Familia y transición en Cuba

En la Cuba de hoy es fácil palpar lo agravado que está la situación de la familia cubana en el interior de la Isla, así como en la Diáspora en cuanto a las rupturas y adversidades causales que subyacen y permanecen después de emigrar.

Décadas de dominación, ataque y adoctrinamiento ideológico, crisis económica y espiritual nos han distanciado de la solidez y el lugar que debe ocupar la institución familiar en la sociedad.

Sin embargo, si bien la familia se encuentra profundamente dañada, su supervivencia responde a una cultura y valores que la ha sostenido en muchos casos durante largos años.

Los valores asociados a la fe, fundamentalmente cristiana, arraigados en nuestra historia como Nación, son parte de nuestra cultura, fueron y siguen siendo hoy soporte e inspiración para muchos cubanos, y estos valores son como unos resortes que mantienen la esperanza y la vida de nuestra Nación.

Expresiones como: La familia; “es lo primero”, “uno no escoge la familia, pero debe valorarla”, “Cuida a tu familia”, “El que no respeta y cuida de ella, no respeta ni puede cuidar de nadie”, “Dios, bendice a mi familia” entre otras, hsblan de sentimientos que alientan, que nos demuestran que no todo se ha perdido.

Cuba despierta y, bajo el dolor de esta última etapa de carencias, distancia de sus seres queridos, enfermedades y muerte, debemos incorporar la lección que emana de la destrucción que nos ha dejado una ideología de odio, división de clases y opresión, que han trastornado las mejores de las voluntades, y desviado a hombres justos y de familia hacia la peor de las improntas, guiados por líderes que la tiranizaron para el beneficio de unos pocos y la perdición del resto, muy lejos del proyecto fundacional de una Nación “Con todos y para el bien de todos”. Cómo propuso el Apóstol José Martí.

Ante la necesidad urgente de un cambio político, que a su vez de paso a los cambios económicos e institucionales que garanticen una nueva vida en libertad y democracia, la familia seguiría siendo esa pieza fundamental en la vida del país, de cara a su recuperación material y espiritual.

Para ello comparto algunos elementos que, en mi opinión debemos trabajar psra avanzar en la dirección correcta:

Es necesario trabajar desde el primer día después del cambio, para restablecer los derechos y las oportunidades para un nuevo actuar de las familias, capaces de sanar y recuperar desde su protagonismo esta realidad, dejando atrás su estado de supervivencia primitiva y elemental, para ocupar el espacio de ser generadora de vida, valores espirituales, valores materiales; (realización de un negocio, apoyo material para la formación profesional), respeto por la libertad individual y fuente inagotable de cuidado y amor por los suyos. En ese sentido Cuba dispone de un amplio espectro de formación cívica actual, a través de un amplio trabajo pedagógico con base en más de tres décadas de experiencia que el Proyecto Convivencia ha publicado y titulado: “Ética y Cívica”, que son cursos guiados por una pedagogía participativa, liberadora y formadora de conciencia moral, que puede transformar a todos los niveles en nuestra sociedad y su capacidad e iniciativa de participación personal y social. Estos cursos están diseñados para fortalecer la sociedad civil y la ciudadanía sin responder a un programa político partidista, ni ser proselitista en cuanto a la naturaleza espiritual de sus contenidos.

Tal como se propone en el libro ya citado anteriormente de “Ética y Cívica” (p. 57, inc g: “La familia y la sociedad, vinculadas mutuamente por lazos vitales y orgánicos, tienen una función complementaria en la defensa y promoción del bien de la humanidad y de cada persona”.

Una familia es una célula fundamental, pero no por ello es una estructura cerrada, al contrario es una estructura con definición propia (Identidad), su entorno tiene un impacto directo sobre ella y ella, a su vez, impacta sobre su entorno, ese fenómeno de intercambio es un proceso cuidadoso donde debemos ser respetados y debemos ejercer nuestros derechos a cuidados vitales, ya sean actividades materiales, espirituales, económicas y (o) costumbres, pero a su vez ella se sabe parte fundamental de un todo general, es decir la sociedad.

La sociedad civil, el pluralismo político en su actuar, no deben temer a la comunidad politica en el poder, ni el Estado debería representar una amenaza a la existencia misma de ella y en caso que lo fuera en algún momento la familia como estructura e institución reclamará su protagonismo y fuerza para cambiarlo.

En un futuro, ya cercano, de libertad, competencia y mercado respaldados por la propiedad privada en todo su esplendor y naturaleza, deben verse como aliados, son herramientas indispensables para la consecución de nuestros objetivos de carácter individual y comunitarios, en el que cada familia es una pequeña comunidad.

No partimos de un punto perfecto, ninguna transición lo es, ninguna familia tampoco. Pero indiscutiblemente la transición es un punto de cambio que nos abre oportunidades para hacerlo, proponerlo y practicarlo mejor. Cada persona en su relación de familia puede hacerlo de similar manera.

Vivamos una transición de crecimiento familiar a la vez que trabajamos en lo económico, social y político. Indiscutiblemente nuestra recuperación transicional nos propone e invita a trabajar intensamente y es necesario y bueno hacerlo y tener esa oportunidad. Ante ello es necesario el discernimiento y y escoger bien las prioridades que alcancen un buen equilibrio entre el esfuerzo por lograr metas económicas y el cuidado afectivo- espiritual propio. Nuestra es la responsabilidad para que salgamos fortalecidos en ello:

Dedicando tiempo, como padres o tutores, con nuestros hijos, fomentando las buenas costumbres y las virtudes en el hogar.

La calidad en la formación de los hijos, y el acompañamiento de los padres en su formación académica y espiritual, seguirá siendo fundamental para una buena orientación y desarrollo del grupo familiar. También nuestra cercanía y cuidado con nuestros progenitores y el adulto mayor que es basamento y pilar de toda la comunidad familiar. Todo ello debe ser cultivado.

El cambio nos propiciará amplias oportunidades en el crecimiento de las Iglesias, grupos fraternales y un ambiente de libertad religiosa que va a ofrecer oportunidades y herramientas valiosas en el progreso de la familia dentro de un Estado laico, que reconocerá los fundamentos espirituales y religiosos de la Nación y acompañe a todos sus hijos de buena voluntad en el progreso de la misma. A su vez, incorporemos la lección constructiva que nos lego en su visita San JuanPabloII: “Cuba cuida a tu familia para que mantengas sano tu corazón”.

Abracemos la libertad y alimentémosla con nuestra responsabilidad, nuestro trabajo y nuestro cuidado por ella ante cada oportunidad de hacerlo mejor. Que Dios nos acompañe.

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