UN PODER CADA VEZ MENOS LEGÍTIMO, Y UNA CIUDADANÍA CADA VEZ MÁS EMPODERADA


Miércoles de Jorge

La legitimidad del poder político se juega en cada decisión que los gobernantes toman o dejan de tomar. En el contexto de la crisis de todo tipo y de gran alcance que padecemos los cubanos, la pérdida de legitimidad del gobierno cubano es más evidente, especialmente ante la inacción como respuesta a demandas muy claras de la ciudadanía, que piden cambios fundamentales en la economía, la política, etc. Estas demandas, ya no se reducen a una minoría de cubanos, el 11 de julio del 2021 y las protestas posteriores han demostrado lo amplio que son los reclamos por cambios verdaderos y profundos.

No existe legitimidad alguna cuando un poder además de no atender las demandas de los ciudadanos gobierna de forma impune y autoritaria, sin controles parlamentarios y judiciales, sin escuchar y responder a la opinión pública y a los cuestionamientos de una prensa libre, sin reconocer derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, sin someterse a elecciones periódicas y libres de manipulaciones cada cierto período de tiempo. Tampoco es posible hablar en este caso de democracia, de estado de derecho, ni de un sistema que persigue el bienestar de sus ciudadanos.

Lo anterior, es una realidad cada vez más visible para los cubanos. Y por mucho que los actuales dirigentes se aferren al poder e insistan en su intento de perpetuarse mediante pequeñas aperturas cosméticas y superficiales, cada día que pasa es más evidente la falta de democracia y la pérdida de legitimidad del poder político, incluso de cara a aquellos que han sido partidarios del sistema en algún momento de sus vidas o que aún lo son.

Paralelamente a este proceso, y a pesar de realidades como el daño antropológico y el analfabetismo cívico y político, Cuba cuenta con una ciudadanía cada vez más empoderada y consciente de su papel cívico en la sociedad. Prueba de ello son las reiteradas protestas en toda la isla, que por diferentes motivos se han venido dando en los últimos años. Así también el civismo mostrado en algunas de ellas por el pueblo cubano (métodos pacíficos, apertura al diálogo, reivindicación de derechos, ejercicio de libertades como la expresión y la asociación, entre otras).

En los últimos años, ha sido notoria la evolución experimentada en cuanto a los puntos mencionados en el último párrafo. Si bien aún queda mucho por crecer como ciudadanos, no tengo dudas de que hay razón para tener esperanza al ver los procesos que se han venido desarrollando en los últimos tiempos. Especialmente cuando se mira a las nuevas generaciones de cubanos, a la transformación que supone el internet y los espacios abiertos y/o ganados en el sector privado y la sociedad civil.

En estos tiempos de turbulencia, al pensar y hablar de Cuba, surge de manera poderosa la tentación de quedarnos en lo malo, de mirar solo lo negativo, de quedar atrapados ante la queja y la denuncia. Sin embargo, es siempre saludable el ejercicio de intentar tomar distancia de las naturales emociones y sentimientos que nos invaden, como la tristeza y el pesimismo. Al hacerlo, y centrarnos en lo positivo que hay en toda crisis, en toda realidad negativa, en todo contexto humano, podemos entonces “ver la copa media llena ”, y con esperanza en el futuro dar pasos firmes –aunque pequeños– para superar la crisis.

Dos realidades que se hacen evidentes al intentar ver las cosas positivas de la Cuba de hoy son las comentadas anteriormente. Un gobierno que cada vez es más débil, aunque aparente fortaleza, y por otro lado una ciudadanía cada vez más empoderada y consciente. Estas realidades son además tendencias crecientes, lo han sido en los últimos años, y no pueden conducirnos a otro resultado que no sea un país libre, próspero y democrático. ¡Es solo cuestión de tiempo!

 

 


Jorge Ignacio Guillén Martínez (Candelaria, 1993).
Laico católico.
Licenciado en Economía. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.

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