DISCURSO DE AGRADECIMIENTO DE LEO BROUWER CON MOTIVO DE LA CONCESIÓN DE LA MEDALLA IGNACIO CERVANTES 2025 DEL CENTRO CULTURAL CUBANO DE NUEVA YORK

Desde su fundación en 1972, y luego su reincorporación en 1997, el Centro Cultural Cubano de Nueva York se ha dedicado a reconocer, enaltecer y promover el talento de nuestros mejores creadores. Ante la arrolladora presencia y difusión mundial de la música popular cubana, la institución quiso dar atención especial a nuestra música clásica, promoviendo la obra y el talento de artistas cubanos en este género, a veces desconocidos entre nuestros propios compatriotas.

La Medalla Ignacio Cervantes fue concebida hace 25 años, precisamente, para rendir tributo a la trayectoria artística de aquellos compositores e intérpretes cubanos de música clásica que, por su extraordinario talento e invaluable aporte a nuestro acervo cultural, merecían un reconocimiento especial. Y nada más emblemático que crear un galardón en memoria de nuestro gran compositor decimonónico Ignacio Cervantes, símbolo de nuestra identidad nacional. La primera en recibir la Medalla fue la gran y legendaria pianista guantanamera Zenaida Manfugás, quien sentó una tradición dando un concierto celebratorio en la Sala Weill del prestigioso Carnegie Hall. Desde entonces son nueve los que han sido debidamente premiados, incluyendo a Juana Zayas, Ivette Hernández, Santiago Rodríguez, Tania León, Paquito D’Rivera, Aurelio de la Vega, Flores Chaviano y, este año, el guitarrista y compositor Leo Brouwer, en homenaje a su prodigioso talento, su admirable y prolífica obra y su excepcional aporte a la cultura cubana.

 

Señoras y señores,

Queridos colegas,

Recibo con gran emoción la Medalla Ignacio Cervantes 2025, distinción que me honra y que extiendo simbólicamente a todos aquellos artistas cubanos de todos los tiempos que han emigrado a los Estados Unidos siendo protagonistas de una dinámica existencial compleja en la que el exilio, lejos de representar una ruptura, ha multiplicado su creación, nuestra creación. En ese tránsito geográfico y emocional, muchos de ellos han construido lenguajes propios marcados por la reinvención, configurando una estética híbrida que ha enriquecido notablemente el escenario artístico norteamericano. Tanto en la música, la literatura, las artes visuales como en el cine y la danza, estos creadores han planteado posturas críticas sobre la identidad y la herencia cultural, reafirmando el arte como ente transformador.

Expreso mi agradecimiento al Centro Cultural Cubano de Nueva York, institución emblemática que, desde su fundación a inicios de los setenta, ha sido un faro de cultura, de encuentro y un firme defensor del arte cubano del exilio. Su labor en el rescate de valores artísticos y en la preservación del nuestro patrimonio es, sin duda, necesario.

Me siento doblemente honrado al recibir esta medalla sabiendo que ha sido concedida en años anteriores a personalidades de inmenso valor -muchos de ellos entrañables amigos- como Aurelio de la Vega, Ivette Hernández, Zenaida Manfugás y Tania León. Sumarme a esa ilustre nómina es motivo de profundo orgullo.

Es un honor aún mayor recibir esta medalla que lleva el nombre de Ignacio Cervantes -para el compositor más importante del siglo XIX cubano- precursor de una identidad sonora que trasciende el tiempo. Como gran admirador de su obra, desde edad temprana tocaba a dúo con mi gran amigo Jesús Ortega, versiones de sus icónicas danzas. Asimismo, en 1960 hice alusión al tema de su danza Siempre sí, utilizándolo como célula inicial en mi Fuga Cervantina para piano. En 1998 dirigí su Scherzo Capriccioso Op. 15 con la Orquesta Sinfónica de RTV Española y en ese mismo año compuse mi Concierto de La Habana para guitarra y orquesta, insertando como cita intertextual su conmovedora danza Adiós a Cuba. Cervantes representa un símbolo perdurable cuya influencia trasciende generaciones.

Deseo expresar de manera muy especial mi gratitud a la Sra. Iraida Iturralde, presidenta del Centro Cultural Cubano de Nueva York, por su incansable dedicación, visión y compromiso con la cultura cubana y cubano-americana. Su liderazgo ha sido clave para que proyectos como éste sigan articulando diálogos entre distintas generaciones y contextos culturales.

A mis colegas, a ellos: a los músicos participantes en el concierto que acompaña esta ceremonia, les abrazo a cada uno con profundo afecto. Llegue a René Izquierdo, Rafael Padrón, Osiris Molina, Bona Fide Guitar Duo, Mariel Mayz, Yael Acher, Carlos del Pino, Shingo Maeda, Toomai String Quintet, Celil Refik Kaya y a João Luiz, sin duda uno de los más auténticos y extraordinarios intérpretes de mi obra. Gracias a todos por interpretar mis músicas -muchas de ellas entrañables para mí- como La región más transparente o Danza característica.

Es un privilegio que este concierto se celebre en un lugar tan especial para la música universal como es la Sala Weill del Carnegie Hall, como parte de su Festival Nuestros sonidos (Our Sounds), siendo no solo un homenaje a mí, sino también a Ignacio Cervantes y a tantos cubanos que, con su música, han forjado nuestra idiosincrasia sonora.

Lamentablemente, motivos de salud me impiden estar con vosotros en la tarde-noche del 20 de mayo para recibir tal distinción. Por ello, envío inmenso agradecimiento a Alberto Hernández Reyes – amigo y artista de la plástica- por recibirlo en mi nombre. Que sea él, es para mí, una alegría que enaltece aún más el momento.

Como he comentado tantas veces sobre la cultura, esta es un enorme paisaje visto a través de ventanas, no siempre cerradas. Para mí la cultura no es solo José Martí, Alejo Carpentier, Wifredo Lam, Fernando Ortiz, Lezama Lima, también lo es la manera de tomar un café; de caminar por las calles, de disculparnos o decir: por favor, de estar en sintonía con el universo, de poder amar en libertad. Por una vez que se vive, debemos impregnarnos de la mayor belleza del mundo.

¿Qué me queda y que deseo a mis 86 años? Continuar haciendo música que es, para mí, esencia de vida. Que nuestra Isla infinita renazca libre.

Llegue a todos un abrazo múltiple.

Leo Brouwer

7 de mayo de 2025

Valladolid, España

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