San Antonio María Claret: Arzobispo evangelizador de Cuba

“El Prelado será siempre la Santísima Virgen.
Mi forma de gobierno será aquello que ella inspire en mí”.1
San Antonio María Claret

Al conmemorar este 16 febrero del 2026 los 175 años de la llegada a Cuba de San Antonio María Claret y Clará, recordamos la vida y la obra de este gran hombre pues su quehacer en tierras cubanas fue trascendental, no solo en la región oriental del país, sino en toda Cuba y siempre se le recuerda con devoción y respeto.

Nació Antonio María en el pueblo de Sallent, Barcelona, el 23 de diciembre de 1807. El quinto de once hermanos fue bautizado el mismo día de la Navidad. Su madre tenía problemas de salud por lo que lo pusieron al cuidado de una nodriza en el pueblo de Santa María de Olot. Una noche en que Antonio se había quedado en casa de sus padres, hubo un incendio en la casa de su nodriza. Se hundió el techo, la casa se desplomó y perecieron todos sus ocupantes. Este accidente marcó a Antonio para toda la vida, pues pensó que era una señal de la Providencia.

Desde la cuna Claret sintió la influencia de su familia que estaba vinculada al mundo de los telares y tejidos que era el negocio de su padre, y como cualquier otro niño de su edad jugaba, estudiaba y asistía con atención a la misa. Dejaba temporalmente el juego para visitar a Jesús en el sagrario de su parroquia a donde iba con frecuencia con su hermana Rosa, allá en la ermita de la Virgen de Fusimaña en Sallent. Él mismo comentó ya de adulto:

“Todo lo que me referían y explicaban mis padres y mi maestro lo entendía perfectamente, no obstante, de ser muy niño; lo que no entendía era el diálogo del Catecismo, que lo recitaba muy bien, como he dicho, pero como el papagayo. Sin embargo, conozco ahora lo bueno que es saberlo bien de memoria, pues que después con el tiempo sin saber cómo ni de qué manera, sin hablar de aquellas materias, me venía a la imaginación y caía en la cuenta de aquellas grandes verdades que yo decía y recitaba sin entenderlas, y me decía: ¡Hola! ¡Esto quiere decir esto y esto! Vaya qué tonto eras que no lo entendías… Si no hay instrucción de Catecismo, hay una ignorancia completa en materias de religión, aun en aquellos hombres que pasan por sabios. ¡Oh, cuánto me han servido a mí la instrucción del catecismo y los consejos y avisos de mis padres y maestros!”2

La debilidad de Antonio eran los libros. Aquellas lecturas de su infancia y luego en la juventud tuvieron una gran influencia en el que ya entonces tenía una clara ilusión: llegar a ser sacerdote y apóstol. Sin embargo, pasó toda su adolescencia en el taller de su padre perfeccionando los estudios en la Escuela de Artes y Oficios de la Lonja. Algunos empresarios del sector pusieron su esperanza en que el joven Claret estableciera una gran fábrica textil, pero Antonio no acogió este plan pues sentía que ese no era su camino en la vida.

Claret sacerdote

Con 21 años, a principios de septiembre de 1829, se decidió por la carrera sacerdotal y es cuando entra en un profundo contacto con la Biblia, y a los 27 años celebra su primera misa en la parroquia de Sallent, siendo destinado como párroco a su tierra natal. Pero la agitación política y el desorden en una España antirreligiosa que iba camino a la guerra civil, obligan al joven Claret a ir a Roma y allí inscribirse en “Propaganda Fide” establecida en 1599 por el Papa Clemente para la formación del clero secular para las misiones. Claret soñaba con ir a predicar el Evangelio a otras tierras. Estaba claro que él quería ser misionero.

Entre 1841 y 1848 emprendió su ministerio recorriendo a pie toda Cataluña y predicando la Palabra de Dios. Pronto extendería sus predicaciones por otras latitudes españolas recibiendo de Roma el título de Misionero Apostólico. Por su gran capacidad de la palabra además de la predicación, el Padre Claret se dedicó a dar ejercicios espirituales al clero y a religiosas y religiosos. En uno de aquellos retiros espirituales, enfatizó:

“Vamos a la eternidad, cristianos; ¿pero… desde cuándo? Desde el primer instante de nuestra existencia, sin que nos detengamos ni un solo momento en el camino. Cuando estamos aún encerrados en el seno de nuestras madres, y cuando reposamos ya en su regazo; cuando crecemos en la niñez y en la juventud, y cuando menguamos o nos disminuimos en la vejez; cuando dormimos y cuando velamos; cuando corremos y cuando estamos sentados… En todos tiempos caminamos con paso igualmente acelerado a la eternidad”.3

