¿POPULISMO O MERITOCRACIA?

 

 

 

 

Lunes de Dagoberto

Pensando en el presente, pero sobre todo en el futuro de Cuba viene a mi mente una disyuntiva que es, a la vez, un peligro que tendríamos que identificar y prever desde ahora.

No podemos esperar que en el futuro de Cuba no existan los mismos vicios, errores y lacras que hemos sufrido en el pasado y hasta hoy, si antes no los reconocemos, los denunciamos y los tratamos de erradicar. Con frecuencia podemos identificar que caemos en los mismos errores del régimen que criticamos. Es tal el impacto y la profundidad del daño sufrido que, desde ahora, habría que comenzar un proceso de sanación para que esas lacras no se repliquen en el futuro de Cuba, cambiando de color político, pero manteniendo la misma catadura moral.

Los nuevos populismos

Uno de esos lastres que perjudican a nuestra sociedad, continuando ahora en la era del internet una perniciosa herencia que viene desde antes del nacimiento de nuestra República, es lo que se conoce como “populismo digital”, que hoy se sigue presentando con diferentes facetas: los protagonismos individuales excesivos, el caudillismo, el mesianismo, el postureo de los que ganan popularidad por salir más en las redes sociales que por los resultados medibles con los que debían evaluarse sus proyectos, entre otras expresiones de populismos de uno u otro color, provenientes de fuera o de dentro.

Otras de los posibles y peligrosas posturas que pudieran entorpecer una transición y la subsiguiente reconstrucción de Cuba, sería el tráfico de influencias, lo que en Cuba se llama “compadreo”, los enchufados, las palancas o el amiguismo, entendido como:

“Una forma de favoritismo dentro de un grupo que implica parcialidad al otorgar empleos y beneficios a amigos o colegas de confianza, afectando los derechos legítimos de otras personas, especialmente en la política y en sus relaciones con organizaciones afines.
Se manifiesta cuando se designa a personas cercanas en puestos de autoridad sin considerar sus cualificaciones, en contraste con la meritocracia.

En política, el término «amiguismo» tiene una connotación negativa y suele referirse a la compra y venta de favores, la negociación de votos en órganos legislativos, la concesión de beneficios a organizaciones…etc”. (Diccionario RAE y Nadler, Judy; Schulman, Miriam)

En sobradas ocasiones hemos podido constatar en todas las sociedades, y también en Cuba, que se eligen para responsabilidades administrativas o cargos políticos a personas sin preparación técnica o científica, sin educación, con probados comportamientos éticamente inaceptables, con una trayectoria pública llena de fallos e incoherencias reiteradas. Sin embargo, se tapa todo eso, se le encubre con un manto de silencio, unos para “no meternos en problemas”, otros para no hacerle daño a la causa, y otros para que “cuando ellos suban me tengan en cuenta”… reflexionemos en esto.

La meritocracia

Según el Diccionario de la Lengua:

“Meritocracia es el sistema de gobierno en que los puestos de responsabilidad se adjudican en función de los méritos personales”.

Otras definiciones dicen: “En el gobierno y otros sistemas administrativos, la meritocracia se refiere a un sistema en el que el ascenso dentro del sistema depende de los “méritos”, como el desempeño, la inteligencia, las credenciales y la educación”.

Pero, sobre todo, este camino se hace investigando la trayectoria del candidato, su integridad, es decir, la coherencia entre lo que cree, piensa, dice y lo que hace en su desempeño probado por largos años.

También es necesario tener muy en cuenta su experiencia, su experticia, su preparación académica y su integridad ética y cívica. Estos méritos y capacidades se suelen determinar mediante investigaciones de trayectoria, “oposiciones”, evaluaciones y exámenes.

Ruidos, carreras e improvisaciones

La creciente percepción de que “esto” se acabó, de que estamos en la crisis terminal, de que se nos echa encima la transición y nos puede sorprender el cambio, ha provocado diferentes reacciones, unas positivas y necesarias, otras perjudiciales para el prestigio de la causa de la libertad de Cuba y que, con frecuencia, no solo desaniman a muchos cubanos de a pie, provocando la pérdida de grados de confianza y credibilidad, sino que, además, pone en manos del régimen, agotado y temeroso, combustible para asestar sus últimos coletazos. Todos debemos cuidar y cuidarnos de no dar lugar, inconscientemente, y muchas veces con buena voluntad, a situaciones lamentables como las que mencionamos y otras. En el camino hacia la libertad responsable y la democracia de calidad no nos podemos permitir, nosotros mismos, los ruidos, las carreras y las improvisaciones.

Los ruidos distraen y aturden, impidiendo que el pueblo pueda escuchar y valorar las mejores y diversas propuestas de muchos de sus compatriotas de la Isla y de la Diáspora.

Las carreras por llegar primero, por hacer todo al mismo tiempo, sin madurar ni dar el tiempo que necesitan los procesos de transición, provocan tropiezos, empujones y superficialidades que restan seriedad y responsabilidad al tránsito hacia la democracia a la que debemos llegar todos, sin que se quede en la cuneta, o dejemos atropellado, a nadie que quiera avanzar por el camino de la libertad.

Las improvisaciones por las urgencias dan una mala señal al régimen y también a otras naciones que nos observan buscando responsabilidad, trayectoria, propuestas maduras y serenidad. Improvisación e irresponsabilidad son sinónimos, evitémoslos por el honor de Cuba.

Es evidente que para el presente y el futuro de Cuba no valen, ni son convenientes, la improvisación, los populismos, los amiguismos, ni los arribismos y currículos inflados… no todo vale para todo.

La virtud y la competencia, la trayectoria y la experiencia, la probada vocación de servicio, la humildad, la capacidad para trabajar en equipo, la perseverancia para mantener una línea o proyecto de vida, el equilibrio y la serenidad respetuosa, son algunos de los méritos y características que pudieran servirnos de referencias para nuestro propio comportamiento y para evaluar a un servidor público o a un líder cívico.

Cuba merece una nueva República edificada sobre la virtud y el mérito.

Y de eso, todos somos responsables.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 

 

 

 

Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Ingeniero agrónomo.
Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 20a17.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Director del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Reside en Pinar del Río.

 

 

 

 

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