Artículo 13: El Estado y la primacía de la dignidad de la persona humana

Lunes de Dagoberto

La estructura y la redacción de una Constitución, expresa o debe expresar de forma directa y clara los principios, la escala de valores y prioridades, sobre los que se propone edificar la República para la cual se adopta esa Carta Magna. En la propuesta presentada por el Gobierno para el debate público, se deja para el artículo 13 nada más, y nada menos, que la definición de los fines esenciales del Estado. Sobre estos fines deseo opinar y proponer hoy. El mencionado artículo dice así:

“ARTÍCULO 13. El Estado tiene como fines esenciales los siguientes:
a) encauzar los esfuerzos de la nación en la construcción del socialismo y fortalecer la unidad nacional;
b) mantener y defender la independencia, la integridad y la soberanía de la patria;
c) preservar la seguridad nacional;
d) garantizar la igualdad en el disfrute y ejercicio de los derechos, y el cumplimiento de los deberes consagrados en la Constitución;
e) promover un desarrollo sostenible que asegure la prosperidad individual y colectiva, y trabajar por alcanzar mayores niveles de equidad y justicia social, así como preservar y multiplicar los logros alcanzados por la Revolución;
f) garantizar la dignidad plena de las personas y su desarrollo integral;
g) afianzar la ideología y la ética inherentes a nuestra sociedad socialista;
h) proteger el patrimonio natural, histórico y cultural de la nación, y
i) asegurar el desarrollo educacional, científico, técnico y cultural del país.”

Mi opinión:

Considero que la definición de los fines del Estado debería estar mucho antes en el articulado de la Constitución, primero que la definición del papel de un Partido y de una organización juvenil, que son solo una parte de la nación a la que sirve ese Estado. Antes también que la declaración de una ideología y sistema político particular como irrevocable.

Discrepo con el orden de prioridades que se le otorga en esta propuesta a los fines del Estado:
Porque se deja para un sexto lugar entre nueve fines: “garantizar la dignidad plena de las personas y su desarrollo integral”.

Antes que reconocer y garantizar la dignidad plena de la persona humana, que es y debe ser el sujeto, el centro y el fin de toda organización social, se priorizan en esta escala de valores:

“la construcción del socialismo y fortalecer la unidad nacional;”
“la independencia, la integridad y la soberanía de la patria;
“la seguridad nacional;”
“la igualdad en el disfrute y ejercicio de los derechos, y el cumplimiento de los deberes consagrados en la Constitución;”
“un desarrollo sostenible que asegure la prosperidad individual y colectiva, y trabajar por alcanzar mayores niveles de equidad y justicia social, así como preservar y multiplicar los logros alcanzados por la Revolución;”

La dignidad plena de la persona humana, que Martí quiso priorizar cuando expresó “Yo quiero que la primera ley de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, en este proyecto que se llama martiano, solo se coloca después de otras cinco prioridades en los fines del Estado; en las que, por cierto, la independencia, la integridad, la soberanía, la igualdad de derechos y deberes y el desarrollo sostenible, están después de “la construcción del socialismo”.

Por cierto, y como un dato importante, que refleja el fin fundamental de esta propuesta de Constitución: En el texto se repite el calificativo “socialista” 22 veces y la palabra “socialismo” se repite 9 veces. Esta redundancia pertinaz no deja lugar a duda alguna. Hace tendencioso a lo que debería ser un texto de consenso. Hace partidista a lo que debería ser un pacto social incluyente. Hace singular a un texto que debería ser plural. Hace único lo que debería reflejar la diversidad natural, antropológica y social. Solo por esta reiteración parcializadora se podría invalidar la esencia de un texto constitutivo que desee edificar una nación libre, plural, inclusiva y democrática.

Considero que en esta redacción están trastocados los principios fundacionales de la República de Cuba, se ha invertido su escala de valores y se ha colocado como el primer fin de un Estado “la construcción del socialismo”, es decir de una ideología y un sistema, profesados solo por una parte de la nación, y se ha dejado para después, en los fines del Estado, lo que este tiene como razón de ser prioritaria: la dignidad de la persona humana y la búsqueda del bien común.

Ninguna ideología por sí sola, lo demuestra la historia, logra alcanzar la dignidad plena de la persona humana, ni el bien común de toda la sociedad. Esto se comienza a alcanzar, siempre con limitaciones, cuando se logra un consenso nacional, un pacto social en que todas las ideologías que respeten la dignidad de la persona y la paz, puedan participar mancomunadamente en la obtención del bien común, en la política, en la economía, en el desarrollo del tejido de la sociedad civil, en el progreso, en el desarrollo humano integral y en la búsqueda de la felicidad.

Es por ello que propondría que este artículo, colocado en un lugar anterior, expresara algo como esto:

Los fines del Estado de la República de Cuba, siguiendo las enseñanzas de Varela y de Martí son:

  • Reconocer, respetar y garantizar la dignidad plena de toda persona humana.
  • Procurar el bien común, mediante la acción ciudadana en la política, en la economía, en el desarrollo del tejido de la sociedad civil, con un marco jurídico que garantice la participación democrática de todos sin distinción.
  • Favorecer la búsqueda de la libertad y la responsabilidad, de la igualdad de oportunidades y ante la ley, de la fraternidad y la convivencia pacífica, de la virtud y de la justicia social, del progreso material, moral y espiritual de la nación, del desarrollo humano integral y de la consecución de la felicidad.
  • Preservar la unidad en la diversidad de toda la nación cubana, su soberanía, su independencia, su integridad territorial y ética, su seguridad y su integración en la comunidad internacional.
  • Custodiar y preservar para las futuras generaciones el patrimonio cultural: natural y edilicio, histórico, espiritual y moral de la nación cubana.

Como se puede observar, no se menciona ninguna ideología o sistema político para dar cabida a todos dentro de estos fines que se refieren, solamente, a un marco jurídico que tenga como centro y fin al ser humano y a la convivencia entre los ciudadanos de una nación libre, democrática y próspera.

Considero que la redacción y el espíritu de un texto constitucional cercano a estos principios, seguramente atraerían mucho más apoyo, lograrían un mayor consenso para alcanzar la deseada unidad en la diversidad entre los hijos de Cuba, en la Isla y en la Diáspora.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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