También comenzaba a escribir y publicar folletos y libros. Entre ellos se destaca el “Camino Recto” que sería el libro de piedad más leído del siglo XIX. Por ello, y convencido en la evangelización a través de la prensa, en 1847 funda junto con su amigo José Caixal la “Librería Religiosa”. Pero no se concentra solo en lo religioso pues también escribe sobre otros temas como uno sobre agricultura en el que trata sobre el azúcar, el tabaco, el algodón y el añil. Del azúcar comentaba:

“La caña dulce es producción original de la China, de donde paso a la Arabia, de la Arabia paso a Egipto, de Egipto paso a España, de España a Portugal, Sicilia e Islas Canarias, y descubierto el Nuevo Mundo la llevaron los españoles a las Indias Occidentales y los portugueses al Brasil, viniendo a ser por medio de esta emigración, la más importante producción de la tierra, y en poco inferior al trigo o al arroz en su utilidad, aunque superior en el comercio de las naciones”.4

En ese mismo año de 1847 redacta los estatutos de la Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amantes de la Humanidad compuesta por sacerdotes y seglares, hombres y mujeres, cuyos fines principales serían la difusión de la prensa. También funda la Archicofradía del Corazón de María. Pero la gran obra de su vida la establece el 16 de julio de 1849 en el seminario de Vic. Es la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Cordis Mariae Filius – CMF). También, bajo su dirección espiritual intervino directa o indirectamente en otras fundaciones u órdenes religiosas como fueron: las Adoratrices, las Carmelitas de la Caridad, las Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, las Religiosas Filipenses, Sagrado Corazón fundadora de las Siervas de Jesús, las Franciscanas de la Divina Pastora, las Dominicas de la Anunciata, las Esclavas del Corazón de María, y su influencia en la Compañía de Santa Teresa, Religiosas de Cristo Rey, etc. Casi todas estas congregaciones se establecerían más tarde en Cuba donde fundarían colegios y conventos.

Obispo de Cuba

El 6 de octubre de 1850, cuando contaba 42 años, Claret es consagrado obispo de Cuba en la catedral de Vic. Antes de irse de viaje, visita a la Virgen del Pilar en Zaragoza; en Cataluña a la Virgen de Monserrat y en su pueblo a la Virgen de Fusimaña. También le da tiempo para fundar las Religiosas de las Hijas del Inmaculado Corazón de María.

Sale del puerto de Cádiz y luego de varias semanas de travesía desembarca en Santiago de Cuba el 16 de febrero de 1851. Toma así posesión no solo del Arzobispado de Cuba, sino del Primado de las Antillas y del Patriarcado de las Indias Occidentales. En cuanto desembarca va a visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre cuya imagen hace labrar después en su cayado pastoral diciendo a sus fieles: “Esta es vuestra Patrona. Ella regirá mi diócesis”. Y en su escudo arzobispal plasmó el lema: “La caridad de Cristo me arrastra”.

Encontró que aquel amplio territorio contaba con solo 40 parroquias, que la población estaba regada por grandes distancias, y que había menos de 125 sacerdotes para atenderla. Por otro lado, los templos se hallaban en estado lamentable por lo que mandó a reparar y construir iglesias y fundó 53 nuevas parroquias. En lo religioso, Monseñor Claret no encontró tampoco un panorama positivo pues ante la situación ya descrita, no se veía una fuerte acción pastoral de la Iglesia que intentara, al menos, detener o solucionar los graves males. El clero, que no había sido atendido convenientemente por los anteriores arzobispos, tenía problemas económicos que en muchos casos no le permitían una digna subsistencia. Encontró que aquellos sacerdotes no habían sido debidamente formados, por lo que languidecían y en muchos casos se apartaban del estricto cumplimiento de su ministerio. No sería fácil para Claret resolver o por lo menos mejorar estas situaciones.

