
El dominio de técnicas realistas se convierte, en las manos del artista cubano Alan Manuel González, en una herramienta para componer poesías visuales.
“La representación realista siempre fue un objetivo natural en mí. La escapatoria hacia el ‘facilismo’ o la ‘experimentación’ tampoco me fueron ajenos en los inicios de mi carrera. Sin darme cuenta, poco a poco, la aceptación del espectador a las mejoras de mi producción con el paso de los años, me confirmaron que, como lenguaje, la representación realista era más eficiente para comunicar y atrapar al ojo, para luego al fin llegar al corazón o la mente de quien contempla la obra”.
Para el artista, graduado de la escuela Vocacional de Artes Paulita Concepción, en 1986, y de la Academia de Artes San Alejandro, en 1990, ambas ubicadas en La Habana, tener el dominio técnico de poder representar realistamente es tan solo como escribir perfectamente las letras del alfabeto.
“Una vez alcanzado esto, solo resta componer una buena poesía visual. Queda entonces aprender a redactar y pensar algo que sea útil y bello, para el momento presente y para las generaciones del mañana. ¡Casi nada!”.
Confrontado ante el sentido de la vida, la búsqueda del hedonismo en sí, siempre le resultó vano, pues alcanzar una obra que tenga a la misma vez belleza y gran contenido simbólico, es su ideal. Confía en que, desde lo contextual, se pueden crear mensajes universales, pues la polisemia hará que cada cual lo reinterprete desde su propia realidad personal.
“Esto es lo que me ha sucedido hasta ahora. Mis obras no han quedado solo entre cubanos, sino que han volado y están regadas por una gran parte del mundo”.
Símbolos legibles
Ser sincero y pintar las cosas que le duelen o motivan de aquella realidad donde habita es el motor que impulsa sus esfuerzos creativos, con la utilización de un lenguaje espiritual y social, histórico y político, intimista y universal, todos al mismo tiempo, como un modo de conversar con aquel que nos dio vida.
“Mi obra es una oración a Dios y a los humanos. Es el de seo de un futuro mejor, la búsqueda de redención y sentido de vida, es testimonio y metáfora de mi existencia. Mi obra no es “realismo” o “hiperrealismo”, sino “símbolos legibles”, con el expreso deseo de que sean interpretados por todos y a todos resulten bellos y útiles”.
Artista por vocación
Entre acuarelas y crayolas, el artista dibujó muy buenos recuerdos de su infancia. Luego, sin siquiera darse cuenta, corría el año 1986, cuando se graduaba de la Escuela Vocacional de Bellas Artes Paulita Concepción, en La Habana, Cuba, donde siendo aún estudiante realizó algunas exhibiciones colectivas.
En 1987, inauguró “Una retreta de hechos”, su primera exhibición personal, en la Galería San Alejandro, La Habana, Cuba. Desde entonces, el artista suma 18 exposiciones personales.
En septiembre próximo, presentará “Deaf Bubble”, en The Americas Collection Gallery, en Coral Gables, Miami.
En octubre, llevará su exposición “Crystal Gazing at Cuba”, a Morehead State University Gallery, en Kentucky, Estados Unidos.
En sus 31 años de carrera como artista plástico, el lienzo ha sido su soporte preferido y, desde el 2000 aproximadamente, la pintura acrílica se convirtió en el medio casi exclusivo con el cual discursa.
Comunicador por convicción
A su primera muestra personal, de carácter intimista (“Una retreta de hechos”, 1987), le siguió la muestra colectiva, en 1988, “S.A”, ambas presentadas en la galería San Alejandro, en La Habana, Cuba, con un marcadísimo carácter de crítica social, que ocasionó revuelo en la Academia de Arte y entre los funcionarios del Partido Comunista que la atendían entonces.
Lo mismo ocurrió con la muestra colectiva con el grupo Arte-Calle, en 1989, “Nueve Alquimistas y un Ciego”, de la galería Sala Talía, en el Vedado Habanero, en la cual, con un marcadísimo carácter de crítica social y política, alcanzó titulares en la prensa internacional y fue motivo de cambio de leyes, para prohibir a los estudiantes exponer en aquel entonces y que ocasionó el despido de funcionarios de cultura.
“Recuerdos bastante turbulentos para un estudiante de 17 años. Mi obra discursaba sobre el apartheid turístico que iniciaba entonces en la isla. Era un mapa físico de Cuba a gran escala, lleno de clavos de los cuales pendían las llaves de las habitaciones de un hotel, con la inscripción ‘Turismo Internacional’, cubriendo y abarcando toda la extensión del territorio, en alusión al monopolio absoluto del Estado en este sector y a la exclusividad ‘internacional’ de su disfrute que, durante décadas, le fue vedado a los cubanos”.
Arturo Castro Barrantes, Editor revista Vida y Éxito.
