La muerte encefálica y los aspectos éticos

¿Ha pensado alguna vez en la muerte? ¿Cuándo moriremos? ¿Cómo? ¿De qué?

Estoy seguro de que estos y otros pensamientos parecidos nos han asaltado a casi todos alguna vez.

Otras cuestiones en que frecuentemente pensamos son: ¿Qué es la muerte? Y ¿cuándo una persona está muerta?

Ambas respuestas están muy relacionadas.

Veamos primero qué es la muerte y como de costumbre, acudimos a la “Real Academia de la Lengua Española” (1) para aclarar este concepto

Del latín mors, mortis.

1.f. Cesación o término de la vida.

Sinónimos:

Defunción, fallecimiento, deceso, óbito, pérdida, desaparición, partida, parca, acabamiento, tránsito, petateada.

Antónimos:

Vida, nacimiento.

2.f. En el pensamiento tradicional, separación del cuerpo y el alma.

3.f. Acción de dar muerte a alguien.

Sinónimos:

Asesinato, homicidio.

4.f. Destrucción, aniquilamiento, ruina. La muerte de un imperio.

Sinónimos:

Fin, caída, ruina, destrucción, desaparición.

Antónimos:

Nacimiento, surgimiento.

5.f. Figura del esqueleto humano, a menudo provisto de una guadaña, como símbolo de la muerte. Se le apareció LA Muerte en sueños.

Sinónimos:

Descarnada, chata, bruta, huesuda, pelona, quirina, calaca.

6.f. coloquial. Cosa o persona en extremo molesta, enfadosa o insufrible.

Seis definiciones de muerte, pero realmente nos interesa la primera: “Cesación o término de la vida”.

La muerte llega cuando la vida acaba. ¿Y cuando acaba la vida? Ante todo, vamos a hacer una breve historia de la evolución de los criterios de muerte.

En la antigüedad se consideraba muerta a toda persona con lesiones incompatibles con la vida(como decapitada, con aplastamiento de cráneo, etc.) o a aquellas que aparentemente no respiraban y no se percibía pulso al palpar sus arterias ni se escuchaba latido cardiaco al aproximar la oreja del examinador al tórax del examinado.

Pero con estos métodos existieron algunos errores, muertos aparentes regresaban a la vida, a veces después de enterrados; personas catatónicas enterradas vivas. A veces, al exhumar el cadáver aterraba encontrarse que el presunto fallecido había luchado para salir del ataúd, sin conseguirlo.

Entonces, para garantizar que la persona realmente estaba muerta, se decidió realizar el velatorio por 24 horas antes de enterrar a un presunto fallecido.

Llegó el siglo XIX, Laennec inventó el estetoscopio que permite escuchar mejor los latidos cardiacos y esto facilitó el diagnóstico y a finales de siglo Einthoven inventó el electrocardiograma, que registra la actividad del corazón. Al inicio eran equipos grandes y complejos, pero evolucionaron y con el tiempo el equipo se hizo más sencillo, pequeño y fácil de utilizar. Ya desde la segunda mitad del siglo XX los hospitales cuentan con equipos manuables y fáciles de transportar y operar, esto facilitó demostrar si existía o no actividad cardiaca en pacientes presuntamente fallecidos.

Pero la aparición de los equipos de respiración asistida, el descubrimiento de drogas capaces de estimular la actividad del corazón y de mantener valores aceptables de presión arterial y la aparición de las Unidades de Cuidados Intensivos con personal médico y de enfermería altamente calificados en la atención de pacientes graves, hizo que personas que hasta poco antes se les podía considerar muertas, prolongaran la vida por un tiempo superior al esperado hasta ese entonces.

Esta prolongación trajo consigo algunos dilemas éticos y asistenciales como si vale la pena mantener indefinidamente con vida a personas que no se tiene esperanza de su recuperación a medio y largo plazo con los gastos de recursos que conlleva y la prolongación del sufrimiento familiar por más tiempo del necesario.

Se reanalizó el concepto de muerte, surgiendo criterios respecto a la necesidad de la redefinición de la muerte y la vida. Para definir el diagnóstico actual de muerte debemos acudir al organismoque tiene la responsabilidad (entre sus múltiples funciones) de elaborar las definiciones en materia de salud en consenso con sus países miembros, la “Organización Mundial de Salud” (OMS) y esta define la muerte como:

“El cese irreversible de todas las funciones cerebrales, incluyendo la actividad del tronco encefálico” (2).

Esta es una definición de consenso y para analizarla es necesario ir por partes:

A.“cese irreversible…” Significa que no hay marcha atrás, es decir, lo que ya no funciona no puede recuperarse.

B.“de todas las funciones cerebrales…” Es decir, de todo lo relacionado con el funcionamiento cerebral. No solo las funciones motoras o sensitivas, también la conciencia, el pensamiento y las funciones inconscientes que incluyen las funciones vegetativas, como la función cardiaca, la endocrina, la digestiva, etc. Exige el cese del control del cerebro y el tronco encefálico respecto a estas funciones.

C.Y esto es importante porque el tercer aspecto a considerar es el cese de las funciones del tronco encefálico. “…incluyendo la actividad del tronco encefálico”.

