VIAJE A LA TUMBA DEL PADRE VARELA EN EL ANTIGUO CEMENTERIO TOLOMATO

Cementerio Tolomato en San Agustín de la Florida como se encuentra en la actualidad. Al fondo, el templete. Foto de Teresa Fernández Soneira

  • “…ayer llegamos a Ocala, el lugar, sereno y frondoso,
  • recuerda a Cuba, de aquí iremos a Jacksonville,
  • y de allí a ver la tumba del Padre Varela”.
  • José Martí, periódico Patria

Para los que hemos tenido la fortuna de visitar la tumba del Venerable Padre Félix Varela en San Agustínde la Florida, este escrito, estoy segura, les traerá muchos recuerdos. Me animé a escribirlo después de leer una valiosa reseña que encontré recientemente del viaje que realizó a San Agustín el médico y patólogo matancero, Juan Guiteras y Gener (1852–1925), en el verano de 1894. El escrito me dejó muy triste por el abandono en el que se encontraba el camposanto de Tolomato que Guiteras narraba, así como el templete que guardaba los restos del Padre Varela. Quise pensar que quizás la razón de aquel abandono fuera que a Cuba se aproximaba una guerra, o porque algunos de sus alumnos se habían tenido que ir al exilio no pudiéndose ocupar de esas cosas. No quería pensar que los que tanto lo querían, se habíanolvidado de aquel gran sacerdote que había revolucionado la enseñanza y la manera de pensar en Cuba, y que había dedicado su vida al púlpito, a la enseñanza, y a los desamparados. Como son importantes y también interesantes los datos que arroja este relato de Guiteras, he querido compartirlo con los lectores.Dice Guiteras:

“En el verano de 1894 recorría yo los puertos del sur de la Unión Americana, comisionado por el gobierno [de los EE. UU.] para la recopilación de datos sobre las epidemias de fiebre amarilla. Mucho antes de llegar a San Agustín de la Florida complaciese mi mente en anticipar la ansiada visita a la antigua ciudad española, atraído no por los monumentos históricos, ni por el bullicio y la animación de las famosas fondas de temporada de invierno: los monumentos habían de causarme horror, y las fondas yacían desiertas y calendas por el sol del verano. Siempre que me acerco a la tierra floridana, siento que me mueve un instinto parecido al del bruto que yergue el cuello y olfatea el aire al acercarse a sus dehesas; así yo busco por entre los pinos y por sobre los arenales, la obscura copa del naranjo, la penca del palmeto, y la línea azul de las aguas de la corriente del Golfo.

En la ocasión de que hablo, mi derrotero comprendía la ciudad de San Agustín, y esta tenía para mí un atractivo especial en la tumba del Padre Varela. Ocúpeme por consiguiente desde el primer día de mi llegada en preguntar por el cementerio católico, y la capilla que los cubanos habían erigido en memoria del ilustre sacerdote.

El dueño de la fonda donde me hospedé resultó ser el Alcalde de la ciudad. Era este uno de los descendientes de la colonia menorquina que pobló una parte de la Florida. Su nombre era español, y españolas eran sus facciones; pero por lo demás, tan lejos estaba él de España como de Escandinavia. Era un “politician” de melena, sombrero de tendidas alas, y levita cruzada. No hay que decir que no hablaba una palabra en castellano. Le pregunté por la tumba del Padre Varela y me costó algún trabajo despertar su dormida memoria que guardaba la preciosa noticia de que era su misma abuela la que hacía la custodia de la capilla. Efectivamente, al día siguiente me dejó el mismo a la puerta de una casa de pobre aspecto. La puerta estaba entreabierta, y al tocar yo, contestome desde dentro una voz débil que con acento extranjero me daba el hospitalario “come in” [pase]. Sentada en un sillón, extenuada, encorvada, me recibió una anciana de ojos y pelo negros y de morena tez. Parecía una campesina de nuestra Cuba y no había que preguntarle si hablaba español. “Si, yo no sé inglés, ni lo quiero aprender. Eso allá mis hijos y mis nietos que son unos yankees, y apenas si entiendo lo que dicen”.

¡Pobre anciana! Parecíame que tenía mil años cuando la oía hablar de los españoles en la Florida y del cambio de bandera, que ella no aprobaba aún. Antes bien, lo desaprobaba con énfasis, dejándome admirado y conmovido aquel único ejemplar de este inocente delirio en toda la península floridana.

