Antes de aprender a pintar, ya observaba el mundo como si cada detalle escondiera algo sagrado.
Crecí con esa forma de mirar. Di mis primeros pasos en Yara, Granma donde nací el 5 de septiembre de 1992, y luego entre distintos lugares de Cuba, siempre cerca de la naturaleza. El mar, los árboles y ese silencio profundo que solo existe en o natural fueron formando en mí una sensibilidad particular. Con el tiempo entendí que no era solo un entorno: era una manera de percibir la vida.
Desde muy temprano fui inquieto, con una conexión constante hacia lo espiritual y hacia ese impulso interior que se parece a la fe. Me interesaba ver cómo algo que nacía con una conexión constante hacia o espiritual y hacia ese impulso interior que se parece a la fe. Me interesaba ver cómo algo que nacía en la mente podía transformarse en materia. Esa relación entre idea y forma fue, sin saberlo entonces, el inicio de mi camino artístico.
Mis primeros intentos estuvieron vinculados a la música, pero pronto descubrí que no era el lenguaje que me definía. Fue durante la secundaria cuando las artes plásticas aparecieron con más fuerza. Al asistir a la Casa de Cultura de mi municipio junto a algunos amigos. Desde ese momento, el dibujo y la pintura comenzaron a ocupar un lugar central en mi vi
A los 15 años ingresé en la Escuela de Instructores de Arte, en la especialidad de Artes Plásticas donde mi relación con el arte se profundizó de manera decisiva. Más tarde, a los 20 años, continué mi formación en la Universidad cursando la Licenciatura en Instructor de Arte en la misma especialidad. Aunque me gradué ejercí como profesor solo por un período corto, ya que sentí la necesidad de dedicarme completamente a la creación artística.
En mi obra trabajo principalmente temas relacionados con la conexión del ser humano con lo divino, la infancia como estado de pureza espiritual, la fe, la esperanza y elvínculo profundo entre el hombre y la naturaleza. La figura humana especialmente la infantil, es el eje central de mi trabajo. A través de ella exploro acciones cotidianas cargadas de simbolismo, donde la inocencia se convierte en un puente hacia lo espiritual. Los elementos naturales -flores, paisajes, hojas secas- aparecen como extensiones de ese mismo diálogo interior.
Me interesa que el espectador, al enfrentarse a mi obra, experimente una conexión inmediata con lo espiritual, con la parte más sensible de su ser, incluso antes de intentar comprenderla racionalmente.
Mi proceso creativo comienza siempre con una idea, que en ocasiones se fusiona con otras hasta dar lugar a una imagen más compleja. Esa idea inicial se convierte luego en boceto, donde ajusto composiciones, figuras y contrastes. Acercándomeprogresivamente a lo que será la obra final. Posteriormente busco personas reales que interpreten los personajes, realizo sesiones fotográficas y, a partir de ese material, construyo la pintura definitiva. Soy muy estricto con mi organización y disciplina: suela trabajar alrededor de 12 horas diarias. Aun así, el proceso no es rígido; algunasimágenes cambiar durante la ejecución, va que la obra exige adaptarse para transmitir con precisión lo que necesito expresar.
La fe es un elemento esencial en todo lo que hago. No solo como creencia, sino como estructura interna de mi visión artística Considero que el detalle hiperrealista no es un fin en sí mismo, sino una forma de revelar, a través de la pintura, la complejidad y la genialidad de lo divino.
Para mí, el hiperrealismo representa el máximo nivel al que puede aspirar la pintura: una combinación entre técnica depurada, atención extrema al detalle y un mensaje claro. Es un lenguaje que me permite acercarme a lo que considero esencial en la representación visual
Trabajo principalmente en gran formato, un espacio que me permite profundizar en los detalles y dar mayor presencia a las figuras. En ese proceso no siento únicamente que estoy realizando una pintura sino que de alguna manera formo parte de ella.
En conjunto, mi trabajo es una búsqueda constante: una forma de explorar lo visible para intentar comprender lo invisible.
En mi obra reciente he desarrollado un elemento que se ha convertido en un eje central de mi lenguaje visual: los ojos. Pinto ojos dentro de los cuales se desarrollan escenas completas, como si fueran pequeños universos contenidos en la mirada. En ellos encuentro un espacio simbólico donde lo interior y lo exterior dejan de estar separados.
Esta idea se vincula con una reflexión del libro El hombre más rico de Babilonia, donde se sugiere que los seres humanos poseen “cristales” en los ojos, y que esos cristales determinan la forma en que vemos el mundo. Esta noción me resulta profundamente significativa, porque refuerza la idea de que la mirada no es fija ni objetiva, sino una construcción personal, cambiante v viva.
En mi obra, los ojos no representan únicamente lo divino. Sino también la manera única en que cada persona interpreta la realidad que lo rodea. Son un punto de encuentro entre lo espiritual y lo humano, entre lo que se percibe y lo que se siente En cierto sentido, se han convertido en una firma conceptual de mi trabajo: un lugar donde la imagen no solo se observa, sino que también sucede.
- Yoendris Carel Pérez Barzaga (Manzanillo, 1992).
- Licenciado en Educación.
- Bachiller en Humanidades e Instructor de Arte en la Especialidad de Artes Plásticas.