El panorama económico era desastroso. La carga de impuestos que exigía la metrópoli a su colonia cubana, así como los abusos y restricciones hechas a los criollos frenaban su desarrollo económico y generaban un malestar y un caldo de cultivo que desembocaría en el inicio de una crisis política que se iría agudizando y que ya entonces se manifestaba en insurrecciones. Se sucedieron por aquellos años algunas conspiraciones como la del camagüeyano Joaquín de Agüero, la de Román de la Luz, la de los Soles y Rayos de Bolívar, la del venezolano Narciso López y otros más. En la de Agüero en particular, el Arzobispo Claret intentó salvar la vida de los sublevados intercediendo ante el Capitán General de la Isla, pero no obtuvo resultados positivos, más bien comenzó a no ser bien visto por las autoridades civiles y militares. Durante todo el período de permanencia de Mons. Claret en la Isla, se fue gestando el ideal independentista que dificultó su trabajo evangelizador, pues para algunos su actuación era mirada como pacificadora y pro española.

Claret encuentra en la Isla que el aspecto social era para horrorizarse. La prostitución, el robo, el sincretismo religioso, los negocios ilícitos, las supersticiones, a lo que hay que añadir la esclavitud, con toda la crueldad que representaba, era vista por las autoridades y por muchísima gente como algo natural y necesario para el desarrollo de Cuba. El concubinato y su fruto de hijos ilegítimos con el consiguiente daño a la moral familiar y social eran tolerados por las autoridades españolas cuando no apoyados.

Labor evangelizadora

Para hacerle frente a estas situaciones, decidió el Padre Claret comenzar por hacer visitas pastorales por su diócesis y reformar al clero. Organizó tandas de ejercicios espirituales que él mismo las impartía alojando a los sacerdotes en su casa y costeándoles los gastos de manutención y viaje. Cambió de parroquia a aquellos que creyó conveniente y ascendió a otros que lo merecían. El Seminario de San Basilio Magno tampoco marchaba bien, pues en los últimos 30 años no había dado ningún sacerdote a la diócesis. Actualizó los planes de estudio, añadió al currículo clases de oratoria, historia sagrada, moral, cánones, liturgia y canto llano. Dos años después había ya 110 seminaristas, celebrándose una ordenación de 12 nuevos sacerdotes, un diácono y tres subdiáconos. Finalmente, reformó el edificio del seminario modernizándolo y ampliándolo. Con todos estos ajustes y modificaciones, el Seminario San Basilio Magno llegó a estar a la altura del mejor seminario de España.

Para solucionar en cierto modo la escasez de sacerdotes, mandó a traer de España sacerdotes bien formados que estuvieran dispuestos a trabajar en difíciles circunstancias, aunque él estaba convencido de que la definitiva solución del problema estaba en la formación de un clero nativo que estuviera bien preparado.

Durante los seis años de su gobierno pastoral en la Isla, erigió iglesias en parroquias; reconstruyó la Catedral y algunos templos santiagueros seriamente dañados por el horrible terremoto de 1852. En 1853 regaló a la Catedral el altar mayor de mármol de Carrara que fue luego trasladado a la capilla del sagrario de dicho templo.

Visitó cuatro veces su extensa arquidiócesis recorriendo, bajo el sol o la lluvia, más de 70,000 km2, a caballo o a pie, atravesando la espesa manigua, viajando al borde de empinados despeñaderos y bajo un clima tropical al que no estaba acostumbrado. Dio misiones en iglesias, plazas, cafetales y dondequiera que lograba reunir un grupo de fieles. El padre Adoaín, colaborador de Claret decía: “¡Cuántos hijos que no reconocían a sus padres los reconocen ahora! Este fervor, este entusiasmo ¿a qué se debe? A la misión. Gracias eternas al santo prelado Claret, que solo en el cielo hallará la divina recompensa”. No hubo parroquia, capilla, población, rancherío, batey o asentamiento rural por lejano o pequeño que fuera al cual no llegara personalmente el arzobispo misionero predicando la palabra de Dios siempre y sin cansancio, repartiendo libros religiosos, catecismos, rosarios, escapularios, medallas, estampas, etc.; evangelizando siempre, a tiempo y a destiempo, con su palabra y con su ejemplo.

