VIGENCIA DEL IDEARIO MARTIANO

Tumba de José Martí en el Cementerio Santa Ifigenia en Santiago de Cuba. Foto de Dagoberto Valdés Hernández.

El sitio web del “Club de amistad Cuba-USA”, el pasado mes de septiembre, publicó un artículo bajo el título: La ínsula desmesurada: crítica sobre la vigencia del pensamiento político de José Martí.1

La obra martiana es tan vasta como lo son las interpretaciones de la misma. Con el objetivo de brindar una visión diferente, tomé cuatro fragmentos del artículo citado para expresar mis consideraciones:

1. La sublimación del pensamiento político de José Martí como una guía ineluctable para solucionar los problemas cubanos y faro hacia donde debe dirigirse nuestra nación, es más que aconsejable irlo reservando para lo que le corresponde en los estudios críticos de la historiografía nacional.

Si alguien piensa que el pensamiento martiano es guía ineluctable para solucionar los problemas cubanos, sencillamente está errado. Pero si piensa que ese pensamiento debe reservarse para estudios críticos de la historiografía nacional, también está errado. El hecho de que cada época tiene sus propios problemas, no significa que las ideas anteriores sean obsoletas.

Para afirmarlo hay que contrastar dichas ideas con el presente para confirmar si responden o no a la actualidad. Con ese fin parto de dos premisas: una, que los objetivos del ideario martiano no se han alcanzado; dos, que el retroceso sufrido en las últimas seis décadas ha retrotraído a Cuba a una situación similar o peor a la que existía en la segunda mitad del siglo XIX.

La primera, Martí colocó al cubano como principio y fin de su obra libertaria. Planteó que la ley primera de la República tenía que ser la dignidad plena del hombre. Su concepto de República era Estado de igualdad de derecho de todo el que haya nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, que implicaba el amor y el perdón mutuo de una y otra raza, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano sea hombre político enteramente libre. En su ideario, “dignidad” significaba respeto pleno a las libertades cívicas y políticas e igualdad de derecho y de participación ciudadana. La Patria la definió así: Los hombres han de vivir en el goce pacífico, natural e inevitable de la libertad, como viven en el goce del aire y de la luz. Y la independencia la concebía como el respeto que los poderes públicos demuestren a cada uno de sus hijos. Esa República ¿está o no pendiente de realización?

La segunda, se demuestra al comparar las libertades implementadas en cumplimiento de los acuerdos del pacto del Zanjón, con el que finalizó la guerra iniciada en 1868. De las libertades de imprenta, de asociación y de reunión puestas en vigor en plena colonia en 1878, surgieron partidos políticos, los sindicatos, las asociaciones raciales, los periódicos y otras instituciones que fortalecieron la sociedad civil en Cuba. Con esas libertades Juan Gualberto Gómez, pudo divulgar las ideas independentistas, con la única limitación de no llamar a la guerra. Si aquel estado de cosas constituye hoy una añoranza, entonces ¿conserva o no su vigencia el ideario martiano?

2. Es crítico señalar que se empeñó obsesivamente en retomar como válido y rápido instrumento de transformación nacional un experimento de violencia anterior, la Guerra de los Diez años de 1868, que solo dejó destrucción en la mitad oriental del país. Y más adelante añade: Lo que Martí puso en marcha en 1895 era algo que no se podía controlar. Una guerra desencadenada es eso, el caos sin control, funcionando con su propia lógica de tiempo, muerte y espacio.

Precisamente, Martí hizo lo contrario. No tomó como válido y rápido el experimento anterior, sino que realizó un estudio crítico de los errores cometidos en la Guerra de los Diez Años y de ese estudio derivó un conjunto de principios: el papel de la política y su carácter democrático y participativo, la inclusión de todos los componentes en el análisis de los fenómenos sociales, la unión de los diversos factores, y el tiempo en la política. Factores que hoy no se pueden obviar. Por ello a Martí se le puede considerar el precursor de la política moderna en Cuba. En esos principios están la función limitada, tanto de la guerra, que la llamó necesaria, como del Partido, como ente aglutinador y organizador de la misma.