Mucho me habló del Padre Varela. “Ese sí era un Santo. Cuando yo estaba fuerte y podía salir, teníamos una sociedad de hermanas que le rezábamos y cuidábamos la capilla; pero ahora ya nadie va allí”.

No lejos de la casa está el humilde camposanto, cercado por una pobre cerca de tablas. La portada abierta siempre tiene un molinete para impedir la entrada de caballerías y reses. El cementerio parece abandonado pues crecen hierbas por todas partes, entre los destartalados monumentos, plantas silvestres e intricada maleza. Un camino de cascajo conduce al fondo del recinto donde se levanta la pequeña capilla erigida por los cubanos a la memoria del Padre Varela.

Mide la capilla diez pasos de largo y siete de ancho. El frente, que tiene una puerta de entrada, está cubierto por un pórtico de cuatro columnas. A los lados hay dos pequeños postigos. Con dificultad cedió la puerta rechinando sobre sus gonces, y entré en lo que no es más que una triste ruina. Las paredes carcomidas, la puerta en pedazos por el suelo, y por todas partes el agua de recientes lluvias y el polvo de largos días daban señales innegables de abandono y olvido.

En el centro del pavimiento una loza de mármol cubre la bóveda donde descansan los restos del venerado patriota. En el medio de la loza hay una inscripción que dice: “Al Padre Varela, los Cubanos. Falleció el 5 de enero de 1853” (sic). Otra piedra hace de cabecera y en ella se lee: “Esta capilla fue erigida por los cubanos el año 1853 para conservar las cenizas del Padre Varela”. Hacia el fondo de la capilla hay un altar sencillo de caoba con lápida de mármol, sobre la cual se ven un crucifijo, dos floreros y un atril. Un cuadro de la Transfiguración adorna el testero de la pared, sobre el altar. A lo largo de cada costado hay un banco y junto al altar una silla.

Contemplación harto triste aquella para el que ama las glorias patrias. ¿No repararán de algún modo el olvido de tantos años los hijos de Cuba que empuñando de nuevo ahora el bordón del peregrino, llegan a las puertas del abandonado monumento? Profunda fue la impresión que dejaron en mi ánimo las escenas de aquel día. En la mañana había visto en un muro del fuerte [San Marcos] las huellas de las balas españoles que dejaron el autógrafo de la nación en el foso de las ejecuciones; más tarde oír a la infeliz anciana lamentarse del cambio de banderas sin considerar que la bandera española hubiera arrojado lejos de allí al ilustre desterrado sin permitirle morir en la península siquiera del sol de su patria. Por eso, al salir de la casa de la anciana, saludo con íntima satisfacción y agradecimiento profundo una hermosa bandera americana que, llena de vida, tremolaba en el azul del cielo sus estrellas blancas y sus franjas rojas”.

Juan Guiteras

Revista Cuba y América

Abril 15, 1897

José Martí visita la tumba de Varela

Un par de años antes de que fuera Guiteras a San Agustín lo había hecho José Martí junto con otros cubanos que admiraban el legado de Varela. En el periódico Patria apareció el relato de ese viaje titulado: “Ante la tumba del Padre Varela”:

Patria, 6 de agosto de 1892

…allí están, en la capilla a medio caerse, los restos de aquel patriota entero, que cuando vio incompatible el gobierno de España con el carácter y las necesidades criollas, dijo sin miedo lo que vio, y vino a morir cerca de Cuba, tan cerca de Cuba como pudo, sin alocarse o apresurarse, ni confundir el justo respeto …Uno de nosotros, que no sabe mucho de letras, dijo que le parecía que estaba vivo el Padre …Una comisión de recolecta para el monumento del Padre Varela. … Se levantó el Club Padre Varela…”

En aquella ocasión fueron José Dolores Poyo, Serafín Sánchez y el general Carlos Roloff junto con José Martí y los cubanos de San Agustín los que visitaron la tumba del Padre Varela. Así continúa el escrito de Patria:

“… el domingo, fue entero para la patria, primero en el almuerzo de casa de (Carlos) Marín, que con todo su patriotismo estaba menos satisfecho que su esposa… luego recibieron los huéspedes la visita de la comisión de recolecta para el monumento del Padre Varela, que habló largo con los visitantes, y dejó en sus manos el plan de procurar más sumas para el monumento… después hubo conversaciones de trascendencia, con la prensa y la Dirección de la ciudad… y luego, en un abrir y cerrar de ojos, oyéndole a Martí la historia de lo hecho y la urgencia de lo que hay que hacer, levantamos, con todos los cubanos que somos aquí, el club Padre Varela (…) Muy contentos hemos estado, contentos como pocas veces en la vida, con la visita de estos patriotas puros; pero además les estamos agradecidos, porque se han captado el respeto de las personas de valer de la ciudad…”.

