Jueves de Yoandy
A lo largo de mi vida, una veces con intención, otras espontáneamente, las enseñanzas y el espíritu del Padre Félix Varela me han acompañado. Hoy 20 de noviembre, en el 237 aniversario de su nacimiento, quisiera recordar algunos momentos clave de esa presencia.
En la enseñanza primaria, cuando comenzábamos a recibir la asignatura de Historia de Cuba y debíamos hacer las valoraciones de los patricios, recuerdo que me encantaba poner su nombre completo que me lo había aprendido: Félix Francisco José María de la Concepción Varela y Morales. Luego, más allá de esa información o las anécdotas de la relación de Varela con los pobres, que siempre impactaban, fui conociendo a fondo la obra del primero que nos enseñó en pensar. Es impresionante su biografía, al constatar que fue el precursor de grandes hitos. Su corta edad de veinticuatro años no impidió que el obispo Espada lo nombrara profesor de Filosofía, Física y Ética en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio de La Habana, esa matriz insigne donde se gestó la nacionalidad cubana.
Es impresionante cómo supo Varela fusionar ciencia y conciencia: a la vez que preparaba el primer laboratorio de Física y Química de Cuba con novedosos instrumentos para la época, enseñaba las ciencias mediante la experimentación; pero también introducía y aplicaba métodos pedagógicos adelantados que alejaban a la escolástica ya anquilosada y fomentaban el pensamiento con cabeza propia y la capacidad de decisión.
Por otra parte, cuando se habla de los Derechos Humanos en Cuba debemos tener presente a Félix Varela porque fue el fundador, en el Seminario, de la primera Cátedra de Derecho que tuvo América Latina: la Cátedra de la Libertad y los Derechos Humanos. Así enseñó a los jóvenes sobre las leyes, la responsabilidad civil que todos compartimos, el equilibrio de poderes y el freno que debemos poner a los poderes absolutos, cultivando desde entonces el respeto y preeminencia de la dignidad humana.
Si te rodeas de personas que te enseñan sobre la historia, no la de panfletos, sino la verdadera que a veces la oficialidad olvida, adultera o esconde, aprendes a entender mejor las cosas, a amar la historia porque no se imparte como una ideología de buenos y malos, de afectos y desafectos del sistema. Así la historia entra en nuestra cabeza en modo agradecimiento porque conocemos el origen, la esencia y la verdad. Doy gracias a Dios por haber estado cerca desde hace mucho tiempo, de dos personas pinareñas amantes de la vida y obra de Varela: me refiero al inolvidable y santo obispo de Pinar del Río Mons. José Siro González Bacallao y al laico católico Dagoberto Valdés.
Ha sido tal su interés por el estudio y la transmisión del legado vareliano, que por ellos aprendí de esas cosas que no te pueden decir en otros sitios donde no se ame, de verdad, la historia patria. Y así cuento, en este día del cumpleaños del primero que nos enseñó en pensar, algunas cosas que para algunos aún siguen siendo desconocidas:
En el año 1988, un día como hoy, cuando se celebraba el bicentenario del natalicio del Padre Varela, la Comisión Católica para la Cultura en Pinar del Río encabezada por Dagoberto, y el propio obispo residencial, invitaron a la eminente poetisa cubana Dulce María Loynaz a una conferencia magistral en la velada cultural que se realizó en la Catedral de San Rosendo. Muchos años después sigue siendo recordada su frase final que nos invita a una reflexión permanente, aplicable a Varela en aquel momento, pero vigente hoy ante el desanimo, la desesperanza y la falta de visión sobre la importancia de las pequeñas cosas. Ella decía que podría pensarse que la obra de Varela fue en vano, refiriéndose a que no vio materializadas sus grandes aspiraciones, sus sueños para Cuba. Y terminó con la magistralidad que salía de su pluma: “Podríamos pensar que la vida del Padre Varela fue arar en el mar, pero la cosecha fue de perlas”.
En la preparación de la visita a Cuba de Juan Pablo II, es decir, previo al año 1998, Mons. Beniamino Stella, Nuncio Apostólico en Cuba, le encargó a la Diócesis de Pinar del Río, que entonces pastoreaba Monseñor José Siro, una tarja para colocar en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, durante el encuentro del Papa polaco con el mundo de cultura. Dicha tarja fue diseñada por el maestro Feliscindo González, recientemente fallecido y laico fiel de la parroquia a la que asisto desde niño, el hoy Santuario de la Caridad en Pinar del Río. En ella aparecía un pergamino con uno de los aforismos más conocidos de Varela: “No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad”. Una cinta al pie del pergamino dice: Visita de S.S. Juan Pablo II a Cuba. Se fundió en bronce en Roma y se trajo a tiempo a La Habana. Las autoridades civiles no permitieron colocarla en el Aula Magna junto a los restos del Padre Varela, sitio propuesto por la Iglesia y la comisión eclesial organizadora de la primera visita de un Papa a Cuba. La maqueta, diseñada por el maestro pinareño, en madera y metal, tambien regresó de Roma y fue entregada por el Nuncio al Centro de Formación Cívica y Religiosa de Pinar del Río y la revista Vitral en cuyas oficinas permaneció hasta su cierre en 2007. Luego, la maqueta y un busto del Padre Varela confeccionado por el maestro Tiburcio Lorenzo, también pinareño, fueron trasladados a la Biblioteca Diocesana de Pinar del Río “Jaime Manich”, donde hoy están expuestos. La tarja original se colocó en la pared al lado de la Puerta de San Ignacio, antigua entrada del Seminario San Carlos y San Ambrosio de La Habana, por donde tantas veces entró el “primer santo cubano”.
