
En la economía cubana resulta muy complicado realizar un análisis de coyuntura como en otros países del mundo. El analista se tropieza con dos problemas de difícil solución. En primer lugar, el retraso en la publicación de los datos. Todavía, cuando ya estamos en el quinto mes de 2026, en la web de la Oficina Nacional de Estadística se mantiene el anuario del año 2024, inútil para realizar una valoración del estado actual de la economía. En segundo lugar, la limitada cantidad de datos que se dispone. Salvo el IPC o los turistas que llegan al país, no se dispone de otras informaciones de periodicidad mensual o trimestral, lo que hace inviable formalizar una visión general del estado de la economía sino tan solo análisis de escenarios parciales.
Esta falta de datos se proyecta a las publicaciones internacionales, como los informes de CEPAL, en los que suelen existir ausencias de datos de la economía cubana en buena parte de los cuadros sobre todo en los relacionados con la economía internacional y las finanzas.
De modo que, en ausencia de indicadores de coyuntura económica, el análisis continuo de la economía cubana se debe dirigir a otras fuentes de información que ayuden a comprender lo que está ocurriendo. En la última sesión ordinaria del consejo de ministros del régimen castrista, celebrada a finales de abril, se trasladaron algunos mensajes relacionados con la evolución de la economía que pueden ayudar a formalizar un análisis.
Este es el objetivo de este trabajo que trata de introducir una perspectiva para entender el escenario de la economía cubana en el primer cuatrimestre de 2026. Un momento especialmente complejo en que las autoridades de La Habana se encuentran ante una presión muy fuerte para promover cambios políticos y económicos que ayuden a superar la parálisis energética y productiva del país.
Y realmente, hay dos referencias que enunciadas en el consejo de ministros pueden ayudar a interpretar el actual escenario.
En primer lugar, el ministro de economía y planificación empezó haciendo lo imposible, básicamente evaluar el comportamiento de la economía al cierre del primer trimestre, sin ofrecer ni un solo indicador relativo al comportamiento de las principales variables.
Sin embargo, causó sorpresa cuando reconoció que el principal problema de la economía cubana en este primer trimestre ha sido la programación monetaria, con un incremento de la cantidad de dinero en circulación.
¿La razón? Sencilla. La expansión monetaria provoca la inflación. El Índice de Precios al Consumidor IPC que elabora la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, ONEI registró en abril una tasa de variación interanual del 14,73%, claramente superior a la registrada en los meses de enero a marzo.
Para el ministro, se estaba observando un nuevo repunte de la inflación, pero lo que realmente ha ocurrido es una aceleración e intensificación de las presiones inflacionistas en la economía. Y, sobre todo, se mantiene una injustificada resistencia a la baja de la inflación, teniendo en cuenta que todavía en abril de 2023 alcanzaba una tasa interanual del 46,4%, se había venido produciendo una desaceleración en ese indicador.
Con una economía en caída libre, según la CEPAL el PIB bajará en 2026 un 6,5%, y ya lo hizo en un 3,8% en 2025, la influencia de los componentes de la demanda agregada privada en la inflación es limitada. De modo que el aumento de los precios en Cuba tiene que venir provocado por factores de oferta, con especial atención a los precios de los productos agropecuarios, un aumento del 18,16%, que por la escasez estructural de las cosechas se disparan al alza con cualquier nivel de demanda. Y, por otro lado, el componente del precio de los Transportes, con una tasa interanual del 21,51%, que a su vez se traslada al conjunto de la economía vía función de costes. Alimentos y Transporte presagian tendencias inflacionistas al alza durante el ejercicio, acentuando el cuadro de estanflación que caracteriza a la economía cubana.
Con esta explicación de las alzas de precios en la economía, más de uno se queda con ciertas dudas, sobre todo cuando no rigen las condiciones de oferta y demanda como ocurre en la economía de planificación central de Cuba.
Entonces, ¿Qué es lo que alimenta la expansión monetaria y la subsiguiente inflación en la economía cubana? ¿Por qué se alcanzan esos aumentos de precios tan elevados?
Para encontrar explicación a este fenómeno hubo que escuchar, en la misma sesión del consejo de ministros, al responsable de finanzas y precios al abordar el Informe de ejecución del presupuesto del Estado al cierre del mes de marzo de 2026. Allí se destacó que el resultado presupuestario ha presentado un déficit superior al planificado debido, fundamentalmente, al incumplimiento en los ingresos netos. Es decir, el estado comunista gasta más de lo que ingresa, y renuncia a ser un factor que apoye el ahorro y la eficiencia de los recursos.
Sin embargo, surgen cuestiones de cierto interés, ya que mientras que el estado central mantiene una posición deficitaria, los órganos locales del poder popular alcanzaron en el primer trimestre del año un superávit superior a los 4.000 millones de pesos, con seis provincias superavitarias: Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Mayabeque, Matanzas y Villa Clara, y otros 60 municipios de todo el país.
La combinación de un estado central deficitario y una organización municipal superavitaria ofrece un ejemplo más del fracaso del modelo de planificación central que no es capaz de lograr un equilibrio de las cuentas agregadas de la actividad estatal y local. Los ingresos de los presupuestos locales y de la seguridad social, se sobre cumplieron al 6% y al 10%, respectivamente, sin embargo, habría que preguntarse por qué los ingresos brutos planificados del estado central cerraron al 89%, un 11% menos de lo planificado, entre enero y marzo.
