El país que ya se piensa: Tres certezas tras una conversación plural

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

El debate era complejo y encendido: el derecho al voto de la Diáspora cubana en unas futuras elecciones libres en la Isla. Sobre la mesa se cruzaban argumentos jurídicos, emocionales y pragmáticos. Sin embargo, al margen de las posturas encontradas, por supuesto que imprescindibles en cualquier ejercicio democrático, lo verdaderamente revelador de aquella velada entre amigos no fue el desacuerdo, sino el terreno común sobre el que todos pisábamos sin darnos cuenta.

​Al escuchar con atención la dinámica del grupo, me asaltó una certeza iluminadora fundada en tres constataciones que merecen ser reflexionadas.

​La primera: el cambio no es un dilema; es una certeza. Lo primero que saltaba a la vista era la premisa implícita en cada intervención. Nadie perdió un solo segundo debatiendo si las cosas van a cambiar o no en Cuba. La caducidad del modelo actual no se discutía; se asumía como un hecho consumado. Cuando una sociedad deja de preguntarse si el cambio es posible y pasa a debatir cómo se organizará el día después, la transformación ya ha comenzado en las mentes. Se ha superado la etapa del escepticismo paralizante para entrar en la de la preparación. Eso es siempre lo que más ha preocupado en el caso cubano, y hoy casi que podemos asegurar que el miedo cambió de acera y el futuro, aunque no exento de incertidumbres, se vislumbra en un horizonte no tan lejano.

​La segunda viene a demostrarnos una vez más que la esperanza no es una carrera de velocidad, sino de fondo, un ejercicio de resiliencia a largo plazo. Que un grupo heterogéneo de cubanos se reúna a proyectar el futuro democrático de su nación demuestra que la esperanza sigue viva. No se trata de un optimismo ingenuo, sino de un empeño cívico. Tras décadas de intentos sistemáticos por aplastar cualquier atisbo de fe en el futuro, la reserva moral del cubano pareciera que permanece intacta. Nos han quitado libertades de todo tipo, recursos y hasta años de vida, pero no han podido erradicar la vocación de futuro, la visión y el proyecto.

​En tercer lugar sorprende y reconforta comprobar la solidez de la cultura política que aflora en este tipo de discusiones. El “animal político”, sobreviviente del adoctrinamiento, resucita tras más de seis décadas de ideologización en las escuelas y tras la ausencia total de una asignatura de educación cívica plural. El cubano no ha perdido el olfato democrático. Lo que estaba silenciado por prudencia en unos casos, y por acomodamiento en otros, sale a debate. Basta con poner sobre el tapete un tema trascendental para que emerja ese “animal político” interior: la capacidad de argumentar, de apasionarse por el derecho, las leyes, la libertad y por vislumbrar instituciones democráticas.

La intuición de la libertad ha resultado ser más fuerte que cualquier programa de ingeniería social. Sin encuestas, sin estudios académicos, pero es un sensor para medir que este es el tiempo de la sociedad civil en Cuba, que es la hora del cambio, que es el preámbulo de la verdadera libertad.

El debate sobre el voto de la Diáspora, entre personas que no somos políticos propiamente hablando, sino ciudadanos comprometidos, no es solo una discusión electoral, sino el ensayo general de la responsabilidad y la reconciliación nacional.

Discutir sobre el voto en el exterior, como sucedió en este caso, no es un ejercicio abstracto; es reclamar la pertenencia a una misma comunidad nacional, sin importar las geografías del exilio. Es enarbolar el concepto que Convivencia viene tratando hace más de dos décadas: Cuba y sus dos pulmones, Isla y Diáspora, una sola Nación.

Si de algo sirvió aquella conversación vespertina, fue para confirmar que el país del futuro ya se está pensando en el presente, y que la ciudadanía cubana, dentro y fuera de la Isla, está mucho más preparada para la democracia de lo que sus detractores quisieran admitir.

El cambio de mentalidad es el verdadero primer paso hacia cualquier transición democrática. ¡Avancemos, que el día de la libertad se acerca!

 

 

 

 

Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).

Licenciado en Microbiología por la Universidad de La Habana.

Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.

Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.

Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.

Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia. Responsable de Ediciones Convivencia.

Reside en Pinar del Río.

 

 

 

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