Resurrección para Cuba

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

La Semana Santa en Cuba es un reflejo de la resiliencia del pueblo que encuentra similitud entre la Pasión de Cristo y el largo camino hacia la libertad.

Esta fecha tan importante en el calendario litúrgico católico intenta recuperar espacio público en medio del sistema totalitario. Si tomamos el pulso social tras décadas de silencio institucional, podemos ver que la vivencia de la Semana Mayor para los cristianos se despliega hoy como un ejercicio de fe que trasciende los templos para instalarse en la cotidianidad de una nación que comprende, quizás mejor que muchas otras, el peso de la cruz y el valor del sacrificio.

Las estaciones del Vía Crucis, el camino por la vía dolorosa, permiten establecer una conexión con la historia del pueblo cubano que ha navegado por constantes periodos difíciles en busca de la verdadera resurrección. La imagen del Cristo sufriente, que camina con paso firme hacia el Gólgota, resuena con fuerza en el espíritu del cubano, quien ha aprendido a transformar el dolor en una forma de validación espiritual de su propia capacidad para transformar las vicisitudes en podas de crecimiento. Aunque a veces parezca que el cubano desfallece, pensar en el crucificado hace que miremos nuestras cruces diarias con esperanza de futuro.

​La Pasión de Cristo debe servir para orientarnos hacia el encuentro del sentido de nuestras vidas en medio de la adversidad y mantener la cohesión social a través de la solidaridad que emana de los valores cristianos.

Las procesiones que veremos el Viernes Santo a lo largo de la Isla deben simbolizar, más allá del acto de sacar las imágenes sagradas a las calles, la voluntad de que lo divino habite en el espacio común, permitiendo que el creyente y el transeúnte se reconozcan en la fragilidad humana del nazareno. Deberían tener un significado mayor, que supere el hecho cultual, para provocar verdaderamente una procesión del alma de la nación por las calles clamando que la justicia y la paz se besen.

Por su parte, la Vigilia Pascual representa el respeto por el silencio y la reflexión, un momento donde el tiempo parece detenerse para honrar la entrega absoluta por amor a los demás. Bajo el símbolo de la luz que vence a las tinieblas podemos hacer también el paralelo con la Cuba que sufre, que intenta buscar esos resquicios de luz por dondequiera que se cuelen para ser ella misma, libre, próspera y feliz.

Más allá del significado que tiene para los creyentes, la Semana Santa, en el caso cubano es un testimonio de la permanencia de la cultura espiritual por encima de las vicisitudes ideológicas o materiales. Al final del camino, la Pasión de Cristo para Cuba no es una oda al sufrimiento por el sufrimiento mismo, sino una reafirmación de que después de cada estación de caída y de cada herida abierta, persiste la certeza de una renovación, recordándonos que la historia de este pueblo, al igual que el relato pascual, está siempre orientada hacia la luz de la resurrección.

¡Que en esta Semana Santa ocurra la verdadera Resurrección para Cuba!

 

 

Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, España.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

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