La guerra no la puso en marcha Martí sino que comenzó en 1868. Cuando se inició la preparación de la contienda de 1895, Antonio Maceo, Máximo Gómez y otros patriotas estaban al frente. Martí no los apoyó, precisamente porque no existían las condiciones y sería un inútil derramamiento de sangre. El país va desordenadamente a la guerra -decía-, y la guerra corre gran peligro si la dejamos estallar desordenada. Violentar el país sería inútil, y precipitarlo sería una mala acción, escribió al generalísimo Gómez el 20 de julio de 1882. Y en 1884, cuando por esas razones decidió separarse del Plan Gómez- Maceo, nuevamente, con su profundo pensamiento, le escribió: Un pueblo no se funda, general, como se manda un campamento.

Su enemistad con la violencia la expresó en mayo de 1883: Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa… Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz. Y en febrero de 1892, en “Nuestras Ideas”, expresó: “Y no es el caso preguntarse si la guerra es apetecible o no, puesto que ninguna alma piadosa la puede apetecer, sino ordenarla de modo que con ella venga la paz republicana, y después de ella no sean justificables ni necesarios los trastornos a que han tenido que acudir…”2

Para ese fin concibió al Partido Revolucionario Cubano (PRC), como institución organizadora, controladora y creadora de conciencia; para sustituir la espontaneidad y la inmediatez, fomentar la unidad de los combatientes, sustituir el caudillismo, el individualismo y dirigir la guerra como una necesidad táctica de una estrategia mayor, que era gestar la Patria y conformar la República con todos y para el bien de todos.

3. Pero lo que hace grave su caso, aunque de ello no tenga culpa, es que siglo y pico después, se siga tomando ese mismo ideario por ambos bandos contrarios, los de la involución y los del progreso, para buscar legitimidad política en el presente… Han ocurrido demasiadas cosas en los últimos sesenta años en Cuba y en el mundo para estar buscando las soluciones del presente en el discernimiento personal de lo que escribiera un señor en el siglo XIX sobre cómo imaginó cómo era este país.

No se puede culpar a Martí de que otros manipulen su ideario, porque ese no fue su objetivo. Los cubanos de uno y de otro signo, de adentro y de afuera, han tratado y tratan -como dice un viejo refrán- de arrimar la brasa a su sardina. La culpa, y eso lo decidirá la historia, recaerá en los que lo han usado y lo usan para justificar sus apetitos de poder egoístas. El haberle atribuido la autoría intelectual del asalto al Cuartel Moncada, tergiversar su idea del partido para justificar la prohibición de otros y situarlo junto al marxismo como fundamento del modelo totalitario, no es su culpa.

4. Martí forzó una realidad, e interrumpió toda posibilidad pacífica de evolución en la Isla con el empecinado exabrupto histórico que desencadenó.

La interrupción de la posibilidad pacífica de evolución fue responsabilidad neta de la terca conducta metropolitana, que cerró toda posibilidad de solución sin acudir a la guerra que, al decir del apóstol: parece ser por desdicha el único medio de rescatar a la patria de la persecución y el hambre. El estallido de 1868 se produjo después de fracasar todos los intentos pacíficos de reforma y conservar las injusticias contra cubanos “libres” y esclavos.

A manera de conclusión

Las interpretaciones de Martí deben fundarse en el mayor rigor posible. Lo que Cuba nunca podría hacer -decía el poeta Rogelio Fabio Hurtado- a menos que quiera suicidarse como nación, es cancelar ese pensamiento.

Considero que el pensamiento político martiano continúa vigente, pues estamos detenidos en el tiempo en que a él le tocó vivir. Una sociedad, una nación y una república, inspirada en la dignidad plena del hombre es exactamente lo que necesitábamos ayer y seguimos necesitando hoy. La República con todos y para el bien de todos es asignatura pendiente.

No se trata de calcar su pensamiento, pero el método para discernir lo que en cada momento debe hacerse, no puede soslayar el ideal martiano, que como toda obra humana tiene defectos.

Referencias

1www.cultureduca.com/clubamistadcubausa/la-insula-desmesurada-critica-sobre-la-vigencia-del-pensamiento-politico-de-jose-marti/
2MARTÍ, JOSÉ. Obras Escogidas en tres tomos. TIII, p. 65.

 


Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
Reside en La Habana desde 1967.
Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

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