Editorial 112: EL TIEMPO ES LA VIDA DEL PUEBLO

Convivencia desea reflexionar sobre el significado profundo y decisivo del tiempo. En efecto, con demasiada frecuencia, se juega con el tiempo como si fuera un adjunto de nuestra existencia. Se pide tiempo, se compra tiempo, se prometen tiempos y se pierde el tiempo

El tiempo no es un aditivo, ni un complemento, ni algo secundario que se puede manipular, alargar, corregir, según los intereses económicos, políticos, sociales o particulares, sean de una persona, de un grupo o de un gobierno.

El tiempo es consustancial con nuestra condición humana. Es la forma de medir nuestra vida terrenal, pero el tiempo es también la única oportunidad de ser, de querer, de obrar, de crecer, de desarrollarnos, de crear, de compartir, de disfrutar. Cada ser humano tiene un único e irrepetible tiempo de vida. Y ese tiempo de vida es sagrado. Debe ser inviolable, inalienable, imperdible.

La vida y, por lo tanto, el tiempo en que vivimos, es el primer derecho humano que garantiza y condiciona todos los demás derechos, libertades y responsabilidades. De ahí su importancia y respetabilidad irrenunciable.

Dicho esto, nos preguntamos:

En el plano personal.

¿Por qué nos dejamos arrebatar el único tiempo de nuestra vida?

¿Por qué dilapidamos nosotros mismos la irrepetible oportunidad de nuestro tiempo de existencia?

¿Por qué le hacemos perder el invaluable tiempo de vida a los demás sabiendo que ese tiempo perdido jamás se recuperará?

En el plano social.

¿Por qué maltratamos el tiempo de los demás con trámites burocráticos, gestiones baldías, esperas sin sentido ni razón?

¿Por qué las instituciones, los organismos, las Iglesias, los otros grupos de la sociedad civil, violan o irrespetan el derecho a usar bien nuestro tiempo?

¿Por qué hay en nuestra sociedad un número creciente de personas que vagan sin tiempo ni dirección, como si esta vida fuera esperar a que se termine nuestro tiempo?

En el plano político.

¿Por qué un régimen se perpetúa en el tiempo haciéndole perder el único tiempo de vida a su pueblo que sobrevive como si la existencia humana fuera eterna?

¿Por qué los ciudadanos nos dejamos arrebatar cruelmente el único tiempo de vida en esta tierra haciendo caso a falsas promesas, proclamas para resistir en la no vida y los macabros juegos internos para ganar tiempo para vivir sobradamente ellos mientras muere el pueblo al que oprimen haciéndole perder la única vida que tenemos?

¿Por qué se prometen plazos para el cambio, y se alargan y se manipulan nuestros meses y años de existencia infrahumana, cayendo en estrategias electorales o intereses económicos sin tener en cuenta que un año, un mes, un día, en la vida de los cubanos, y de todo ser humano, es tiempo sagrado que Dios nos regala, es un derecho inalienable y es la única oportunidad para desarrollar y disfrutar de nuestra existencia terrenal pasajera y limitada?

Digámoslo claramente: ninguna persona, ninguna institución, ningún gobierno interno ni externo, tiene derecho a jugar con el tiempo de los seres humanos. Es un crimen de lesa humanidad manipular, malgastar o irrespetar el tiempo de las personas y de los pueblos por mantenerse en un poder que no se les ha otorgado, o por unos intereses económicos mezquinos, o por geoestrategias que buscando una falsa y frágil estabilidad interna o regional juegan cruelmente con plazos, promesas o medidas que sólo agravan el tiempo de los seres humanos haciéndolos invivibles.

Jugar con el tiempo irreversible de las personas y los pueblos es una de las más irreparables violaciones de los derechos humanos.

 

Pinar del Río, 15 de agosto de 2026

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