desarrollo.
Claro, esta propuesta es igualmente interesante, pero se basa en un posible que habrá que ver si realmente se produce, porque la realidad es que los cubanos tienen una demanda de servicios bancarios de las más bajas del mundo, y prefieren operar en efectivo en sus transacciones económicas, al margen de la banca estatal.
Por lo que respecta al estímulo al ahorro, se informó que el Banco Central prepara un nuevo mecanismo de gestión de las tasas de interés, que será “más financiero y menos administrativo” que el utilizado actualmente. La medida otorga a los bancos comerciales mayor autonomía para definir sus ofertas en función de las condiciones del mercado y de las necesidades de sus clientes.
Surge una duda, ¿es que acaso el BCC está apostando por crear un mercado monetario para determinar el tipo de interés de equilibrio? Desde el Banco se piensa que los tipos de interés podrían diferenciarse entre instituciones, favoreciendo una competencia orientada a captar recursos y posteriormente colocarlos mediante el crédito.
El objetivo es establecer una relación más dinámica entre la captación de recursos de la población y su utilización para financiar la actividad económica. Activar el mercado monetario para que las condiciones financieras reflejen mejor el comportamiento de la oferta y demanda.
El vicepresidente del BCC reconoció que hay un problema para lograr este objetivo, y es que la economía cubana necesita promover una mayor utilización del crédito, tanto por parte de los actores económicos como de las personas naturales. Insinuó que el lanzamiento del mercado monetario no se puede garantizar si hay oferta, pero no demanda. El negocio de la banca depende de la inflación. Mencionó particularmente los créditos para la adquisición de fuentes renovables de energía y que se trabaja para hacer esos mecanismos más ágiles, rápidos e interactivos, entre ellos el crédito al consumo.
El tercer segmento tiene que ver con las garantías. Sobre este punto, el directivo dijo que el sistema necesita ampliar las modalidades de garantía disponibles para facilitar el acceso al financiamiento, teniendo en cuenta la restricción establecida por la constitución y las normas cubanas según la cual, la propiedad de los medios de producción es totalmente estatal y no está autorizada la privada.
Igualmente, en este punto relacionó las transformaciones con la necesidad de elevar la educación financiera de la población para que se comprendan mejor conceptos y mecanismos financieros, lo que hará que la sociedad pueda interactuar de manera más efectiva con las nuevas posibilidades que ofrecerá el sistema.
Quiñones Betancourt mostró su confianza en la innovación y la tecnología que las calificó como la columna vertebral del proceso de modernización bancaria, afirmando que la ampliación del sistema no significa necesariamente construir más sucursales, sino que implica desarrollar más servicios y productos que permitan reducir la presencialidad y trasladar operaciones que hoy se realizan en las oficinas bancarias hacia los teléfonos y otros canales digitales.
El vicepresidente expuso los planes del BCC relativos a las fintechs, nuevas figuras vinculadas con las tecnologías financieras para evitar la visita al banco para realizar operaciones. Las entidades que apuestan por las fintechs utilizan herramientas tecnológicas para ofrecer servicios financieros y tendrán una regulación diferenciada de la aplicable a un banco o a una institución financiera tradicional.
Asimismo, informó que el Banco Central trabaja en la actualización de las regulaciones relacionadas con el uso de las criptomonedas y habló de la existencia de una propuesta en fase final, que busca establecer un marco más flexible para determinadas licencias y autorizaciones, al tiempo que refuerza la supervisión sobre las plataformas que sean aprobadas. A estas “transformaciones” se suma el desarrollo de proyectos vinculados con la inteligencia artificial, como parte de la estrategia de transformación digital del sistema bancario y financiero.
La innovación en el sistema bancario cubano deja mucho que desear, porque los bancos, como entidades estatales que son, tienen otros fines, y saben que su supervivencia en el régimen comunista no depende de la rentabilidad o las transacciones económicas que promuevan. Es todo, una cuestión de supervivencia. La famosa “bancarización” que guarda relación con la transformación digital, objeto de rechazo por la población que desdeña las operaciones y servicios más accesibles y ágiles.
El cuarto segmento identificado se relaciona con uno de los asuntos de mayor complejidad para la economía cubana: el mercado cambiario y las remesas.
