Valoración crítica del primer año de la revista Convivencia

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Una valoración crítica de esta joven publicación en la zaga de aquel Vitral, la revista más libre que circulaba en Cuba : ¿Qué ha sido Convivencia en su primer año? ¿Ha cumplido sus objetivos? ¿Demuestran sus artículos el perfil sociocultural que se propone? ¿Tiene Convivencia quien le escriba? Un año de servicio de sanación del miedo y de la intolerancia.


Por Reinaldo Escobar

Había una vez un equipo con un proyecto firme y exitoso. Fuerzas exteriores, meras fuerzas administrativas, pretendieron ponerle bridas para desviarlo de lo que era el propósito común de cada uno de sus integrantes. Sin demorarse mucho, pero pensándolo lo suficiente, el equipo en pleno renunció. Pocos se atrevieron a animarlos, pero fueron menos los que pretendieron desalentarlos ante lo que parecía la resolución de lanzarse sin protección hacia el abismo. No tuvimos más remedio que creerles y darles la razón.
Vitral era la revista más libre que circulaba en Cuba; el intento de restringirla trajo consigo no solo la disensión del grupo creativo que la realizaba sino también la aparición de una nueva publicación, esta vez en formato digital, que con el nombre de Convivencia acaba de cerrar, al concluir el 2008, su primer año de vida.
En ese tiempo 67 autores publicaron allí 177 títulos que ocupan 381 páginas. Si tuviera que definir el perfil de esta revista atendiendo a su contenido diría que es esencialmente cultural, propiciadora del debate público y animadora de la sociedad civil, pues a esos temas ha consagrado casi el 45 por ciento de sus páginas, pero además se ocupa de los derechos humanos, la economía y la educación, aspectos a lo que ha dedicado otro 20 por ciento de su espacio. Sus editoriales, que no son gritos de guerra ni alaridos de dolor convocan y conmueven, pero sobre todas las cosas sacuden y despiertan las conciencias dormidas.
Aquello de que no hay mal que por bien no venga nos provoca la pregunta de si al fin y al cabo no fue mejor que de la noche a la mañana se tomara la decisión de cortarle las alas a Vitral. Como cuando se extingue un conjuro, aquello que parecían alas develó una cierta forma oculta de grilletes y fue al perderlos cuando pudieron volar plenamente.
Convivencia nació con una limitación de la que son conscientes sus hacedores: el espacio virtual donde se despliega le está vedado a la mayoría de los cubanos; pero como ha dicho Dagoberto Valdés, su director, “del lobo, un pelo”. Es verdad que todavía hoy son pocas las personas que tienen a su disposición una computadora y menos aún los que acceden a Internet, pero lo cierto es que nadie puede publicar ni una sola opinión divergente o ni siquiera diferente de lo que se define como la línea del partido, en los periódicos y revistas que circulan ni en los programas de la radio o televisión que se trasmiten en el país.
Adaptar los hábitos de una revista impresa a los modos del mundo virtual lleva tiempo y trabajo. Un ejemplo de eso es que más de la cuarta parte de los artículos publicados en esta aún joven publicación digital, sobrepasan las 3 páginas, lo que, según estudios realizados, perjudica la lectura en pantalla. Otro aspecto es el tema de la periodicidad con que se actualiza. Una frecuencia semanal ya resulta poco atractiva a los internautas y Convivencia es bimestral, lo que trae dos malas consecuencias, una que desestimula a los lectores a la acción de buscar la dirección y otra, que acumula demasiados materiales en cada entrega.
Claro que cuando se escribe a más de 150 kilómetros de donde están los sitios para conectarse a internet y se consideran los precios del transporte y la conexión, resulta obvio que la frecuencia actual de la revista no es una elección sino un imperativo de las circunstancias.
Convivencia tiene un equipo envidiable, algunos de ellos, como Jesuhadín Pérez (con 11títulos), Karina Gálvez (con 9), Virgilio Toledo, (con 7 trabajos) son los de mayor presencia. Belisario C. Pi Lago, Javier Valdés, Oscar Espinosa Chepe, Juan Carlos Fernández, Wilfredo Dennie (con 6 participaciones) y Néstor Pérez, Miriam Leiva y Dagoberto Valdés (con 5 artículos) más un nutrido grupo de colaboradores esporádicos conforman más que equipo una verdadera familia.
Con independencia de los ilustrativos aunque fríos datos estadísticos, la mejor forma de valorar el primer año de esta publicación es respondiendo a la pregunta de si transita o no hacia el cumplimiento de los objetivos propuestos. Convivencia se definió a sí misma al nacer como “un umbral para la ciudadanía y la sociedad civil” Se propuso ser “plural y participativa… una casa abierta y compartida por cubanos y cubanas de la Isla y de la Diáspora. Signo y adelanto del hogar común que debemos reconstruir y reconciliar…”
No hay que ser muy agudo para darse cuenta de que esta meta aún está por obtenerse. Una lectura diagonal de lo publicado este año detecta fácilmente la ausencia de textos donde se argumente a favor de las políticas sociales y económicas del gobierno. Indudablemente, sería la presencia de estos elementos lo que certificaría la condición de plural, participativa, abierta y compartida de la revista. Cuesta trabajo creer que esos argumentos no existen por lo que se deduce que quienes pudieran enarbolarlos no están en disposición de hacerlo desde las páginas de Convivencia. Lo paradójico es que la mayoría de los colaboradores que han publicado este año en la revista, sí se atreverían a enviar sus textos a cualquiera de las publicaciones que circulan oficialmente, pero son éstas las que no aceptarían sus trabajos.
Pero la causa de este “incumplimiento” no está precisamente en la naturaleza de la publicación ni en el sectarismo de los integrantes del Consejo de Redacción, sino en dos de las enfermedades más extendidas de nuestra sociedad: el miedo y la intolerancia.
Considero que lo que ha hecho la revista Convivencia en este primer año de vida ha sido precisamente trabajar en la sanación de estos dos terribles padecimientos. El tratamiento que ellos han propuesto frente al miedo ha sido el de no mostrarlo, tal vez sería mejor decir, no sentirlo, y ante la intolerancia, la medicina elegida ha sido no practicarla. Esa ha sido la cosecha de 2008.

Reynaldo Escobar (Camagüey, 1947)

Periodista. Miembro de la Revista digital ConTodos.
Reside en La Habana.

www.desdecuba.com

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