El ministro justificó la caída de los ingresos al presupuesto central por “las limitaciones impuestas al país, agudizadas por el bloqueo energético, que han restringido los ingresos procedentes del impuesto especial a los combustibles y sobre las utilidades de las entidades económicas; los ingresos no tributarios, resultado de los incumplimientos de los dividendos; y la mengua en el impuesto especial a los cigarrillos”. Lo mismo de siempre.
De la combinación de un déficit estatal descontrolado y una subsiguiente expansión monetaria surge el círculo vicioso de la economía cubana. El estado central recauda cada vez menos ingresos por impuestos, pero mantiene el gasto inalterado y eso genera déficit superior al previsto. Y aquí viene la segunda cuestión, y es que, detrás del déficit, que se financia emitiendo papel moneda, está la expansión monetaria denunciada por el ministro de economía, un incremento de la cantidad de dinero en circulación para la que, incluso, se emiten los nuevos billetes de alta denominación de 2.000 y 5.000 pesos. Todo ello provoca más inflación, y, sobre todo, estructural, porque el Estado sigue representando más del 65% del PIB de la economía y ejerce un peso descomunal sobre la actividad económica. A resultas de estas alzas de precios que empobrecen a la población, la cotización del peso cubano con respecto a las principales divisas se hunde.
La descripción de este círculo vicioso permite constatar que los problemas de la economía cubana reconocidos por los ministros de economía y planificación y de finanzas y precios en el consejo de ministros de abril, tienen que ver con la organización del modelo económicobasado en la planificación central y el predominio del estado en la economía. De ahí que la solución que parece evidente es la necesidad de cambiar ese modelo o reducirlo a la mínima expresión, abriendo espacios para que la actividad económica privada y competitiva ocupe su espacio propio.
El viceprimer ministro y titular de comercio exterior y la inversión extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga, intervino en la sesión del consejo de ministros para lanzar un análisis crítico del comportamiento de la economía en el primer trimestre de 2026, señalando que “la importancia de que cada cual en su frente tenga la capacidad y la visión de pensar como país y de transformar los métodos que tenemos para la solución de los problemas”.
No creemos que esa es la solución para superar el círculo vicioso de la economía, sino promover su eliminación y reemplazo por un modelo económico similar al que rige en todos los países del mundo. A Pérez-Oliva Fraga le faltó valor para llegar al final y se limitó a sugerir que “en la medida que los métodos tradicionales no nos están dando resultados; por tanto, hay que actuar con mayor iniciativa, con propuestas diferentes, buscando mecanismos que se atemperen a las condiciones actuales, y sobre todo olvidándonos del límite de nuestras empresas, de nuestras entidades, y pensando en los beneficios que puede tener para el país cualquier decisión que adoptemos”. Todo eso, dentro del modelo que rige la economía cubana, es una pérdida de tiempo, un esfuerzo baldío que no da resultados.
Surge así un mantra castrista que insiste en que hacen falta nuevas iniciativas, incluso asociadas a resolver las propias limitaciones y resolver problemas organizativos, que no conduce a ningún sitio porque no atiende a la modificación del Título V de la constitución comunista de 2019.
Marrero intervino en la sesión para decir que “la gestión económica tiene que estar a la altura de los tiempos complejos que estamos viviendo y ver, en medio de todas estas circunstancias, de estas complejidades, cómo cada cual se reinventa, cada cual busca vías, soluciones alternativas, porque hay un sinnúmero de cosas que se podrían hacer y no siempre se están haciendo”.
Sinceramente, ese “sálvese quien pueda” que propone Marrero es de lo peor que se puede recomendar en un sistema jerárquico e intervencionista, donde siempre se espera la decisión de arriba para actuar en una dirección concreta.
Y ya llegando al límite, el gobierno castrista se saca de la chistera un anteproyecto de Ley de Organización de la Administración Central del Estado que anuncian para los próximos meses.
Este anteproyecto se queda a años luz de lo que necesita la obsoleta e incompetente económica castrista, porque en contra de lo que se dice, es más una salida coyuntural a la actual situación deficitaria, que una iniciativa real para modificar en profundidad los organismos de la administración central del Estado.
La estructura administrativa central y las estructuras subordinadas, así como el sistema empresarial relacionado con estos organismos se alimenta de las reglas de la planificación central comunista y la ruptura con las reglas de la oferta y demanda del mercado. Ello implica que el cuerpo del Estado se convierte en un poderoso conglomerado de productos, servicios, políticas, influencias y funciones que escapa de cualquier efecto de las políticas públicas.
Por eso, que en este anteproyecto la única medida que ha trascendido es que baja el número de organismos del Estado central de los 27 a 21 no deja de ser una broma de mal gusto porque no va a resolver nada.
El argumento de Marrero de que “un país pequeño, un país con una situación tan compleja, no puede tener una estructura tan grande, tanta burocracia, lo cual hace que los procesos no sean eficientes, por lo que requieren un diseño diferente” lleva razón, pero el paso que han dado los comunistas cubanos no representa los cambios que realmente se tienen que implementar, ya que se requiere ir mucho más lejos, aunque sea un proceso complejo, pero necesario.
- Elías Amor Bravo.
- Analista cubano y especialista en formación profesional y empresarial.
- Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.
- Máster en Gestión Pública Directiva.
- Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia.
- Reside en Valencia, España.