Sobre este punto, Quiñones Betancourt señaló que el país necesita un mercado de divisas más eficaz, eficiente y seguro, capaz de contribuir a que los recursos en moneda extranjera tengan una utilización más efectiva dentro de la economía. Y citó como un ejemplo de la “transformación” la incorporación de casas de cambio privadas, de las que se ofrece información más adelante.
Entre las iniciativas mencionadas, figura una plataforma digital para la subasta de divisas, en la que podrán participar las personas interesadas en estas operaciones. Todas estas herramientas serán introducidas de manera gradual mediante proyectos piloto, como parte del proceso de creación de una nueva infraestructura para el sistema bancario y financiero cubano.
Con respecto a las remesas, el directivo formuló su preferencia por las operaciones digitales que permitan mejorar aspectos como rapidez, agilidad y costos, y anunció que ya existen instituciones financieras que han comenzado a incorporar estos servicios y se preparan nuevas plataformas. Nada más.
Aquí la intención es crear mecanismos que permitan canalizar mediante vías financieras seguras determinados flujos que actualmente se realizan fuera del sistema bancario. Dicho de otro modo, el Banco Central pone la diana en las actividades informales del mercado cambiario y de divisas que satisfacen de forma eficiente las demandas de los actores económicos ante la incompetencia del sistema bancario. Las delaciones y la represión están a la vista.
Como conclusión de lo expuesto, los cuatro segmentos identificados por el Banco Central, apertura y capitalización; crédito, ahorro y financiamiento; innovación y nuevos canales; y mercado cambiario y remesas, se pretenden articular dentro de una misma estrategia que permita construir un sistema capaz de acompañar las transformaciones de la economía, ampliar las opciones para sus diferentes actores y ofrecer a la población servicios bancarios más accesibles y eficientes.
Hay algunas dificultades objetivas para que esto no se consiga fácilmente.
Por ejemplo, está la cuestión de que estos segmentos no van a evolucionar al mismo ritmo, en cuanto a su puesta en marcha y funcionamiento, lo que puede crear asimetrías en el proceso que acaben distorsionando los objetivos. Por ejemplo, se puede producir una participación destacada de inversores en el sistema bancario, incluso que aporten tecnología, pero difícilmente estos procesos tendrán éxito si no se modifica la cultura bancaria de los cubanos, y ya se sabe lo difícil que es avanzar en la bancarización.
La unificación del mercado de divisas es un aspecto que siendo prioritario no deja clara cómo será su relación con los segmentos, y la gestión de las remesas puede acabar siendo un negocio marginal si no se diseñan de forma eficaz los procedimientos.
Esto quiere decir que las “transformaciones” pueden acabar atragantándose al Banco Central porque, quién mucho abarca, poco aprieta. Quizás sería conveniente, antes de lanzarse a la arena, trabajar algo más en la priorización de las medidas que acompañan a los segmentos y visualizar cuáles pueden tener un mayor impacto en el sistema bancario y financiero. Lo de siempre con el régimen castrista. Crear oferta sin conocer y tener en cuenta lo que quiere la demanda es una aproximación que puede acabar provocando más problemas que soluciones. Alguno podría pensar que, tal parece que, después de la experiencia fallida con los hoteles, el régimen pretende dirigir las inversiones al sistema bancario y financiero. Ya se verá.
Después de las intervenciones de la ministra presidenta y del vicepresidente del Banco Central de Cuba BCC, el siguiente en participar en el programa fue el director del sistema de pago del BCC, Ian Pedro Carbonell Karell, que se encargó de realizar algunos anuncios realmente sorprendentes.
Carbonell Karell reconoció que es comprensible que las “transformaciones” económicas y sociales aprobadas recientemente susciten una serie de preocupaciones en la población, sobre todo por el impacto que van a tener en la vida cotidiana, y reiteró que lo que se busca con las “transformaciones” es un mejor y mayor uso de las cuentas bancarias, así como la disponibilidad de servicios financieros más cercanos y ajustados a las necesidades de los clientes.
Según el directivo del BCC, el sistema bancario y financiero cubano tiene que pasar a ser un acompañante, un impulsor, un asesor, alguien en quien se pueda confiar para llevar a cabo las operaciones diarias de la mejor manera, siendo necesario diseñar medidas para flexibilizar el uso de las cuentas y de los servicios bancarios.
