
- Por todas partes victorioso hosana
- puebla los aires, canta la alegría
- del memorable y esplendente día
- en que se yergue la nación cubana.
- Muéstrase al mundo hermosa y altanera
- sin odios, sin contiendas intestinas,
- sin pasiones mezquinas,
- toda luz, toda gloria su bandera.
- ¡Sus brazos tiene abiertos
- Cuba para el triunfante y el vencido:
- hablan los muertos de perdón y olvido,
- y Cuba acata a los patriotas muertos!
- Fernando de Zayas
- Mayo de 1902
Caminaba sin prisa por la Plaza de Marte, disfrutaba la tarde sin pensar, y al pasar, contemplé el obelisco que se alza en su centro y que hoy, centenario, nos invita a pensar. La brisa ligera –que soplaba sureña– hizo ondear la bandera que flameaba en mi memoria.
Vi las tarjas que evocan nuestra historia ya ida y, junto a un árbol frondoso, que brindaba su sombra, a su vera sentada comencé a soñar.
1868 – Carlos Manuel de Céspedes
1895 – José Martí
1902 – Los Veteranos de Oriente a la República de Cuba
124 años cumplía el obelisco que habían levantado a sus expensas los veteranos del Consejo Territorial de Oriente del Ejército Libertador. Tocaban sus sueños de manigua inclemente y lucha redentora. El monumento tenía que ser simbólico, la guerra había sido el tránsito hacia la paz y la soberanía, ella les había dado la victoria y había sido maestra en caminos de unidad. La República naciente que se alzaba sobre ella debía recordar por siempre el holocausto para no olvidar el alto precio de la conquista ni la pureza de los ideales de la gesta libertaria, que pudo coronar el triunfo gracias a la labor martiana de concertación y al valor de los hombres –blancos y negros, ricos y pobres, ilustrados y analfabetos–, que supieron dejar a un lado amor y techo para acudir prestos a la cita de la patria. Caracoles cual clarines llamaban insistentes, los siboneyes se alzarían de sus tumbas si ellos no llegaban a tiempo.
Casi podía tocarles en mi sueño, mozalbetes imberbes y hombres de blancas barbas, todos respondían: el adiós a la madre, a la esposa, a los hijos: el ideal primero. Atrás quedan los días sin sombra, el cansancio agotador, el hambre mal cubierta, nada les arredra ni les intimida, el final se acerca, no obstante, la población es llevada al sacrificio estéril, hay que “meter a Cuba en el Caney”, y cobra la idea vidas inocentes. Al fin logran la victoria. Pero no pueden los valientes mambises, los verdaderos héroes, entrar en Santiago. Sagrada indignación del General Calixto, la victoria la celebrarían los orientales a lo criollo, en El Cobre, a los pies de la Virgen Mambisa.
Alegría que se nubla, nuevos avatares empañan el gozo, pero la esperanza vive y se hace esfuerzo, sudor, sangre. Ha llegado el día en que ha de ondear sola la enseña libertaria. Hay que celebrarlo, ya somos República y tenemos un puesto en el concierto de las naciones, ¿seremos capaces de tocar bien, sin desafino ni arreglos mediocres?
Y el monumento se levanta altivo, resguardado por los mismos cañones que combatieron en la guerra y apuntan alertas. Entre ellos se alza la blanca columna, blanca como los ideales, buscando lo alto como ellos. Al haz de espigas que simboliza la unidad alcanzada y deseada para siempre lo remata el gorro frigio con la estrella solitaria, es la libertad soñada, el mismo que ostenta nuestro escudo y lleva cual corona la República, como aquella francesa que inspiró las noches de los primeros sueños de los Padres de la Patria.
Me levanto para verle de lejos y al calor de los recuerdos vienen a mi mente imágenes de la infancia. Cuántas patrióticas celebraciones, bandas y “paradas” para conmemorar el día, fecha sagrada, legendaria. ¿Cómo olvidar lo vivido con tanta intensidad? A la República nos debíamos y había que honrarla, ¿o es que acaso tiene la madre la culpa del desvío de sus hijos? Dolor infinito siente y necesita del amor y la entrega de los que le son fieles, de los que la aman por encima de diferencias, no importa dónde se hallen, porque la madre se siente más cerca de los que están más lejos y nunca se cansa de esperar por la unidad y el amor de sus hijos.
Por eso no quiero dejar pasar este día sin decirle a mi Patria que la amo, sin pedirle perdón por mis desvíos, sin consagrarme a su causa, porque no es de hijos fieles volver la espalda en los tiempos difíciles. Por ser su día le canto y les invito a todos a repasar su Historia que es nuestra historia, sus logros que son los nuestros, y sus penas que son también nuestros dolores.
Dolor de ver que nuestro pueblo sufre, cual si fuera un “pueblo crucificado”. Le llamo así perpetuando la voz de Ignacio Ellacuría –el sacerdote jesuita asesinado en El Salvador en 1989–, quien decía que un “pueblo crucificado” era una población que, siendo la mayoría, debe su situación de crucifixión a un ordenamiento social promovido y sostenido por una minoría que ejerce su dominio a ultranza.
En ocasiones, pensamos en Jesús crucificado y hasta nos conmovemos repitiendo “No me mueve mi Dios para quererte…”, olvidando a veces que, ese Jesús escarnecido está frente a nosotros, día a día, calle por calle, en cualquier lugar de Cuba donde sufre un niño, un joven, un anciano, porque tiene hambre, porque está enfermo sin poder amainar su dolor por falta de medicinas, porque está descalzo… y caminamos a su lado sin verle, sin comprender que la injusticia es la corona que clava sus espinas en la mente atormentada de quien no ve futuro, los clavos que amarran y hacen desgarradora la impotencia, la lanza que atraviesa el corazón ahuyentando la esperanza. Los latigazos flagelan al que ansía libertad.