Mi primer viaje a San Agustín

Noventa años más tarde de aquellos viajes de Martí y de Guiteras, visité yo la tumba del Padre Varela. Aunque no en tan malas condiciones como lo describieron tanto Martí como Guiteras en 1892 y en 1894, algo parecido fue lo que encontramos un grupo de peregrinos de la Fundación Padre Félix Varela de Miami cuando visitamos la sepultura en las peregrinaciones anuales a finales de la década de 1980. En aquella visita observé que seguían en pie dentro del mausoleo, el altar de caoba, el crucifijo, la tarja de mármol con la inscripción, y un banco de los que menciona Guiteras. Pero no había pintura, ni búcaro, ni flores. La puerta seguía rechinando, y en el piso se veía un charco de agua de la lluvia que había penetrado recientemente. Además, el exterior necesitaba urgentemente una capa de pintura. En el camposanto las lápidas tan antiguas se encontraban en mal estado, y la tosca vegetación lo colmaba todo.

La Fundación Padre Félix Varela de Miami

Desde la década de 1980, la Fundación Padre Félix Varela se había dedicado a propagar la vida y enseñar la obra del Padre Varela. Junto con folletos y escritos, se organizaban también excursiones a San Agustín para honrar los restos de aquel santo cubano, como lo llamó Martí. Con el tiempo y algún dinero recolectado por las autoridades de la ciudad de San Agustín, de la Diócesis católica y los esfuerzos de la Fundación bajo la dirección del Dr. Rafael Abislaimán, se pudo remediar aquel deterioro, y poco a poco todo se mejoró. Incluyo con este escrito una fotografía muy antigua del camposanto Tolomato para que puedan apreciar en que abandono se encontraba en la década de 1890, que fue cuando lo visitaron Martí yGuiteras. También publico aquí una foto tomada por mí para que el lector pueda apreciar cómo se encuentra en la actualidad. Confío que nunca más dejemos deteriorar la sepultura de aquel hombre que en La Habana luchó por la juventud cubana, siendo un ejemplo de integridad, de amor a Dios, a la Iglesia y a la patria, y que luego en el exilio luchó por los inmigrantes irlandeses de Nueva York, por los pobres, y por la Iglesia de Norteamérica.

Los restos de Varela son trasladados a Cuba

Después de llevar casi 60 años enterrados los restos de Varela en tierra norteamericana, estos fueron trasladados a Cuba el 8 de noviembre de 1911. Fueron llevados a La Habana en el vapor Miami, según relata el historiador cubano, Dr. Emilio Cueto, en su interesante libro Historia de Cuba en cien barcos.Dice el Dr. Cueto: dos días antes, en San Agustín de la Florida, el Obispo católico, Monseñor William J. Kenny, le había entregado los restos del sacerdote habanero Félix Varela Morales (1788-1853) al cónsul de Cuba en Jacksonville, Sr. Julio Rodríguez Embil, y al Dr. Manuel Landa González, presidente de la Audiencia de Pinar del Rio, para ser trasladados a su tierra nativa”.

Al llegar a Cuba, las cenizas fueron trasladadas al monumento en el Aula Magna de la Universidad de La Habana donde reposan desde entonces. Pero treinta años más tarde, en 1944, las cenizas fueron extraídas para ser analizadas y debidamente identificadas. La noticia fue reportada por el periódico El Mundo de La Habana, el 18 de diciembre de 1944. Aquí un extracto de la nota del periódico:

Devuelven los restos del Padre Varela

Emotivo Acto celebrado en la Universidad, 18 diciembre, 1944

Revistió solemnidad extraordinaria el acto de devolución de los restos del Padre Félix Varela definitivamente identificados por la comisión designada al efecto, a la urna cineraria existente en el Aula Magna de la Universidad. Una nutrida comitiva acompañó los restos contenidos en la caja que portaba el profesor doctor Luis F. LeRoy, desde el Museo Muntané de la Facultad de Ciencias, donde se llevaron a efecto los trabajos de identificación, hasta el Aula, donde, terminada la lectura de las actas, la información del presidente de la Comisión, doctor Julio Morales Coello, y el discurso del doctor Jorge Mañach, se hizo cargo de las cenizas el Cardenal Monseñor Manuel Arteaga y Betancourt, quien las llevó hasta la urna, y rezó un responso, junto con monseñor Alfredo Müller y el reverendo Ismael Testé, párroco de la iglesia del Pilar.

[…] En el Aula Magna Al llegar la comitiva al aula Magna, el rector LeRoy depositó la caja con los restos sobre la mesa presidencial mientras se organizaba la presidencia del acto en el amplio estrado.

Alrededor del Rector Magnífico, doctor Inclán, y del Cardenal Arteaga y monseñor Müller, tomaron asiento los cinco miembros de la comisión encargada de identificar los restos, el Dr. Abascal, secretario de la Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales de La Habana; doctor Cosme de la Torriente; los decanos doctores Salvador Massip. José M. Gutiérrez, Eudaldo Muñoz, arquitecto Roberto Chomat y Francisco Carone. Dr. Andrés Blanco, Dr. JoséGuerra, Doctor Diego González, el presidente de la Federación Estudiantil Universitaria JoséA. Echevarría y el secretario de esta, Álvaro Barba. También el doctor Guillermo Guerra en presentación del Dr. René Hernández Vila, secretario general de la Universidad.

Hablaron luego el Dr. Morales Coello quien explicó todos los trabajos realizados para llegar de una manera firme y definitiva a establecer que los restos que contenía la urna desde el año 1912 son los del padre Félix Varela. Y decía el periódico:

Los informes vertidos a través del discurso del Dr. Morales Coello resultaron de extraordinario interés pues con ellos pudo comprobarse que se trata de los restos de una sola persona, que en modo alguno pudieron pertenecer al obispo Agustín Vérot y que, sin lugar a dudas, podía afirmarse que la Universidad posee las cenizas del insigne filosofo, […] “después de haber estado más de medio siglo en la capilla levantada en el Cementerio de San Agustín de la Florida por el fervor de los cubanos que admiraban la gran cubano” cuya muerte coincide con el año del nacimiento de José Martí y del que posiblemente fue el precursor en el deseo de una patria libre.

El Dr. Luis F. Le Roy dio lectura al Acta y aclaró las dudas de a quien pertenecían los restos ya que además del Padre Varela, se habían enterrado en la misma tumba al obispo Agustín Vérot, quien había sido Vicario Apostólico de la Florida, y que había sido enterrado allí en 1876, lo que dio lugar a la confusión y necesidad de identificar los restos.

Doctor Jorge Mañach expresó que se le había pedido que hablara en el acto, como profesor de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras. Expuso cuanto significó el Padre Varela para la cultura cubana, en la que sirvió con toda la fuerza de su entendimiento, entre la devoción profunda de que se vio rodeado en vida, quien nació en el tránsito de dos siglos, quien practicóampliamente la religiosidad y fue uno de los primeros en pensar en esta tierra nuestra tendría que resolver su propio destino.

[…] Finalmente, Mañach dijo que desde 1912 ha estado aquí en el Aula Magna y su espíritu de generosidad y rebeldía se ha hecho patente, en afán de nación, tal como la vio en espíritu Varela: con anhelos de libertad y de justicia, a la par que poniendo bien en lo alto el amor a la cultura. “Por ello somos dignos de guardar estos restos”.

Terminado el discurso del Dr. Mañach, el Cardenal Arteaga se hizo cargo de la caja con los restos y la llevó hasta la urna, donde fue introducida, mientras Su Eminencia rezaba y la bendecía una vez más.Aquí termina la nota informativa del periódico.

En 1976 se realizaron otros trabajos en la capilla del padre Varela, entre ellos la restauración del hermoso altar de caoba de Cuba. La restauración estuvo a cargo del Sr. XL Pellicer, de ascendencia menorquina, como regalo a la ciudad de San Agustín. También un grupo de catedráticos cubanos contrató a la Dra. Rosaura García-Tudurí para que esculpiera un busto en bronce del Padre Varela para colocarlo en el interior del templete.

