El Sínodo de la Sinodalidad: Un proceso de reflexión y discernimiento en la Iglesia Católica

El Sínodo de la Sinodalidad, convocado por el Papa Francisco, ha sido un proceso histórico y crucial en la vida reciente de la Iglesia Católica que busca explorar una nueva forma de ser Iglesia en el siglo XXI. Este evento ha sido un llamado a la participación, la escucha y el discernimiento en común de los fieles, desde la base hasta la jerarquía, con el objetivo de caminar juntos en la misión de evangelizar.

Un concepto clave: la “sinodalidad”

La palabra “sinodalidad” proviene del griego synodos, que significa “caminar juntos”. El Sínodo de la Sinodalidad, iniciado en 2021 y que se extendió hasta 2024, invitó a la Iglesia a reflexionar sobre cómo vivir esta “caminata conjunta”, no solo entre el Papa y los obispos, sino entre todos los miembros del Pueblo de Dios. Este enfoque implicóescuchar las voces de todos los bautizados, incluidas mujeres, jóvenes, laicos y personas marginadas, con el fin de fomentar un proceso de inclusión y apertura dentro de la comunidad católica.

Objetivos y metodología del sínodo

El Sínodo de la Sinodalidad tuvo como objetivo principal promover una Iglesia más inclusiva, participativa y escuchante. A través de una metodología de “escucha” y “discernimiento”, se buscó identificar y abordar los desafíos actuales que enfrenta la Iglesia en un mundo cambiante.

El proceso constó de varias etapas: una fase de consulta en las diócesis, seguida de encuentros continentales y finalmente, el Sínodo en Roma, realizado en dos momentos,donde se presentaron las conclusiones y propuestas. A lo largo de este proceso, se realizaron asambleas y grupos de trabajo en distintos países, permitiendo a las personas expresar sus preocupaciones y esperanzas respecto al futuro de la Iglesia.

Testimonios desde la sinodalidad: Mons. Marcos Pirán y su experiencia

Uno de los participantes destacados en el Sínodo fue Mons. Marcos Pirán, obispo auxiliar de Holguín, quien representó a la Iglesia cubana en este evento. En una conversación sobre su experiencia, compartió las vivencias y reflexiones que le dejó este proceso, destacando la riqueza de la diversidad eclesial y la necesidad de un camino de renovación.

“Para mí fue una experiencia muy linda poder participar del sínodo en las dos sesiones”, afirmó Mons. Pirán, quien considera su participación una gran responsabilidad y una muestra de confianza en su labor como delegado de la Iglesia cubana. Desde su llegada a Roma, adoptó una actitud de apertura y escucha, lo que le permitió sumergirse en un ambiente fraterno y esperanzador. Uno de los aspectos que más le impactó fue experimentar la universalidad de la Iglesia, presente en los cinco continentes con realidades sociales y culturales diversas. “Es realmente extraordinario ver y vivir la diversidad que tenemos y al mismo tiempo también experimentar la unidad que somos como cuerpo místico de Cristo”, señaló.

La sinodalidad en la Iglesia cubana

Mons. Pirán considera que la Iglesia cubana ha transitado momentos de sinodalidad en su historia. Recuerda la Reflexión Eclesial Cubana (REC) y el Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC) como procesos claves de diálogo y consulta que han moldeado la identidad eclesial en la isla. Estos hitos reflejan una Iglesia “orante, encarnada y misionera”, que ha sabido mantener su rumbo a pesar de las dificultades. Los planes pastorales también han sido un instrumento de sinodalidad en Cuba, permitiendo una adaptación continua a la realidad social y eclesial.

Desafíos y futuro de la sinodalidad

El documento final del Sínodo plantea nuevos desafíos para la Iglesia, que deben ser incorporados y traducidos a las realidades locales. Para Mons. Pirán, la sinodalidad es una experiencia que forma parte de la vida misma, pues “nacemos junto a la vocación a la vida, a ser parte de una familia, de una sociedad, a caminar junto a otros”. En este sentido, considera que el Evangelio es “antiguo y nuevo a la vez”: su mensaje es perenne, pero los modos de vivirlo y anunciarlo deben renovarse según los tiempos.

Uno de los aspectos que más le impactó en el Sínodo fue la convicción de que este camino sinodal es una inspiración de Dios. Recuerda que el Papa Francisco propuso este proceso en un momento crítico, tras la crisis de la pandemia, como un medio para reconstruir relaciones y transformar la Iglesia. “La sensación era y es de que estamos en un barco que ya partió del puerto, que se decidió abandonar ciertas seguridades y arriesgarse a la novedad del Evangelio”, expresa.

El Sínodo también ha permitido redescubrir la vigencia del Concilio Vaticano II, cuya riqueza doctrinal aún no ha sido plenamente comprendida ni aplicada. Para Mons. Pirán, este proceso ayuda a situar a la Iglesia en su “aquí y ahora”, respondiendo a las necesidades actuales y manteniendo viva la misión de anunciar el Reino de Dios.

Un futuro incierto, pero prometedor

Aunque el futuro de la Iglesia Católica sigue siendo incierto, el concluido Sínodo de la Sinodalidad ofreció la esperanza de una Iglesia más cercana a las realidades del mundo contemporáneo, que escuche a todos sus miembros y se convierta en una verdadera “caminante junto al pueblo”. No solo fue un proceso eclesiástico de reflexión, sino también un testimonio de los esfuerzos por parte de la Iglesia para ser una comunidad inclusiva, abierta y en constante discernimiento. La experiencia de figuras como Mons. Pirán demuestra que la sinodalidad es un camino fundamental para la renovación eclesial, buscando siempre la unidad en la diversidad y la comunión en el Espíritu.

 


  • Manuel a. Rodríguez Yong (Holguín, 1990).
  • Productor y Realizador Audiovisual egresado de la Escuela Internacional de Cine y TV de San An- tonio de los Baños (EICTV).
  • Licenciado en Dirección de Medios de Comunicación Audiovisual por la Universidad de las Artes 24 de Cuba.Presidente de SIGNIS Cuba y Miembro de la Junta Directiva de SIGNIS ALC
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