EL PAPA LEÓN XIV VOTA EN LAS ELECCIONES: ENSEÑANZAS

 

 

 

 

Lunes de Dagoberto

La noticia ha dado la vuelta al mundo. No ha dejado indiferentes “ni a tirios ni a troyanos”. Vuelve una pregunta eterna y universal, recurrente como si no tuviera respuesta y una respuesta cierta: ¿debe la Iglesia meterse en política? El papa León XIV acaba de responderla con su actuación sencilla, inequívoca y sistemática: el Papa vota.

Aunque haga un poco más larga esta columna, quisiera repetir el texto íntegro de la noticia de la fuente oficial, destacar algunos aspectos de su contenido y deducir algunas enseñanzas o “moralejas”. Creo que vale la pena llegar hasta el final. Me avisan si lo lograron.

La noticia

Transcribo aquí el texto íntegro de la noticia dada a conocer por “Vaticannews.va“:

“El Papa ejerció su derecho al voto como ciudadano de los Estados Unidos”

“La Sala de Prensa de la Santa Sede confirma que el Papa León XIV, Robert Francis Prevost, ha ejercido su derecho al voto enviando su papeleta electoral por correo a Chicago – Estados Unidos”.

“El Papa León XIV ha ejercido su derecho al voto como ciudadano de los Estados Unidos cada vez que ha tenido la oportunidad. La Sala de Prensa de la Santa Sede confirma que, en consonancia con esta consolidada práctica de participación cívica, el Papa ha enviado su papeleta electoral por correo a Chicago”.

“El Santo Padre ha confirmado además que, durante los años en que residió en Perú, ejerció su derecho al voto cada vez que tuvo la oportunidad de hacerlo”.

“El Santo Padre expresa su convicción respecto al derecho y al deber de los ciudadanos de participar en los procesos democráticos”.

“Según la legislación de Illinois, cualquier persona puede votar por correo si así lo desea, en virtud de una ley denominada Uocava (Uniformed and overseas citizens absentee voting act), que permite votar a los ciudadanos estadounidenses que residen en el extranjero. Las elecciones de mitad de legislatura son las elecciones generales de Estados Unidos que se celebran cada cuatro años, dos años después de las elecciones presidenciales. Tienen lugar a mitad del mandato de cuatro años del presidente en ejercicio; no sirven para elegir al presidente, sino para determinar qué partido liderará el Congreso de Estados Unidos”.
(https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2026-10/el-papa-prevost-ejercio-su-derecho-al-voto-estados-unidos.html)

Esta es la copia literal del texto de la noticia publicada por la Santa Sede. Por su claridad y objetividad este texto se explica por sí solo. Sin embargo, me gustaría comentar algunas de las informaciones que nos brinda esta nota que ha sido difundida, por supuesto, con la autorización del Jefe de la Iglesia Católica.

– El voto es un derecho ciudadano. También del Papa que ha mantenido siempre su ciudadanía norteamericana pues nació en Chicago.

– Este no es un gesto aislado. La nota reitera que, el ahora Sumo Pontífice, ha ejercido el voto esta vez “en consonancia con esta consolidada práctica de participación cívica”. “Ha confirmado además que, durante los años en que residió en Perú, ejerció su derecho al voto cada vez que tuvo la oportunidad de hacerlo”. De lo que se concluye que Robert Prevost ha participado en la política cívica no partidista sistemáticamente durante toda su vida.

– Y para mí, lo más importante de esta noticia es que hace pública una convicción del Papa en cuanto a que la participación política en un sistema democrático es un derecho y un deber de todos, cuando dice:

“El Santo Padre expresa su convicción respecto al derecho y al deber de los ciudadanos de participar en los procesos democráticos”.

Ejerciéndolo de modo transparente y sistemático el Papa nos da ejemplo del deber de participar en la política cívica y, además, publicándolo, nos enseña que también en estos temas es conveniente difundir nuestras convicciones políticas.

Moralejas y propuestas

De estas acciones del Supremo Pastor de la Iglesia Católica podemos sacar algunas enseñanzas y propuestas para Cuba y para nuestra Iglesia. Si crees que podrían ser útiles para otros o servir para ofrecer formación cívica, comparte esta reflexión y ponla en práctica.