A modo de ilustración les diré que en la cavidad del cráneo está contenida una parte considerable del Sistema Nervioso Central. Este Sistema Central contiene las estructuras que reciben y analizan la información recogida por los receptores y transmitida por los nervios desde todo el organismo, analiza esta información, toma decisiones que pueden ser conscientes (razonamiento, reacciones psíquicas, etc.) o pueden ser inconscientes cuando se relacionan con la llamada “vida vegetativa” es decir con las funciones automáticas de la vida y que incluyen la digestión, la función cardiovascular, la respiratoria, la endocrina, la urinaria, el ciclo sueño/vigilia, etc.

La actividad motora se relaciona principalmente con actividades conscientes, la decisión de realizar acciones, el habla es consciente por lo general. Pero hay actividades motoras inconscientes, como el temblor por frio o por fiebre.

Las estructuras principales del Sistema Nervioso Central están contenidas en la cavidad del cráneo, que ocupa una gran parte de la cabeza y por eso se les llama “encéfalo” de “en” (dentro) y “céfalo” (cabeza en griego).

El encéfalo incluye:

1. El cerebro; sede de las principales funciones del Sistema Nervioso, como todas las actividades conscientes, pensamiento, lenguaje, sentimientos; así como la llamada “vida vegetativa” que son las actividades inconscientes para el mantenimiento de las actividades necesarias para la vida.  
2. El tronco encefálico (Mesencéfalo, Protuberancia, y Bulbo Raquídeo) que tiene funciones muy importantes en relación con el control de la respiración y la actividad cardiaca, así como con el oído, la función motora del habla, la adaptación de los ojos para la visión a distancia o a diferentes intensidades de luz y esto se refleja en la regulación del tamaño de la pupila, que varía debido a la actividad de estructuras del tronco encefálico.
3. El cerebelo que se ocupa del equilibrio, pero esto no es importante para la definición de muerte.

Este muy breve resumen anatómico y fisiológico es muy importante para el tema que nos ocupa porque la definición de muerte de la OMS es realmente la definición de “Muerte Encefálica”.                               

Importante, la OMS define la muerte como “el cese irreversible de las funciones del encéfalo” y no como el cese de las funciones del cerebro, la Muerte Cerebral, en la que se mantienen las funciones del tronco encefálico.

La muerte cerebral NO se acepta como muerte. Para diagnosticar la muerte es imprescindible demostrar que las estructuras del encéfalo han perdido sus funciones y que está perdida, NO puede recuperarse, que es IRREVERSIBLE.

Esto establece diferencias clínicas y éticas muy importantes entre ambos conceptos. La muerte encefálica debe:

Ser certificada por un grupo de médicos cualificados para ello (Comisión de Muerte Encefálica)
Suspender previamente cualquier tipo de medicamento que pueda falsear los resultados de las pruebas, con tiempo suficiente para que estos medicamentos ya no ejerzan su acción (sedantes, drogas).
Realizar electroencefalograma que demuestre la ausencia TOTAL de actividad en la corteza cerebral.
Demostrar que sin apoyo respiratorio (equipos de respiración artificial) y medicamentos de apoyo cardiovascular, el paciente no puede respirar ni controlar la actividad cardiaca por sí mismo.
Efectuar una serie de pruebas que demuestran que no existe respuesta alguna de las estructuras del tronco encefálico a los diferentes estímulos que procuran estas respuestas. Es de señalar que las pruebas médicas están bien establecidas en los protocolos de diagnóstico oficiales en cada país y que ES OBLIGATORIO realizar todas las pruebas y TODAS tienen que ser negativas, es decir, no presentar respuesta alguna.
Todos los procedimientos anteriores deben repetirse por la misma comisión en un término que se define en cada protocolo y que por lo general es de 24 horas y debe demostrarse de nuevo la ausencia TOTAL de actividad encefálica (cerebro y tronco encefálico).
Una vez realizadas todas estas acciones es que puede certificarse la muerte del paciente.

Desde luego, todo este proceso se aplica SOLAMENTE a personas hospitalizadas con apoyo respiratorio y cardiovascular, que mantienen funcionando estos sistemas.

En caso de fallecidos que no estén unidos a equipos de respiración artificial ni estén recibiendo apoyo con medicamentos de este tipo, se procederá a certificar la muerte por la ausencia de respiración; la ausencia de latido cardiaco, de pulso y de presión arterial y la dilatación de la pupila de los ojos que no se modifica cuando le aplicamos una fuente de luz.

Siguiendo los criterios establecidos, de los que les brindamos una breve visión, puede certificarse, sin margen de error, el momento de la muerte de un paciente con muerte encefálica y proceder en consecuencia.

La muerte tiene secuelas y varias de estas incluyen los aspectos éticos en relación con la muerte encefálica, la llamada “muerte digna”, la “eutanasia”, etc. Y les prometo tratar los aspectos éticos en otro artículo.

Referencias

(1) muerte | Definición | Diccionario de la lengua española | RAE ASALE.

  • Antonio Manuel Padovani Cantón (Pinar del Río, 1949).
  • Médico. Profesor de medicina interna. Abogado.
  • Reside en Florida, EE.UU.
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