Poesía – Otredad Mística Insular

Julio César Banasco
La Consagración del Espritu

La consagración
Óleo/lienzo. 184 x 126.5 cm.
1997.


La consagración del Espíritu

Sublimaré la fecundidad del espíritu en la perpetua solicitud,
no dejaré que dormite, tan cerca del Tálamo de los Superfluos.
Espantémosle en la sápida del otoño,
para que no enraíce su cauce sobre la Montaña del Pesquis
y dejémosle viajar hasta el copado invierno
para que álgido sea su martirio y helado su reposo.
¿Quién me extiende la mano para sepultar la ceguedad del hipotético ignorante?
El que espere la muerte de esos “falsarios”,
no vindicará su otra mitad en mi fe.
Enterremos su agonía, tan profundo y levantemos sobre ellos,
los cimientos del Templo de la Creación.

Puede que en ascenso el dolor nos ayude a vivir,
parecerá tan extraña la ausencia del espejo,
allí donde habituamos mirar y encontrar la razón de existir.

Narciso – lamentablemente al mirarse en el agua,
lejos de nadar en sus ocultas raíces,
quedóse inerte en la vesánica orilla,
reencarnando la inocencia de su propia belleza.

Hablo solamente de la verdadera virtud,
que suele sufrir las miserias Grises del Hombre.
En ella estaré lejos de la auténtica apariencia,
con la ilusión de Spinetta “todo lo que se ve, se ama, se pierde”.
O al menos será un brillante que nos perfume sutilmente.
En algún lugar desierto de la infinitud del ser,
devastaré la holganza grisácea.
Y en el ausente color, reposaré tu imagen
esgrimiendo mi pincel sobre ti altísimo,
Con la certeza quizás, alguna vez,
poder captarla, te besaré y dormirás tan frágil…
Que aún llorarás en mi pena oscurecida,
y entre luz, ¡volarás, volarás! Esfumándome los adentros.
Y voy a verte sonreír, en este sueño, en esta piel,
te vi, te vi en la sed del pincel,
raptando mi espíritu rúnico.
En la mística de tu magia, erguiré la humildad sin lugar, sin hechura,
pintando dos olimpos en la fementida entraña de tu ausencia.

 

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