1. Es muy necesario y conveniente enseñar y poner en práctica la Doctrina Social de la Iglesia de la que el Papa se declaró continuador y maestro desde la elección de su nombre como Pontífice siguiendo el magisterio de su recordado predicador León XIII, que comenzó el ejercicio sistemático del Magisterio Social con su Carta Encíclica “Rerum novarum” el 15 de mayo de 1891. Por tanto, la enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia no es algo opcional sino es una obligación de la Iglesia toda: obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos y fieles laicos.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), encargado por el Papa San Juan Pablo II al Pontificio Consejo Justicia y Paz y que es lamentablemente desconocido, constituye un valioso instrumento para el anuncio del “Evangelio social” a todos los hombres. En este Compendio se expresa:

“La doctrina social es parte integrante del ministerio de evangelización de la Iglesia. Todo lo que atañe a la comunidad de los hombres —situaciones y problemas relacionados con la justicia, la liberación, el desarrollo, las relaciones entre los pueblos, la paz—, no es ajeno a la evangelización; ésta no sería completa si no tuviese en cuenta la mutua conexión que se presenta constantemente entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre. Entre evangelización y promoción humana existen vínculos profundos: «Vínculos de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos”. (CDSI No. 66)

En el mismo documento de la Santa Sede se argumenta sólidamente que enseñar y practicar la Doctrina Social no es un accesorio de la misión de la Iglesia, ni algo que se puede poner o quitar a su misión, sino que estamos hablando de “corazón” mismo de la evangelización:

“La doctrina social «tiene de por sí el valor de un instrumento de evangelización» y se desarrolla en el encuentro siempre renovado entre el mensaje evangélico y la historia humana. Por eso, esta doctrina es un camino peculiar para el ejercicio del ministerio de la Palabra y de la función profética de la Iglesia. «En efecto, para la Iglesia enseñar y difundir la doctrina social pertenece a su misión evangelizadora y forma parte esencial del mensaje cristiano, ya que esta doctrina expone sus consecuencias directas en la vida de la sociedad y encuadra incluso el trabajo cotidiano y las luchas por la justicia en el testimonio a Cristo Salvador». No estamos en presencia de un interés o de una acción marginal, que se añade a la misión de la Iglesia, sino en el corazón mismo de su ministerialidad: con la doctrina social, la Iglesia «anuncia a Dios y su misterio de salvación en Cristo a todo hombre y, por la misma razón, revela al hombre a sí mismo». (CDSI No.67)

Todavía más claro y preciso, el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia nos enseña el alcance y la profundidad de los cambios estructurales que el Evangelio debe inspirar y fecundar cuando expresa como derecho y deber de la Iglesia “elaborar una doctrina social propia y a renovar con ella la sociedad y sus estructuras”, dice claramente renovar la sociedad y sus estructuras, no cabe duda, es misión profética especialmente de los laicos:

“Con su doctrina social la Iglesia «se propone ayudar al hombre en el camino de la salvación»: se trata de su fin primordial y único… Esta misión configura el derecho y el deber de la Iglesia a elaborar una doctrina social propia y a renovar con ella la sociedad y sus estructuras, mediante las responsabilidades y las tareas que esta doctrina suscita”. (CDSI No.69)

2. Ante la perniciosa y capciosa afirmación: “La Iglesia no debe meterse en política” que, además, confunde, descalifica y obstruye la labor evangelizadora de pastores y fieles, es perentorio y necesario enseñar y poner en práctica lo que significa de verdad “meterse en política”.

Como se sabe, etimológicamente, la palabra política viene del término griego “polis“, que significa “ciudad”. Por tanto, hacer política significa “buscar el bien de la ciudad”, del pueblo, de la sociedad, de la polis. Por su parte, en latín, la palabra “cívica” proviene de “civitas“, que significa también “ciudad”, pueblo, sociedad. Por tanto, polis y civitas son sinónimos, de ahí que se pueda identificar la participación política con la participación cívica.