La Fundación Padre Félix Varela de Miami continuó las peregrinaciones anuales a San Agustín, en noviembre y en febrero de cada año, llegando a transportar entre 50 y 200 peregrinos en cada viaje. Las peregrinaciones se mantuvieron hasta principios de la primera década del 2000. Algunos fondos de estos viajes fueron destinados al mantenimiento del cementerio y del templete. También se estableció un concurso literario sobre la figura de Varela, uno para estudiantes y otro para adultos, con el fin de seguir propagando la vida de este gran sacerdote y patriota. El presidente de la Fundación e impulsor de todos estos viajes, el Dr. Rafael Abislaimán, publicó tres libros sobre la vida de Varela y las peregrinaciones a San Agustín.

Y allá en La Habana reposan los restos sagrados de aquel sacerdote habanero que tanto amó a Cuba y a la juventud, que nunca olvidó a su Patria a pesar de encontrarse en aquel frío exilio, apartado de sus raíces. Allá en la Isla aguardan sus cenizas la liberación de la Patria y también su beatificación, que está en curso en el Vaticano. Cuando esto suceda, todos celebraremos con piedad, con orgullo patrio, y con inmensa alegría que sea elevado a la santidad en una Patria libre y dichosa. Mientras tanto, oramos y pedimos el milagro, y le decimos con fervor, ¡Padre Varela, ruega por Cuba!

Dedico este escrito a la memoria del fundador de la Fundación Padre Félix Varela de Miami, el Dr. Rafael Abislaimán, q.e.p.d, por sus incansables esfuerzos en mantener viva la memoria y la obra del padre Varela en el exilio, y por llevar peregrinaciones por más de 20 años a la tumba de Varela en San Agustín de la Florida.

SOBRE EL ORIGEN DEL CEMENTERIO TOLOMATO

Ubicado en la calle Córdoba, en el corazón de San Agustín, fue el cementerio parroquial de la actual Catedral Basílica de San Agustín por más de 100 años. El antiguo cementerio Tolomato está bajo el cuidado del Tolomato Cemetery Preservation Association quien es responsable de su preservación y mantenimiento. El cementerio fue clausurado para entierros en 1884 y alberga los restos de aproximadamente 1,000 personas de diversas culturas como españoles, cubanos, africanos, griegos, menorquinos, haitianos e irlandeses, aunque solo hay unas 100 lápidas visibles.

El Cementerio se encuentra en el sitio donde existió la Misión de Nuestra Señora de Guadalupe de Tolomato, establecida por los frailes franciscanos en el siglo XVIII. La misión fue fundada para atender a los indígenas Guale, un grupo originario de la costa de Georgia que fue desplazado por ataques de tribus hostiles y trasladado a San Agustín por los españoles en el siglo XVI. El nombre “Tolomato” probablemente deriva de un río o lugar donde vivían originalmente estos indígenas antes de ser reubicados.

Cuando los británicos tomaron control de San Agustín en 1763, muchos españoles se marcharon, pero el sitio de la misión permaneció como un lugar católico, y eventualmente se convirtió en el cementerio parroquial de la Catedral Basílica de San Agustín

NOTA: Para más información, pueden acceder en esta misma revista Convivencia, a varios artículos sobre el Padre Varela, entre ellos:

1. El Padre Varela: Ciencia y Conciencia
2. Tomás Gener y el Padre Varela en la Catedral de Matanzas
3. El Padre Varela: su legado para hoy
4. Varela, el Santo Cubano
5. Varela y Martí: el proyecto de nación cubana
6. Félix Varela, el Apóstol Cubano de Nueva York

  • Teresa Fernández Soneira (La Habana, 1947).
  • Investigadora e historiadora.
  • Estudió en los colegios del Apostolado de La Habana (Vedado) y en Madrid, España.
  • Licenciada en humanidades por Barry University (Miami, Florida).
  • Fue columnista de La Voz Católica, de la Arquidiócesis de Miami, y editora de Maris Stella, de las ex-alumnas del colegio Apostolado.
  • Tiene publicados varios libros de temática cubana, entre ellos “Cuba: Historia de la Educación Católica1582-1961”, y “Mujeres de la patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba” (2 vols. 2014 y 2018).
  • Reside en Miami, Florida
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