¿Qué pasó con Chile?

Foto tomada de Internet.

En los últimos 20 años, cuando de hablar de Chile se trataba, todo el mundo libre coincidía en que al ritmo que llevaba su economía, más pronto que tarde sería un país desarrollado. Semejante afirmación para un país latinoamericano, con no más de 16 millones de habitantes parecería un chiste mal contado, pero la verdad es que sí, lo que logró Chile en solo 30 años fue algo digno de estudiar.

Redujo la pobreza de más de un 40% a un 7%, y continúa bajando aún más año tras año. Tecnológicamente es puntero en toda la región, con un gobierno completamente digitalizado, índices de seguridad, movilidad social e igualdad envidiables.

El que escribe, vivió una década en ese país y la democracia que conocí en él me enamoró. Claro, fui directo de Cuba para Chile, el contraste fue tan fuerte que inevitablemente quedas flechado con semejantes niveles de libertad, oportunidades y desarrollo.

En Chile vi por primera vez un periodista en cadena nacional fustigar con preguntas agudas y punzantes a un ministro por su dudosa gestión, incluso a presidentes de la república tartamudeando sin saber qué responder y cómo explicar sus actos ante un periodista capaz, ejerciendo sus funciones a la perfección, con la tranquilidad de que nada le va a pasar, nadie se lo llevará preso, ni perderá su trabajo por cuestionar al gobierno de turno. Los gobernantes se entendían en Chile como servidores públicos, no como tus amos, y como servidores que son se les reclama y exige a la altura de las necesidades del país y la envergadura de su cargo. Este simple ejercicio democrático que acabo de narrar es esencial para el fortalecimiento y mejora continua de cualquier democracia.

Sin embargo, hoy vemos a un Chile en modo auto destrucción, sumido en la violencia descontrolada, con el narco-terrorismo desatado en la región de la Araucanía, corrupción a todo nivel, una masa cada vez más sedienta de derechos y asumiendo cada vez menos deberes, votando leyes que reprimen la libertad individual, que acaban con el derecho a la propiedad privada y que disparan las tasas de riesgo-país matando la inversión, aumentando el desempleo, el crecimiento y, por consecuencia, el desarrollo del país. Líderes sindicalistas en su mayoría marxistas de formación y militantes del partido comunista de Chile, con una sed inagotable por más y más demandas de beneficios, aumentos salariales y negociaciones abusivas contra el sistema.

En octubre del 2019, tras una subida al valor del pasaje del “Metro” (Subway) de no más de 10 centavos dólar, se desató una protesta masiva en las calles que derivó violentas protestas donde quemaron varias estaciones de metro simultáneamente, destruyeron bancos, tiendas, negocios grandes y pequeños. Saquearon todo tipo de establecimientos, grandes y pequeños. Era como si la masa estuviera bajo un hechizo donde los cegaron y los impulsaron a autodestruir el país. A esta barbarie le llamaron “estallido social”.

Este evento mal llamado “estallido social” está lejos de haber surgido espontáneamente, por el contrario, no fue más que un evento muy bien programado y orquestado por la izquierda más radical, y es el fruto de un trabajo muy minucioso de décadas por parte de la izquierda latinoamericana, la cual, dirigida desde La Habana y financiada desde Caracas ha logrado ganar la batalla cultural dentro de Chile. Infiltrando cada institución educativa posible, partidos políticos, sindicatos y minorías resentidas de cualquier tipo dentro del país. Atacaron cada grieta de resentimiento dentro de la sociedad para potenciar el rencor y el odio entre clases, y utilizarlo como el combustible para una lucha contra el sistema más próspero que haya conocido Latinoamérica en toda su historia. Se apoderaron de las mentes más débiles y las convencieron de que el sistema no sirve, que el pueblo merece más derechos y menos deberes, que están siendo explotados y que el Socialismo del siglo XXI es el camino para lograr la plena “igualdad social”.

Vemos líderes políticos totalmente demagogos y financiados por los petrodólares de Venezuela, abrazándose con Maduro y con los Castro. Incitando al odio contra el sistema, es decir contra el capitalismo, contra el libre mercado, el emprendimiento y la libertad individual. Sembrando en las mentes de las personas la idea de un mundo donde el esfuerzo individual es innecesario, los derechos y beneficios sociales son inagotables y donde es necesario quemarlo todo para comenzar de cero.