Por tanto, se debe aclarar que la política puede ser practicada de dos formas igualmente necesarias e importantes: la política cívica y la política partidista.

La política cívica: es la búsqueda del bien común, del bien de la sociedad, con la participación ciudadana y el ejercicio de los derechos humanos y los deberes cívicos, como es el voto, la construcción de consensos, el pensamiento y la propuesta de políticas públicas, ofrecer y recibir educación cívica y política, entre otras acciones en la búsqueda del bien común. En esta política en sentido cívico, en general, debe participar toda la Iglesia: desde el Papa, los obispos, los sacerdotes, las religiosas y religiosos, hasta los fieles laicos. El pluralismo político cívico consiste en que cada ciudadano o grupo de la sociedad civil ofrece diferentes aportes según su vocación y carismas. Es la diferenciación de los roles cívicos. En esto no debe haber dudas: la iglesia debe meterse en la política cívica.

La política partidista: es la búsqueda del bien común, del bien de la sociedad, mediante la fundación, organización y competencia, de partidos políticos formados por ciudadanos con diferentes ideologías y programas. El pluralismo político consiste en que no debe haber un solo partido, ideología hegemónica, o movimiento político, porque si la sociedad es diversa y plural, entonces todos los que buscan el bien común, pacíficamente y sin doctrinas de odio, tienen el derecho de fundar partidos políticos.

Evidentemente, la Iglesia no debe meterse en política partidista por la sencilla razón de que ella debe ser madre y maestra de todos los ciudadanos y no solo de una parte. A los fieles laicos, sin embargo, les toca, según su propia vocación, participar en la política partidista, sembrando en ella y desde ella, los valores del Evangelio. Por tanto, que los pastores se abstengan de hacer política partidista no debe confundirse con la errónea aseveración de que “la Iglesia no debe meterse en política”.

No se debe generalizar en este tema. Debemos aprender a distinguir, porque se confunde, se descalifica, y se excluye a laicos, sacerdotes y religiosas que enseñan y ponen en práctica la Doctrina Social de la Iglesia que se concreta en la participación política cívica para todos, y en la política partidista para los laicos si fuera su vocación personal.

3. En este sentido, la Iglesia debe ser clara y justa en su acompañamiento a todos sin distinción: no es comprensible ni saludable que se excluyan o se descalifiquen a religiosos, religiosas, sacerdotes y a laicos comprometidos en lo social mientras se convocan, se aceptan, se nombran para cargos de responsabilidad en la Iglesia a otros igualmente fieles pero con ideas o prácticas afines al poder. Lo justo sería que se admitieran a responsabilidades y servicios, tanto ministeriales como laicales, por igual, sin discriminación, a los de una u otra opción política, y que el criterio de discernimiento no sea si esa persona es aceptable o no por el poder. Estos criterios de discernimiento podrían servir tanto para el nombramiento de un obispo, como para encargar responsabilidades a sacerdotes diocesanos, a religiosos, a religiosas y a laicos comprometidos.

La Doctrina Social lo enseña claramente y la participación del Jefe de la Iglesia, en su condición de ciudadano, en el ejercicio de sus derechos y deberes políticos, deberían servir de ejemplo y de argumento para explicar, acoger y justificar la participación de la Iglesia en general y, en particular, la de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, en su compromiso cívico en Cuba.

Quiera Dios que no nos quedemos en la novedad de la noticia del voto del Papa sino que esto suscite, en nuestra Iglesia, pueblo y autoridades, una reflexión seria y un discernimiento más profundo sobre la vocación y misión de la Iglesia en lo social y en lo político.

Una vez más, incansablemente, me gustaría reiterar aquella valoración del Papa Pío XI que ha sido repetida por todos los siguientes pontífices:

“La política es la forma más elevada de la caridad”.

Porque, según la doctrina social de la Iglesia, la política es la forma más eminente de la búsqueda de los dos pilares que deberían regir en toda sociedad: la plena dignidad de la persona humana y la consecución del bien común.

¡Que así sea en Cuba!

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 

 

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Ingeniero agrónomo.
Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 20a17.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Director del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Reside en Pinar del Río.

Scroll al inicio