Devolver la dignidad a los rostros marcados por los años

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

Cruzarse con el amor hecho obras en medio de la precariedad siempre será un impacto que sacude la conciencia. Eso es lo que se experimenta al traspasar el umbral del Hogar de Ancianos Santovenia en La Habana. En ese remanso de paz y dignidad perteneciente a la Iglesia católica y gestionado por las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, la fragilidad humana encuentra un escudo frente al desamparo. En una sociedad golpeada por la escasez generalizada y una crisis estructural severa, el trabajo silencioso de esta congregación religiosa no es únicamente valioso, es una bendición indispensable que salva vidas y devuelve la sonrisa a quienes la vida cotidiana les ha ido arrebatando casi todo.

Las religiosas atienden a cada anciano sin distinción alguna, ofreciendo un refugio donde la calidez humana supera la carencia de recursos materiales. Ese espíritu compasivo no es producto del azar. Encuentra su raíz directa en la huella indeleble de Santa Teresa de Jesús Jornet Ibars, patrona de la ancianidad. La santa española comprendió con lucidez que en el rostro consumido del anciano abandonado habita la presencia misma de lo divino. Ella legó a sus hijas espirituales la misión de cuidar con ternura maternal a los abuelos en el crepúsculo de sus vidas. Allí, en los largos y limpios pasillos de Santovenia, ese mandato cobra una vigencia conmovedora y urgente.

​La realidad cubana actual muestra un panorama demográfico sumamente complejo. Cuba se ha convertido en una de las naciones más envejecidas del continente americano, un fenómeno acelerado por la emigración masiva de jóvenes que deja tras de sí una población mayoritaria de la tercera edad, desprovista en muchos casos de redes de apoyo familiar directo. Frente a esta vertiginosa transformación demográfica, salta a la vista la ausencia de políticas públicas integrales y eficaces enfocadas en el envejecimiento. Los abuelos cubanos sufren el impacto de pensiones devaluadas que no alcanzan para cubrir ni siquiera las necesidades básicas, la escasez severa de medicamentos esenciales y una infraestructura de cuidados estatales desgastada e insuficiente. También, más allá de lo material, la soledad golpea duramente.

En medio de ese panorama, junto a la labor de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados y de otras congregaciones religiosas, organizaciones caritativas y la labor social de la Iglesia, de forma general, coexisten iniciativas de estudio y visibilización como las del Observatorio de Cuidados y Envejecimiento Cuido 60. A través de una rigurosa labor de análisis, divulgación e investigación sobre los derechos, el envejecimiento y los cuidados en la Isla. La mirada imprescindible de Cuido 60 nos alerta sobre la vulnerabilidad extrema que enfrenta la tercera edad cubana y subraya la necesidad de situar los cuidados en el centro del debate público y ético. La documentación constante de estas realidades es el primer paso para exigir responsabilidades y proponer alternativas sostenibles.

​Pensar en el futuro de los abuelos en Cuba exige un compromiso ético profundo que trascienda la mera subsistencia. El horizonte de la vejez en la Isla no puede seguir siendo sinónimo de abandono, soledad o sobrevivencia angustiosa. El futuro de los adultos mayores requiere con urgencia una transformación radical del modelo de protección social.

En el futuro de Cuba es imperativo diseñar e implementar políticas públicas inclusivas que garanticen pensiones dignas, acceso universal y efectivo a servicios de salud especializados, así como desarrollar sistemas comunitarios de cuidado que complementen la indispensable labor de la sociedad civil.

​Es urgente que el país reconozca el valor social acumulado en la memoria y experiencia de sus abuelos. Ellos sostuvieron la vida cotidiana durante décadas y merecen transitar su ancianidad rodeados de respeto, seguridad y afecto. El futuro debe garantizar que la atención a la tercera edad sea entendida no como un gesto asistencialista ni como una carga, sino como un derecho humano fundamental que una sociedad madura está obligada a proteger con responsabilidad. El Centro de Estudios Convivencia (CEC) ha estudiado esta importante temática y ha publicado los resultados y propuestas de ese estudio en el XIII Informe del CEC: “El cuidado de las personas mayores en el futuro de Cuba: visión y propuestas”, disponible en: https://centroconvivencia.org/propuestas/

​El ejemplo del Hogar Santovenia y la entrega incondicional de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados marcan el camino a seguir. Ellas demuestran diariamente que la solidaridad y la caridad activa pueden transformar la desesperanza en luz, devolviéndole la dignidad a los rostros marcados por los años.

Honrar a Santa Teresa de Jesús Jornet implica transformar su mensaje de caridad en una causa colectiva por una Cuba donde envejecer no sea una condena al olvido, sino el justo descanso rodeado de la dignidad que todo ser humano merece.

 

 

 

 


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
  • Licenciado en Microbiología por la Universidad de La Habana.
  • Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia. Responsable de Ediciones Convivencia.
  • Reside en Pinar del Río.

 

 

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