Dicho de otro modo, si el sistema tiene que “pasar a ser” es porque no actúa de ese modo en el momento presente. Recorrer la distancia entre lo preceptivo y lo real puede ser más complicado que nunca en un entorno de estanflación intensa como el que vive la economía cubana. Por lo tanto, habrá que comprobar si los esfuerzos deben ir dirigidos a propiciar esa “transformación” real a partir de un modelo del que pocas referencias se ofrecieron. Así y todo, el directivo anunció decisiones de cierto empaque.
Aumento del límite de las transferencias
Sin lugar a duda, una de las medidas más llamativas ha sido el aumento del umbral que existía para las transferencias entre cuentas de personas naturales. Anteriormente el importe era de 120.000 pesos (171 dólares) en un mes y ahora es de 2.500.000 pesos (3.571 dólares) en un mes. Un aumento equivalente a 20 veces. Además, se insistió que el umbral no significa que sea un límite, sino que sólo a partir de ese importe se debe declarar el destino de la operación.
La medida indica un reconocimiento de una realidad por el Banco Central, en el sentido de que el importe máximo de 120.000 pesos se había quedado obsoleto con respecto a la dinámica inflacionista que ha venido sufriendo el país desde 2010, de modo que, prácticamente para muchas operaciones había que acudir a una sucursal bancaria, empeorando los niveles de saturación de público que tienen las sucursales y, por supuesto, el servicio bancario.
También, en el caso de las empresas se modificó uno de los artículos, y en la restricción de efectivo se dejó sin efecto. La cuestión planteada es si no se habrán quedado cortos nuevamente al fijar el importe en 2.500.000 pesos (3.571 dólares) una cifra que, dado el aumento de los precios de los bienes de consumo, bienes intermedios y servicios en los mercados en divisas, puede exigir una revisión. En todo caso, la fijación de límites, controles e importes máximos devuelve al régimen su peor rostro injerencista.
El directivo del BCC justifica este aumento en los importes de las transferencias y lo califica como fundamental y al respecto señala que hace unos meses no se podía realizar, debido a la escasa disponibilidad de efectivo existente en la economía nacional, una situación que obligó a racionar la escasez de efectivo para priorizar a pensiones de jubilados, salarios del sector presupuestado y de productores de alimentos, entre otros. De lo dicho, parece que la privación de liquidez ha desaparecido. No es eso lo que nos dicen los actores económicos privados.
Nuevos billetes de alto valor
Otra medida llamativa, que guarda relación con la anterior, ha sido la introducción de los nuevos los billetes de mayor denominación en el cono monetario, por valor de 10.000 (14 dólares) y 20.000 pesos (28 dólares) del Banco Central de Cuba, de modo que el país cuenta con una mayor disponibilidad de dinero en efectivo para atender las demandas no solo de la población, sino también de los actores económicos, sean estatales o no estatales.
La noticia no tendría la menor trascendencia si no fuera porque la misma entidad que emite estos billetes con el rostro de las “heroínas” de la revolución, anda empeñada en implementar un ambicioso proceso de bancarización, para el que este tipo de emisiones nominales no tienen nada que ver porque precisamente pretende eliminar el papel moneda de las transacciones reales.
Dar una de cal y otra de arena es el peor procedimiento para actuar en el sistema monetario. La política monetaria requiere credibilidad, y esta se consigue manteniendo la brújula y el brazo en el timón del barco, sin dar bandazos. Por desgracia, el Banco Central de Cuba, una vez más, se deja llevar por los cantos de sirenas, y como consecuencia, abandona el valor del peso a unos niveles insostenibles.
El caso es que, el Banco Central, en medio de la grave crisis en que se encuentra la economía cubana, presentó los nuevos billetes como parte de las medidas dirigidas a facilitar las operaciones bancarias y adecuar las denominaciones de efectivo a las condiciones actuales de la economía. Nada de eso va a servir.
Lo que sí reconoce la ministra presidenta, sin decirlo de forma explícita, que la economía se encuentra atrapada en un grave proceso de estanflación dominado por la caída del PIB y el aumento de la inflación, y este fenómeno tiene su origen en la gestión del presupuesto estatal en déficit que supone una absorción por el estado de dinero papel en la economía que reduce de forma sistemática el valor del peso.
