Artículo 20: El mismo sistema económico para Cuba

Lunes de Dagoberto

En columnas anteriores hemos considerado que la propuesta de modelo político de partido único y socialismo irrevocable que nos presenta el Proyecto de Constitución no presenta cambio alguno. Al contrario, propone el mismo sistema político sin ninguna apertura al reconocimiento de la diversidad propia de toda sociedad, e introduce la legalización de la lucha armada contra “cualquiera” que intente cambiarlo.

Continuando en la expresión de mi opinión sobre el texto constitucional a debate, quiero hoy comentar el artículo 20 que dice:

“ARTÍCULO 20. En la República de Cuba rige el sistema de economía basado en la propiedad socialis­ta de todo el pueblo sobre los me­dios fundamentales de producción, como forma de propiedad princi­pal, y la dirección planificada de la economía, que considera y regula el mercado, en función de los intere­ses de la sociedad.” 

Este es el primer artículo del Título II que trata de los “Fundamentos económicos” de la República. Como podemos apreciar, tampoco se introducen cambios sustanciales o medulares en cuanto al modelo que ha demostrado durante 60 años que “no funciona ni para nosotros mismos”, ni en ningún otro país, tal como lo proponen mantener en Cuba. 

En efecto, comencemos por la llamada “propiedad socialista de todo el pueblo”. ¿Cómo se concreta este modelo? Pues hasta hoy, esto se ha implementado como “la propiedad del Estado”, que de forma vertical y centralizada decide y dirige todo el proceso macroeconómico y controla, restringe, reprime a las “demás formas de propiedad” que ahora, por primera vez en la Constitución, propone reconocer legalmente. Pero este será el tema de la próxima semana, sobre el reconocimiento y las libertades de las “otras” formas de propiedad.

Si el Estado sigue siendo el dueño principal sobre los medios fundamentales de producción, es el mismo modelo económico con ciertas actualizaciones cosméticas, es decir, no sustanciales, por lo que las demás propiedades se convierten en marginales, subsidiarias y siempre pendientes de “nuevas” regulaciones, provocando una inestabilidad y precariedad de los negocios y propiedades privadas, mixtas o cooperativas. El vaivén de los últimos diez años lo demuestra sin lugar a dudas.

Y la segunda parte de este artículo que atribuye, también al Estado, “la dirección planificada de la economía, que considera y regula el mercado, en función de los intere­ses de la sociedad.” Cierra el modelo y lo blinda contra cualquier proceso de apertura gradual. Todos los cubanos y los observadores y organismos internacionales saben perfectamente a dónde ha conducido la dirección estatal de toda la economía.

El estatismo económico quedaría totalmente consagrado no solo sobre los medios fundamentales que crean riqueza, sino en dos artículos relacionados con el número 20 que tratamos aquí y que no sabemos por qué no aparecen a continuación de esta definición del modelo, porque forman parte de su conceptualización. Sin embargo, aparecen en los números 22, 26 y 27 para que no quede duda ni resquicio alguno acerca de qué tipo de reforma económica se intenta consagrar en la nueva Carta Magna.

  1. En el No. 22 se “regula la concentración de la propiedad”. Pero no se refiere ni menciona que sea para evitar los monopolios, algo deseable en toda economía sana, sino que dice que es para preservar los “límites” compatibles con los “valores socialistas”:

“ARTÍCULO 22. El Estado regula que no exista concentración de la propiedad en personas naturales o jurídicas no estatales, a fin de pre­servar los límites compatibles con los valores socialistas de equidad y justicia social.

La ley establece las regulaciones que garantizan su efectivo cumplimiento.”

  1. En el No. 26 se establece que la empresa estatal socialista es el sujeto principal de la economía nacional:

“ARTÍCULO 26. La empresa estatal socialista es el sujeto principal de la economía nacional. Dispone de auto­nomía en la administración y gestión, así como desempeña el papel principal en la producción de bienes y servicios.

La ley regula los principios de or­ganización y funcionamiento de la empresa estatal socialista.”

Esto vuelve a establecerse, a pesar de que por seis décadas y en otros muchos lugares, la empresa estatal socialista ha sido un verdadero desastre desde el punto de vista económico. La irrentabilidad, la inflación de plantillas, el desvío de recursos, la falta de autonomía real y de participación en la gestión, la falta de suministros, repuestos y mantenimientos, la corrupción, las reconocidas “pérdidas planificadas” en los balances oficiales de esas empresas, son solo un botón de muestra que todos hemos visto, vivido y sufrido. Los esfuerzos del Estado en la última década para extender a las empresas civiles algunos estilos de administración de empresas militares, demuestran la actualidad de aquella famosa frase de Martí a Máximo Gómez: “General, un país no se dirige como se manda a un campamento”. Sustituir los mecanismos del mercado por el “ordeno y mando” es extrapolar y confundir métodos, mecanismos y, aún más, los mismos conceptos.

  1. Por fin, y por si quedara alguna duda, el Artículo 27 vuelve sobre lo mismo del No. 20. La economía cubana, toda ella, incluidos los sectores privados, mixtos, cooperativos y las inversiones extranjeras, están dirigidos y controlados por el Estado: 

“ARTÍCULO 27. El Estado dirige, regula y controla la actividad eco­nómica nacional.

La planificación socialista constitu­ye el elemento central del sistema de dirección del desarrollo econó­mico y social. Su función esencial es proyectar el desarrollo estratégico y armonizar la actividad económica en beneficio de la sociedad, conci­liando los intereses nacionales, te­rritoriales y de los ciudadanos. Los trabajadores participan activa y conscientemente en estos procesos, conforme a lo establecido.”

Esto no lleva comentario adicional, queda claro que es el mismo modelo económico junto al mismo sistema político que, por otra parte, parece que se quisieran actualizar y lo que sale de este texto es que se mantiene sustancialmente apegado a aquellas estructuras y mecanismos que no han dado resultados. Es más, que no han funcionado durante décadas de experimentos, rectificaciones, invenciones y actualizaciones. Luego nos lamentaremos de que hemos dejado pasar esta oportunidad de cambios reales y estructurales por miedo al cambio o por ignorar las experiencias reiteradas en el pasado. No aprender de las lecciones de la historia es uno de los errores que provocan perseverar en el error, como decían los clásicos antiguos.

Una propuesta podría ser:

Un nuevo modelo económico en Cuba:

– Estimula la creación de la riqueza sin la que no podrá haber la deseada redistribución, ni el progreso material y espiritual hacia el necesario desarrollo humano integral.

– Reconoce las diferentes formas de propiedad, respeta a todas por igual y prohíbe el monopolio.

– Reconoce la libertad de empresa, de importación, de exportación y de inversiones por cubanos y extranjeros.

– Reconoce la libertad de mercado con la necesaria regulación social.

– El Estado creará un marco legal para todas las formas de propiedad en el que se garantice las libertades económicas y se establezcan regulaciones sociales para la redistribución de la riqueza con la mayor justicia social posible.

Para ampliar en estas propuestas, y un conjunto de 45 leyes complementarias para su aplicación concreta, recomiendo la consulta del II Informe de estudios del Centro de Estudios Convivencia: “Marco jurídico y tránsito constitucional: de la ley a la ley” (https://centroconvivencia.org/category/propuestas/propuestas-marco-juridico)

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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