Varela y el futuro de Cuba

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

En el 173er aniversario de la muerte del Padre Félix Varela

Con frecuencia decimos que para construir el futuro hay que mirar el pasado; pero en el caso de Cuba, más que mirar el pasado, hace falta volver a las raíces. En el centro de ese origen, en los pilares fundacionales, se encuentra la figura del Padre Félix Varela. No es solo un nombre de un personaje más en los libros de historia, o una estatua en un patio universitario, o un sacerdote cualquiera para los católicos; es, en esencia, el arquitecto moral de lo que hoy entendemos como cubanía.

​El maestro de la libertad

​Varela no solo enseñó Filosofía, enseñó a pensar a los cubanos con cabeza propia. En una época de dogmas rígidos, introdujo el método experimental y la lógica, convencido de que un pueblo que no razona es un pueblo fácil de someter. Lo hemos visto a lo largo de más de seis décadas. El germen se inició en las aulas del Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, donde transformó la pedagogía en un acto de liberación.

​Para Varela, la educación no era la acumulación de datos, sino la formación del carácter. Entendió antes que nadie que la soberanía política es estéril si no va acompañada de una soberanía intelectual. Esa visión es la que hoy reclama vigencia: una Cuba futura solo será plenamente libre si sus ciudadanos son capaces de discernir y proponer ideas propias, para el bien de todos.

​Cimiento de la Nación cubana

​Fue el Presbítero Félix Varela quien nos enseñó que la Isla no era solo una posesión de Ultramar, sino una patria con destino e identidad propia. Al pasar del reformismo al independentismo, trazó la ruta crítica de nuestra identidad. A decir del Apóstol José Martí: “Él fue quien nos enseñó primero en amar; él, el patriota entero que vio antes que nadie los males de la servidumbre y los peligros de la libertad sin virtud”.

​Martí reconoció en Varela al hombre que “nos enseñó a pensar” y que, desde el exilio y la humildad, puso la primera piedra de la Nación. Ejemplo para la Cuba futura que está a la vuelta de la esquina. Cuba es una sola, con todos sus hijos dispersos por el mundo, quienes con humildad, deben reconstruir la única nación que formamos. 

​Vigencia del pensamiento vareliano para la Cuba futura

El pensamiento vareliano nos recuerda que:

• ​La ética es inseparable de la política: No hay proyecto de nación viable sobre la base de la corrupción o del odio.
• ​La concordia es necesaria: Varela siempre buscó el bien común por encima de los intereses personales o de grupos políticos.
• ​El patriotismo es servicio, no consigna: Su vida fue un sacrificio constante por una Cuba que no llegó a ver libre, pero que ayudó a forjar con la claridad de sus ideas y con las obras que nos legó en materias de ciencia, conciencia, derechos y libertades.

​En la Cuba del futuro, donde el diálogo y la reconstrucción del tejido social serán tareas urgentes, el pensamiento vareliano debe ser la amalgama que una a la nación desmigajada por el mundo. Necesitamos volver a ese “santo” que no pedía altares, sino ciudadanos virtuosos, pero que bien podría ser el primer santo cubano. La nación cubana, si aspira a la liberta plena y al respeto irrestricto de los Derechos Humanos para todos, tendrá que reencontrarse con aquel que nos dio la primera lección de libertad: la de ser dueños de nuestra propia conciencia.

La dimensión ética y cívica

Cartas a Elpidio funciona como una brújula en tiempos de tempestad. Si bien el Padre Félix Varela es reconocido como quien “nos enseñó primero en pensar”, es en esta obra donde nos enseña, sobre todo, a sentir y actuar con virtud. Hoy, cuando Cuba se asoma a un futuro incierto pero preñado de esperanzas, volver a Varela no es un ejercicio de nostalgia, sino una urgencia de supervivencia ética.

Algunos estudiosos de su vida y obra, y de la historia de Cuba en sentido amplio, coinciden en que, en las páginas de Cartas a Elpidio, Varela delineó lo que hoy podríamos reconocer como el primer tratado de bioética en el contexto cubano. Se trata de un manual para abordar la “ética de la vida” en su sentido más amplio. Varela comprendió que una sociedad enferma de odio, de doble moral o de ignorancia, no puede sostener un cuerpo político sano.

​Al escribirle a “Elpidio” (nombre que significa esperanza), Varela no le habla a un joven del siglo XIX, sino al cubano de todos los tiempos. Le advierte sobre los peligros de la impiedad, la superstición y el fanatismo, tres jinetes que todavía galopan sobre nuestra realidad nacional. Para el “patriota entero”, la libertad política es una cáscara vacía si no está habitada por la rectitud de conciencia.

La reconstrucción de Cuba implica, inexorablemente, la reconstrucción de la persona humana. Es por ello que, para la Cuba del futuro, el pensamiento vareliano nos ofrece tres claves vitales:

1. ​La educación del carácter: No basta con saber leer y escribir; hay que aprender a ser libres. La alfabetización ética es una asignatura pendiente.

2. El rechazo a las posiciones extremas: Varela nos enseñó que “la moderación no es debilidad”. El pensamiento equilibrado es la única garantía para la amistad cívica y la convivencia democrática.

3. La esperanza como deber: Elpidio es cada joven que no se rinde, cada cubano resiliente que se aferra a la esperanza. Varela nos pide no desesperar ante los males presentes, sino trabajar con la “paciencia del sembrador”.

Estoy seguro que la Cuba que soñamos, libre, próspera y feliz, solo será posible si volvemos a las lecciones de aquel sacerdote que, desde el exilio, nunca dejó de pastorear las almas del pueblo cubano. Seamos todos y cada uno de nosotros como ese Elpidio que soñó Varela: un hijo de la esperanza que funda su libertad sobre la roca inamovible de la virtud.

 

 

Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, España.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

 

 

Scroll al inicio