No cabe duda de que, el Banco Central de Cuba se ha precipitado con esta decisión monetaria. Cierto es que los importes de estos billetes de 10.000 y 20.000 pesos cubanos en divisas de circulación en la Isla, como el dólar, son muy bajos realmente, pero lo más grave es que pueden contribuir al arraigo de las expectativas de inflación en pesos cubanos. Hay quienes afirman que el Banco Central ha preferido completar la modificación monetaria anunciada meses atrás, en vez de esperar a un momento más adecuado para hacerlo. En el régimen castrista no se quieren enterar que siempre que las prioridades políticas se superponen a los criterios técnicos acaba ocurriendo un desastre en la economía.
De modo que, con los nuevos billetes en circulación, el Banco Central de Cuba parece querer alejarse del propósito anunciado de “avanzar hacia un sistema bancario y financiero seguro, moderno, ágil y eficiente, capaz de contribuir a la recuperación económica y responder con mayor rapidez y calidad a las necesidades de sus clientes”. Los billetes van a incrementar las transacciones en efectivo y supondrán menos necesidad de servicios bancarios.
Dando bandazos y adoptando decisiones políticas a gusto del régimen, se hace un flaco favor a la economía, alejando más, si cabe aún, a lo bancos de las preferencias de la gente. Los billetes de elevada nominación van a ser buscados por la gente para realizar transacciones en efectivo de mayor importe, y desde luego, no utilizarán la banca digital. Estos billetes contribuyen a aumentar la circulación monetaria y el efectivo en manos del público, más inflación, en tanto que alejan a los cubanos de los bancos.
Lo que no se puede admitir al Banco Central es que diga que los nuevos billetes presentados forman parte de un proceso gradual que busca modificar la estructura y el funcionamiento del sistema bancario cubano, ampliar sus capacidades, incorporar nuevos actores y tecnologías, diversificar los servicios financieros y fortalecer su vínculo con las necesidades de la economía y la población. Nada de eso es cierto, y ella lo sabe.
De modo que, con la emisión de los nuevos billetes, la tantas veces cacareada persecución contra el uso del efectivo en manos del público se queda, al menos de momento, en el cajón de tareas pendientes, y de algún modo, se suaviza la presión que se venía ejerciendo para desarrollar la “bancarización” asumiendo que este es un objetivo complicado, por definirlo de algún modo.
Desde el BCC se cree que se puede conseguir una mejora en la operatoria de las sucursales, por cuanto dejan atrás un modelo que obligaba a racionar el efectivo, y pasan a otro en que es posible conocer la demanda de los clientes y planificar junto a ellos cómo satisfacerla.
A tal fin, se considera esencial conocer las solicitudes de extracción de efectivo que hagan los actores económicos, porque permiten a las sucursales bancarias anticipar cuál es la demanda real, tramitarla y organizar la logística que lleva que ese efectivo llegue a las sucursales y pueda entonces entregarse por medio de una mayor atención particularizada y especializada a los diferentes clientes. Se avizora en el horizonte una labor de investigación que puede ir más allá de los habituales controles y pesquisas que se realizan por los bancos.
Atención personalizada a empresas
Otra medida anunciada es que el sistema bancario financiero debe ofrecer una atención mucho más personalizada y especializada a las empresas, tanto privadas como estatales, observando de qué sector son y cuál es su funcionamiento. Más investigación por los bancos. Se reconoce que cada actor económico tiene características específicas e incluso un ciclo financiero propio, y en tales condiciones, el banco debe acompañar, asociar y tratar de hacer viable su funcionamiento. Una presencia, la del banco, que probablemente no se entienda por muchos clientes. Aunque esta medida busca que el actor económico no detenga su actividad porque tiene saldo en una cuenta que no puede utilizar y no termina la operación, está por ver que a los cubanos no les importune esta anticipación del banco.
La atención personalizada exige una mayor y mejor comunicación entre el actor y el banco, y como señala el directivo del BCC la preocupación es cómo lograr que en todas las sucursales del país se entienda este principio, y haya una adecuada comunicación de los trabajadores bancarios para poder implementar y llevar a la realidad estas “transformaciones”. Una afirmación que vuelve a plantear las mismas dudas de siempre: ¿Qué va primero, escuchar y satisfacer a los clientes, o en el peor de los casos, obedecer las órdenes y consignas del partido único? Además, ¿Por qué a las empresas hay que dar un trato destacado y no a las personas naturales?