Es nuestra responsabilidad cimentar una sociedad civil que se edifique sobre la base de los derechos ciudadanos, del conocimiento y exigencia de sus leyes; esonos habla de ciudadanos conscientes de que la democracia y las libertades propias de un Estado de Derecho, hay que conquistarlas, sin pensar en los riesgos, sabedores de que aquel no es posible sin verdadera sociedad civil, y que el pluralismo no es algo teórico ni satánico y vale la pena luchar por alcanzarlo.
Pensando en el futuro que casi palpamos, vienen a mi menta estas palabras deSan Juan Pablo II: “no es solo memoria, sino también proyecto”. Sí, no basta con rememorar el pasado y dolernos del presente, hay que mirar al futuro, hacer el proyecto para nuestra vida y para la Patria en que quepamos todos; pero para eso es necesario tener memoria, recordar el pasado tal y como fue, con sus luces y sombras, celebrar el cumpleaños de nuestra República, que no significa gloriarnos de la Enmienda Platt, ni de las intervenciones, injusticias, guerrillas, o la política funesta de los mercaderes de poder.
Significa reverenciar la memoria de tantos y tantos hombres probos que lo dieron todo por construir la República cordial con todos y para el bien de todos, los que nunca vendieron sus ideales ni perdieron sus sueños, porque sabían que era posible el futuro feliz de la Patria, aunque ellos no lo vieran, eran hombres con fe “en el mejoramiento humano” y “en el poder de la virtud”, que hicieron en su momento lo que en ese momento era posible, sin buscar protagonismo ni imponer sus ideas, antes al contrario, posponiendo sus intereses a los del país, buscando la concertación necesaria, como habían aprendido de los próceres que les precedieron:
Al hablar de constituciones, no me es posible pasar por alto la Constitución de 1940, la mejor que ha tenido nuestra República en sus 124 años de existencia, la más progresista de América Latina en su época, llena de ideales de justicia social que, como tantas cosas más, nunca se pusieron en práctica. Su Asamblea Constituyente es un ejemplo vivo de pluralismo democrático, sus delegados eran católicos y comunistas, obreros, profesionales y hacendados, y todos se hicieron a una buscando el bien común, la bienandanza patria.
Evoco ahora las palabras del constitucionalista Manuel Cortina cuando, en plena sesión de la Asamblea, expresó: “¡Los partidos fuera, la Patria dentro!” Pues, como dijera el Apóstol: “Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos”.
Entonces, me pregunto, ¿por qué no es posible hoy soñar con lo que ya pudo serayer? Y no para repetir el pasado, que sería una pretensión absurda, sino para aprender de él con sus errores y virtudes para construir el futuro, inspirado en la justicia social, como en 1940, y con el firme propósito de que sea realidad cotidiana. Busquemos ante todo lo que nos une y respetemos la opinión de los que no piensan como nosotros, que la Patria es de todos y la Nación la formamos todos, también los que ya no viven en nuestro suelo.
Celebremos la fiesta de nuestra República junto a todos los cubanos, juntos todos los que amamos esta tierra fecunda en hombres e ideales, pero sin olvidar estas palabras pronunciadas por Jorge Mañach en La Universidad del Aire: “… con la República no basta: la República no es más que una forma. Cuando una forma se ha llenado de sustancia espiritual y social, cuando se ha integrado y solidarizado cabalmente de modo que no haya vacíos ni tensiones en ella, cuando no sólo se siente vivir en sus recuerdos, sino también en su voluntad creadora de futuro, esa entidad histórica ha alcanzado la dignidad de la nación”.
Y ese relleno de sustancia espiritual y social que construye futuro somos precisamente nosotros los que tenemos que aportarlo, sin esperar que nos venga de otro lado más arriba o más al norte, para que no haya vacíos ni tensiones, para crecernos como República Soberana, lo cual no será posible si no crecemos como pueblo que se mueve desde dentro por iniciativas propias y creadoras, que no es lo mismo que la masa que es movida desde fuera, lo cual no es sinónimo de extranjero, porque tenemos que aprender a pensar con cabeza propia, como enseñaba Varela, y a educar a su estilo: para la libertad y la responsabilidad. Entonces, cuando aprendamos a aceptar nuestras diferencias y unirnos por sobre ellas buscando el bien común, seremos verdaderamente libres y soberanos, pues la soberanía reside en el pueblo que forma la Nación.
El Papa polaco nos dejó el encargo de construir nuestra historia: “No busquen fuera lo que pueden encontrar dentro. No esperen de los otros lo que ustedes son capaces y están llamados a ser y a hacer. No dejen para mañana el construir una sociedad nueva, donde los sueños más nobles no se frustren y donde ustedes puedan ser los protagonistas de su historia”.
Mas, esto requiere renuncias, sacrificios, entrega desinteresada y oración, por eso termino con estas palabras del Cardenal Jules Saliège:
- “…Hay un milagro que ustedes esperan y que no se hará jamás,
- el milagro del restablecimiento de la patria,
- sin que nos cueste mucho,
- sin nuestro restablecimiento personal.”
- María Caridad Campistrous Pérez (Santiago de Cuba, 1943).
- Profesora de Física jubilada.
- Profesora del Instituto Pastoral Pérez Serantes.