Al pedir su retiro del episcopado, por razones de edad, el obispo Siro quiso tener como despedida una misión diocesana de un modo diferente. Y el cura guajiro, sencillo y valiente, amante de la historia y mecenas de tantas obras histórico-culturales y cívicas, organizó una misión vareliana realizada en cada parroquia de la diócesis pinareña. Él mismo, junto a tres laicos: mi tío Virgilio Toledo, María C. Gálvez y Dagoberto Valdés, visitaron durante un año cada parroquia de la diócesis más occidental de Cuba. El panel que ellos conformaban iba presentando una breve y popular biografía del Padre Varela escrita por Dagoberto de la que se imprimieron 10 mil ejemplares y se distribuyeron profusamente entre los que participaban, junto con una estampa del Padre Varela que llevaba por detrás la oración pidiendo su canonización. También se regaló un cuadro con la foto de la estatua del Padre Félix Varela que se había erigido y bendecido por el Obispo en los jardines de la Catedral de Pinar. El cuadro fue colocado en los salones de cada parroquia. Fue una excelente manera de despedirse Monseñor Siro de sus feligreses que tanto le quisieron, pero también de fomentar el conocimiento y la devoción, acercar a Varela, en la espera de que un día, no muy lejano, llegue a los altares de las iglesias.
La misión vareliana por cada rincón pinareño concluyó el 20 de noviembre de 2006 con una gran celebración en la Iglesia Catedral. La misión había comenzado el 12 de marzo de 2006 con otra solemne con celebración al final de la cual fue entronizada y bendecida, en los jardines del Templo, la única escultura de cuerpo entero de Félix Varela que existe hasta la fecha en Cuba. El artista pinareño José Manuel Pérez Vélez esculpió un Varela en mármol, a tamaño real, que mira al horizonte con la vista en alto, sosteniendo en su mano el libro de las Cartas a Elpidio, su magno proyecto ético para la nación cubana. Desde entonces, 2006, Varela custodia las calles pinareñas y algunos pasan, se persignan, rezan y ofrecen flores a este santo, pilar fundacional cubano.
En 2011, al entrar al Aula Magna de la Universidad de La Habana con motivo de mi graduación de Licenciado en Microbiología, lo primero que hice fue acercarme al cenotafio donde descansan los restos mortales de Félix Varela. Allí recé, allí ofrecí el sacrificio de mis años de estudios en esa Alma Mater, allí pedí por Cuba, y allí recordé a los que igualmente en momentos cumbre de sus vidas y de la vida de la Iglesia cubana rindieron homenaje al sacerdote santo.
Hoy, cuando estamos muy próximos a celebrar en febrero de 2026 el cuadragésimo aniversario del Encuentro Nacional Eclesial Cubano (ENEC), el primer evento general de la Iglesia Católica en Cuba después de 1959, también recuerdo la presencia pinareña en ese momento histórico para Cuba. Los delegados del ENEC tuvieron a bien expresar la apertura de la Iglesia al pueblo cubano con un gesto público. Era la primera vez que la Iglesia salía de sus templos a un acto conmemorativo de dimensión social: una Visita-Peregrinación al Aula Magna de la Universidad de La Habana para honrar al Padre Varela y venerar sus restos que “descansan y convocan” desde allí. El laico pinareño Dagoberto Valdés, miembro de la presidencia colegiada del ENEC, pronunció las palabras de homenaje que hoy, casi 40 años después, nos siguen convocando al compromiso de llevar las enseñanzas y la espiritualidad del Padre Varela a todo el pueblo cubano. Todos los cubanos, alguna vez en la vida, debemos hacer una visita-peregrinación para rezar por Cuba y su Iglesia ante los venerables restos del fundador de la nación cubana, el Padre Félix Varela.
Termino con un fragmento de aquellas palabras de veneración ante su cenotafio, no sin antes decir en este sencillo homenaje por su 237 cumpleaños, que todos los cubanos y especialmente la Iglesia Católica tenemos el deber de difundir la obra de Varela, conocer y visitar los lugares varelianos, y empujar para que pronto no solo sea oficialmente declarado santo, sino que su obra sea difundida, sea conocida y se convierta en un programa para la reconstrucción de Cuba, porque, como dicen las palabras de Dagoberto en el Aula Magna, que hoy podemos hacer nuestras:
“Varela es puente, punto de referencia, camino de unidad para los diversos sectores de nuestro pueblo. Hombres como él derriban barreras, abren puertas, construyen, serena y audazmente, el edificio de la sociedad. Hombres como él, desde los mismos albores de nuestra nacionalidad, convocan a la forja del futuro a todos cuantos quieran, con un amor entrañable a la Patria, y aún desde diversas concepciones del mundo, ponerse al servicio de la vida misma para abrir nuevas perspectivas a los hombres y vislumbrar renovados horizontes para nuestra sociedad”.
¡Feliz cumpleaños Félix Varela!
¡Orgulloso de que los pinareños siempre te hayamos venerado!
Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, España.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