Flexibilidad en las operaciones con divisas
El directivo del BCC anunció una resolución que entra en vigor el 17 de septiembre y que flexibiliza la operatoria con las divisas. La principal novedad de esta medida es que desaparecen dos autorizaciones que existían en el marco anterior.
La primera tenía que ver con la apertura de cuentas bancarias en divisas, que ahora no va a exigir la licencia bancaria necesaria, de modo que se espera una operatoria mucho más expedita. La segunda es que, a partir de esta norma, se autoriza el depósito de efectivo por los actores económicos no estatales en esas cuentas corrientes en divisas.
Aspecto de especial interés es que, atendiendo a la naturaleza del funcionamiento del negocio, el banco siempre debe asegurar la debida diligencia y el origen lícito de los fondos vinculados a la actividad económica del actor. Se trata de un elemento novedoso que se introduce para facilitar la operatoria de los negocios en circunstancias tan complejas y difíciles como las que vive la economía cubana.
Por medio de esta resolución, los actores económicos no estatales pueden ordenar directamente los pagos al exterior siempre que estén relacionados con la actividad económica de su negocio en la sucursal bancaria, en su banco.
Antes la operatoria era más compleja, pero ahora se simplifica y traslada un reto a los bancos que tienen la responsabilidad de encontrar las vías para realizar estos pagos, para que lleguen a los proveedores y puedan dar un servicio que necesitan los negocios. Esto no limita la idea de que quien lo necesite, pueda tener cuentas también en divisa en el exterior para su operatoria. También la norma permite la apertura de estas cuentas, con el conocimiento del Banco Central y de la autoridad fiscal.
Hay otro elemento importante: en esta creciente interacción con los clientes, además de viabilizar los pagos al exterior, los bancos pueden garantizar otro tipo de servicios financieros personalizados que puedan requerir los clientes. Se trata de servicios financieros un poco más avanzados que se van a ir desarrollando, y también están los elementos de crédito que anteriormente se mencionaban.
Pagos digitales sí o no
El directivo señaló que uno de los elementos ya implementados en el Banco es la actualización de los incentivos para fomentar los pagos digitales. A vueltas con la “bancarización”. Reconocido el atraso que tiene el sistema bancario en estos procesos, la medida se ha diseñado para que no beneficie solo al consumidor que realiza el pago digital, sino también al comercio que acepta ese pago. La solución salomónica del régimen es que la bonificación se divida entre ambos y las pasarelas de pago que hoy garantizan estos servicios reduzcan las comisiones que antes cobraban. Si antes cobraban, por ejemplo, un 1,5%, ahora pasan a cobrar un 0,8%. Pueden estar seguros que por este reparto, la aceptación de los pagos digitales seguirá siendo más o menos la misma. En particular, el incentivo para los vendedores, cuando hay apagones intermitentes, por ejemplo, seguirá igual.
El directivo del BCC considera que puede aparecer un círculo virtuoso en todo esto, en la medida en que se desarrollen los pagos digitales, y se satisfagan las demandas de efectivo de los actores económicos, ya que será posible continuar aceptando transferencias e incorporando saldos a sus cuentas bancarias. O dicho de otro modo, la mayor operatividad digital podrá propiciar que, en comunicación constante con las pasarelas, se reduzcan también los costos asociados al sostenimiento de estas plataformas. Una versión más del cuento de la lechera castrista, que anticipa resultados de las medidas implantadas que no se sostienen por los hechos. Por ejemplo, pensar que al haber más clientes de las propias pasarelas de pago puede reducir los costes, es un ejercicio de búsqueda de eficiencia en el sistema bancario cubano que, parece difícil de alcanzar con los mimbres actuales.
Además, se pretende que la operatoria por los canales de pagos digitales resulte mucho más segura. El reto fundamental, en el que trabajan los especialistas informáticos, es que la acreditación se pueda llevar a cabo en tiempo real. Ya se ha logrado internamente dentro del propio banco, entre clientes y comercios de un mismo banco, y el objetivo final de este proceso es que se pueda hacer entre los distintos bancos del sistema.