Intento de asesinato

Esa predicación clara y sin miedos le granjeó no pocos enemigos, sobre todo entre la clase esclavista que no vio con buenos ojos que el Señor Arzobispo defendiera a los esclavos y se preocupara de que tuvieran una vida lo más digna posible. “Exigía que los negros fueran tratados por sus dueños como hijos de Dios, libres de asistir a la Iglesia, casarse, descansar…, todas cosas que les eran tan frecuentemente negadas”, escribe el presbítero Reynerio Lebroc en su obra sobre la vida de Claret5. Fue así como comenzaron primero a criticarlo, luego a calumniarlo y por último atentaron contra su vida varias veces. Se debe mencionar, especialmente, el atentado que le hicieron en la ciudad de Holguín el 2 de febrero de 1857, en el cual un desconocido con una navaja de barbero intentó degollarlo cuando salía del templo parroquial de San Isidoro (hoy Catedral de la Diócesis de Holguín), cortándole la mejilla desde la punta de la oreja a la barbilla y rajándole ambas mandíbulas, así como la mano derecha. El Arzobispo Claret perdonó a su agresor y logró que las autoridades no lo encarcelaran y le pagó el viaje para que se fuera de Cuba.

Las misioneras claretianas

Preocupado por la educación, hizo venir desde Tarragona en España a la joven María Antonia París Riera junto con cuatro compañeras. Quería que fundaran en Santiago una nueva congregación religiosa que se dedicara a la enseñanza de toda clase de niñas. El 25 de agosto de 1855 quedó fundado el Instituto Apostólico de María Inmaculada para la enseñanza, hoy popularmente conocidas por Misioneras Claretianas. El primer colegio que se estableció6 fue trasladado años más tarde a su antigua sede de la calle San Germán entre San Félix y San Bartolomé, y permaneció funcionando allí por más de cien años, hasta que se perdiera para la Congregación en el 1961 cuando fue intervenido y nacionalizado por el gobierno castrista.

Regreso a España

Al cumplir seis años de ministerio en la isla, Claret regresó a España el 22 febrero de 1857 al ser nombrado confesor de la Reina Isabel. Había realizado un maravilloso trabajo en la Isla y ahora debía cumplir con la Reina. Pero no dejó de ser misionero. En los viajes con la Reina mientras la acompañaba en sus giras por España aprovechaba también para desarrollar un intenso apostolado, sembrando la Palabra por todos los rincones. Se destaca el recorrido por el sur de España llegando a predicar en un solo día 14 sermones. El Reino de Dios era anunciado y el pueblo respondía con generosidad. “En estos viajes, la Reina reúne a la gente y yo les predico” – dijo el Padre Claret. La Reina lo nombró también presidente del Real Monasterio de El Escorial, a 45 km de Madrid, para que se encargara de su restauración dado el calamitoso estado en el que se encontraba después de la ley de exclaustración de Mendizabal de 1835 en que este suprimió las órdenes religiosas y se incautó y vendió sus bienes.

Su muerte

En 1870 el Arzobispo Claret participó en el Concilio Ecuménico Vaticano I, defendiendo ardorosamente la infalibilidad pontificia. En aquel entonces la Iglesia ganó a un gran ponente ya que, en aquel Concilio pronunció el 30 de mayo una arenga sobre la infalibilidad pontificia en fe y costumbres, ganándose el sobrenombre de Confesor de la Fe. Fue el único sacerdote asistente a aquel Concilio que llegó a los altares. Al interrumpirse el Concilio por la Guerra Franco-Prusiana, y sintiéndose enfermo, se retiró a Francia. Trataron de secuestrarlo y se tuvo que refugiar en el monasterio de Fontfroide de los monjes cistercienses Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María.

Con toda una vida entregada a Dios y a la Iglesia, Antonio María Claret fallecía en olor a santidad el 24 de octubre de 1870 en la Abadía de Fontfroide. Sus restos fueron más tarde trasladados a la Casa Claretiana de Vic en Barcelona donde reposan hoy. Claret había querido regresar a Santiago de Cuba para morir en ella, pero su estado de salud no se lo permitió.

Antonio María Claret fue un Arzobispo evangelizador por excelencia. En Cuba trabajó en todos los aspectos de la vida de la iglesia: sacerdotes, seminario, educación de niños, abolición de la esclavitud. Fundó en todas las parroquias cubanas instituciones religiosas y sociales para niños y para mayores; planeó casas para ancianos y pobres; creó escuelas técnicas y agrícolas, estableció y propagó por toda Cuba las Cajas de Ahorros, fundó bibliotecas públicas, y mucho más. Recordemos que todo esto sucedía en medio de terribles epidemias de cólera y también de terremotos. A raíz de un devastador terremoto en Santiago, Claret predicaba:

“Dios ha hecho con algunos lo mismo que la madre que tiene un hijo dormilón, que le menea el catre para que se despierte y se levante, y si esto no sirve, le castiga el cuerpo; lo mismo hace Dios con aquellos hijos pecadores aletargados: ahora les ha movido el catre, la cama, la casa y si aun así no se despiertan, pasará a castigarles el cuerpo con la peste o el cólera”.7

Además de todo lo expuesto anteriormente, el Arzobispo consiguió dos cédulas reales que facilitaban abrir dos colegios de escolapios en Oriente y uno de enseñanza superior en La Habana bajo la dirección de los padres jesuitas. Visitó con frecuencia las prisiones, sobre todo a aquellos que cumplían sentencia por luchar por la libertad de Cuba, logrando una amnistía para los conjurados en una rebelión.

