Cuba, entre la descentralización y la prosperidad

Jueves de Yoandy

Cuba se debate entre la necesidad de descentralización que es también una aspiración de los ciudadanos, de los emprendedores, de los trabajadores por cuenta propia, por un lado, y por el otro, el empecinamiento del Estado cubano de mantener el control total de la gestión económica, cultural, laboral, mediante una centralización que bloquea la libre iniciativa, apaga la creatividad personal y local, así como seca la vitalidad de la sociedad.

Ignacio Agramonte, el padre de la jurisprudencia cubana, expone brillantemente este dilema entre la libertad y el orden:

“La centralización llevada hasta cierto grado, es por decirlo así, la anulación completa del individuo, es la senda del absolutismo; la descentralización absoluta conduce a la anarquía y al desorden. Necesario es que nos coloquemos entre estos dos extremos para hallar esa bien entendida descentralización que permite florecer la libertad a la par que el orden.”[1]

Otro de los temas polémicos es el de la presunta contradicción entre alcanzar la unidad de la nación cubana y la necesidad de respetar la  diversidad que presenta la naturaleza, la familia y la sociedad. La unanimidad y la centralización no son iguales pero conducen al mismo fin: controlar la vida, las relaciones humanas, las instituciones y asociaciones de la sociedad, colocando una máscara de unanimidad sobre el rostro diverso de los ciudadanos. La verdad y la unanimidad son los polos opuestos de la vida ciudadana, porque pensar igual, expresar opiniones idénticas y actuar unánimemente, es vivir en la mentira. La naturaleza humana proclama lo contrario. La verdad es la diversidad.

El abogado camagüeyano mambí, conocido como El Mayor, en la misma presentación de su tesis de grado nos regala una excelente distinción entre unidad, uniformidad y centralización, y menciona ejemplos convincentes de que el poder no debe acumular centralización ni compelir a la unanimidad al decir que:

“Frecuentemente se confunde la unidad con la centralización; pero la unidad es: la uniformidad de intereses, de ideas y sentimientos entre los miembros del Estado, y la centralización: la acumulación de las atribuciones del poder ejecutivo de un gobierno central. Las más de las veces existen juntas, sin embargo la Historia nos las muestra separadas en Roma cuando estaba en su apogeo de grandeza; en ella, al paso que sus Emperadores habían concentrado en sus manos todo el poder, no había unidad en el Imperio; y en la moderna Inglaterra, donde hay unidad de sentir y de pensar al mismo tiempo que descentralización administrativa.”[2]

Nuestra propuesta para el futuro de Cuba sería poder combinar estas tres formas de convivir y trabajar por el progreso de la Nación:

  1. Descentralización sin anarquía pero con libertad de la gestión empresarial, la administración municipal y el modelo económico.
  2. El respeto a la diversidad económica, política, social, cultural y religiosa, y la consecuente libertad de expresión, de asociación, de religión, para que cada cual encuentre su lugar en la convivencia pacífica y próspera.
  3. El fomento de la unidad en la diversidad en todos los ámbitos en los que la persona del cubano desarrolla su vida. Ello se traduce en unidad en los fines esenciales y la diversidad en los medios, las estrategias, las políticas públicas y los programas de desarrollo local y regional.

Que Cuba sea un país unido, diverso, libre y descentralizado para encaminar su existencia hacia las libertades civiles, políticas, económicas, sociales y culturales, hacia la prosperidad material, el desarrollo humano integral y la felicidad.

 

[1] Agramonte, Ignacio. (2013). “Discurso de grado en el Aula Magna de la Universidad de La Habana”. Publicado en la revista Convivencia No. 32. Año VI. p. 19.

[2] Ídem.

 


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
  • Licenciado en Microbiología.
    Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
    Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
    Responsable de Ediciones Convivencia.
    Reside en Pinar del Río.

 

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