Pago de pensiones
Un último elemento, que se ha colado en el conjunto de las “transformaciones” del sistema bancario es la operación para el pago de las pensiones de jubilación lo más cerca posible de los hogares. Se pretende que los jubilados puedan cobrar su pensión en algún comercio cercano a su vivienda y así no tienen que desplazarse a una sucursal bancaria evitando largos recorridos, colas y demás molestias.
A tal fin, el Banco Central ha desarrollado, junto con los bancos, una plataforma para que el proceso de afiliación de estos comercios y de afiliación de estos jubilados sea lo más flexible y rápido posible, para que los comercios puedan tener este impacto y su contribución al conjunto del sistema bancario y financiero, aliviando la vida de jubilados y pensionados. Muchos TCP y mipymes, obligados a participar en esta operación de pago de pensiones, han elevado su protesta por lo que consideran una medida que puede comprometer seriamente su solvencia. El régimen ni se ha dado por aludido.
Responsabilidad social en la banca
En medio de este escenario de confusión y malestar, hay acciones de responsabilidad social que se ponen como ejemplo por el directivo del BCC, y citó la experiencia de Eriel Sánchez, uno de los peloteros estrellas de los equipos cubanos, que ha abierto un emprendimiento privado llamado El Olímpico, desde el que pretende pagar las jubilaciones de las “glorias del deporte” del municipio de Santiago de Cuba, una contribución concreta a su sector y además a la sociedad.
Casas de cambio privadas
Y en esta vorágine de “transformaciones” en el sistema bancario, hay que otorgar un peso específico al arranque de la primera casa de cambio privada y que se había anunciado en la Asamblea por el primer ministro. El programa piloto del BCC finalizó, y tras la evaluación de la experiencia, cumpliendo con todos los requisitos de la regulación que se establecen para que esta actividad se preste de manera segura, se acordó la autorización de las casas. Todo a gran velocidad y cierta falta de transparencia que ha sorprendido a muchos.
No obstante, desde el BCC se considera que el impacto positivo de las casas de cambio, tanto en la operatoria como en la vida cotidiana del lugar donde está enclavada, puede ayudar a aportar información relevante de operaciones reales del mercado cambiario. La casa de cambio no presta atención a los múltiples cambios de moneda que existen, formales e informales, y en su operatoria cambiaria no responde a publicaciones en redes, ni a intenciones de compra o de venta, sino a operaciones reales, liquidadas y confirmadas de cambio, que permiten fundamentar mejor la tasa de cambio oficial que se construye para el segmento 3, de las personas naturales y los actores económicos no estatales principalmente. De momento, las cotizaciones de las principales divisas en la casa de cambio privada se sitúan por encima de las oficiales y las informales. Menudo negocio.
La dinamización del crédito
Desde el BCC se valoró como positivo el impacto de las “transformaciones” en el crédito, un asunto que abarca tantos elementos en un solo espacio que es difícil recorrerlos todos. En particular, por cuanto respecta a la “transformación” que lleva a la flexibilización del crédito como uno de los principales impulsores de la actividad económica y también dinamizador del consumo, se considera que existe un elemento importante, más en la coyuntura actual del país, que es el crédito para fuentes renovables de energía.
Sin ofrecer información sobre qué se pretende hacer en este ámbito, el directivo del BCC simplemente dijo que se trata de una medida que ya se encuentra en funcionamiento, y que puede beneficiar directamente a la población, al facilitar la compra de componentes para este tipo de fuentes energéticas.
¿Y qué va a pasar cuando se acaben los paneles fotovoltaicos de los chinos? Y no digamos de las operaciones con criptomonedas, porque ya es bastante. Conclusión, las “transformaciones” en el sistema bancario y monetario cubano tienen muy poco que ver con una política monetaria creíble y realista. Y desde luego, se puede decir lo que se quiera, pero a quién menos benefician es al pueblo cubano que seguirá afrontando los mismos problemas que ahora, ya que ninguna de estas “transformaciones” va a servir para superar la grave crisis humanitaria.
- Elías Amor Bravo.
- Analista cubano y especialista en formación profesional y empresarial.
- Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.
- Máster en Gestión Pública Directiva.
- Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia.
- Reside en Valencia, España.