Beato y Santo

Sus obras y su vida facilitaron que su proceso de beatificación avanzara rápidamente en Roma siendo beatificado por el Papa Pío XI el 25 de febrero de 1934. Y más tarde, durante el Año Santo de 1950, S.S. el Papa Pío XII elevó a Claret a la gloria de los altares. En el rito de la canonización, el Papa lo recordó así:

“Modesto en apariencia, pero capaz de imponer respeto a los grandes de la tierra; fuerte en carácter, sin embargo, dotado de la suave dulzura de quien ha probado la austeridad y la penitencia; siempre en la presencia de Dios, incluso en medio de una prodigiosa actividad exterior; calumniado y admirado, celebrado y perseguido. Y por encima de tantas maravillas, resalta como luz suave que todo ilumina, su grande devoción a la Madre de Dios”.8

El 7 de mayo Pio XII lo declaró a copatrono de la Arquidiócesis de Santiago de Cuba.

El recién consagrado nuevo obispo de la Diócesis del Santísimo Salvador de Bayamo-Manzanillo, Monseñor Osmani Massó Cuesta, contestando a preguntas que le hacían en una reunión sobre cuáles serían las experiencias de san Antonio María Claret que monseñor Osmani aplicaría en su nueva misión, este contestó:

“De San Antonio María Claret, quisiera su ardor y su pasión por la evangelización, por la misión. Su lema era el amor de Cristo nos urge; pero hay una cualidad de Claret que él llevó en su recorrido por toda la diócesis y fue su cercanía y su relación con los sacerdotes. El obispo es padre, y creo que los sacerdotes jóvenes necesitan hoy día de un obispo padre, y Claret cuidó mucho a los sacerdotes”.9

Los cubanos estamos hoy muy agradecidos a Dios por haber enviado a Cuba a este gran misionero, al Arzobispo San Antonio María Claret y Clará. A él le rogamos hoy para que interceda ante el Señor por una patria libre y próspera en la que la nación cubana lleve a Dios consigo por encima de todo, y camine abrazada al manto de amor de la Virgen de la Caridad del Cobre. San Antonio María Claret, ¡ruega por Cuba!

 

Referencias

1 Declaraciones cuando tomó posesión del Arzobispado en 1851.

2 Tomás L. Pujadas: San Antonio María Claret, apóstol de nuestro tiempo, Instituto de Cultura Hispánica, Madrid, 1950.

3 Antonio María Claret, Sermones de Misión, tomo II, Librería Religiosa, Barcelona, 1858.

4 Antonio María Claret: Las delicias del campo, Librería Religiosa, Barcelona 1857.

5 Reynerio Lebroc Martínez: San Antonio María Claret, arzobispo misionero de Cuba, CMF, Madrid 1992.

6 Ver Teresa Fernández Soneira: Cuba, historia de la educación católica 1582-1961, vol. 1, Ediciones Universal, Miami 1997.

7 Antonio María Claret, Sermones de Misión, Ibid.

8 Vatican News, https://www.vaticannews.va/es/santos/10/24/s–antonio-maria-claret–obispo–fundador-de-la-congregacion-de-.html

9 Información tomada de Internet, Patio de los Sueños, Centro Loyola, Santiago de Cuba, enero 2026.

 

 

Teresa Fernández Soneira (La Habana, 1947).
Investigadora e historiadora.
Estudió en los colegios del Apostolado de La Habana (Vedado) y en Madrid, España.
Licenciada en humanidades por Barry University (Miami, Florida).
Fue columnista de La Voz Católica, de la Arquidiócesis de Miami, y editora de Maris Stella, de las ex-alumnas del colegio Apostolado.
Tiene publicados varios libros de temática cubana, entre ellos “Cuba: Historia de la Educación Católica 1582-1961”, y “Mujeres de la patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba” (2 vols. 2014 y 2018).
Reside en Miami, Florida.

 

 

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