Así llegó Gabriel Boric al poder. Bajo la promesa de cambiarlo todo, al parecer lo va a lograr, pero para peor. Mientras escribo estas palabras Boric solo lleva alrededor de seis meses de gobierno y ya vemos desabastecimiento, secuestros, asaltos armados, tomas ilegales de propiedades, paros y marchas incansables por más derechos y de la famosa “igualdad social”. La inmigración sigue descontrolada. Una fuga de capitales masiva, devaluación de la moneda a pasos maratónicos y una inflación galopante. Los homicidios han aumentado un 50%, las violaciones un 18%, las lesiones un 33% y los robos un 63%. El narcoterrorismo en la región de la Araucanía está desatado y el chileno cada vez con más miedo y más encerrado dentro de su casa. La sensación de ingobernabilidad es abrumadora y el descontrol reina en todo el país.

“Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir”.

Francisco Gómez de Quevedo

Mientras usted lee estas líneas el desgobierno de Gabriel Boric está en plena campaña para que se apruebe en un plebiscito una nueva Constitución que sepultará las libertades individuales de los chilenos y cualquier vestigio de prosperidad que pudo haber en tan hermoso país. Desaparecerán los contrapesos de poder y se las agenciarán para perpetuarse en el poder. La peor noticia es que Chile no es un país petrolero como Venezuela, el deterioro económico en Chile será mucho más rápido y profundo. Recuperarse de algo así les tardará otros 30 años por seguro.

Pero hagamos una pausa aquí….

¿Cómo? ¿Por qué? ¿Acaso es tan frágil la democracia?

Para entender este proceso de descomposición de la democracia recomiendo mucho el libro “Un mundo que cambia” del maestro Cesar Vidal. A continuación, intentaré resumir un poco algunos datos muy valiosos que nos ayudarán a entender este proceso desde una perspectiva histórica.

Lo primero que debemos entender es que la democracia no está consolidada eternamente y es por el contrario mucho más frágil de lo que se piensa. La democracia es algo escaso en el mundo, incluso los países dictatoriales insisten en presentarse como supuestas democracias y esconden los sistemas más dictatoriales ante los ojos del mundo, con excepciones como Cuba, China, Arabia Saudí o Corea del Norte, que poco intentan en disimular su totalitarismo.

Entendamos que la democracia llegó hace muy poco a la historia de la humanidad, y entre el fracaso de la primera democracia histórica de la que se tiene registro y el comienzo de la segunda democracia pasaron más de dos mil años. Lo curioso es que las causas del fracaso de la primera democracia del mundo están más vigentes hoy que nunca.

Se suele creer que después de la revolución americana de 1776 muchos países han optado por la democracia, pero esta afirmación no podría estar más lejos de la realidad. La democracia ha estado ausente del mundo islámico, el budista, el animista y el católico hasta hace unos años. Más bien la democracia ha sido una excepción en Europa e Hispanoamérica y ha estado totalmente ausente en África y Asia.

La primera democracia de la historia surgió en Grecia y se limitó a Atenas como ciudad-Estado. Esta democracia ateniense nació 500 años antes de Cristo y no alcanzó a durar ni dos siglos. Cuando sucumbió la democracia ateniense quedó catalogada por los sabios de la época como un sistema negativo el cual no volverían restaurar. Curiosamente las mentes más agudas de Grecia anunciaron su muerte mucho antes de que sucumbiera, estas razones fueron diversas y fueron descritas estando aun en vigor el sistema democrático.

La primera razón fue descrita como una ceguera popular causada por la ignorancia. Era evidente el hecho de que los más ignorantes fueran los que tuvieran el poder decidir sobre los temas más trascendentales de la nación.

Haciendo alusión a este punto, el poeta Píndaro señaló: “Cuanto mayor es la muchedumbre, más ciego es su corazón”. Por su parte el historiador Plutarco dijo: “En la democracia los que hablan son los más hábiles y los que deciden son los ignorantes”. Jenofonte afirmó con dolor que los que tenían un poder decisorio no eran los más hábiles e instruidos, por el contrario, los más estúpidos e ignorantes. Esa ignorancia del pueblo lo convertía en un instrumento fácil de manejar por políticos inescrupulosos.

La segunda razón era que a esta ignorancia del pueblo se sumaba la facilidad que había para manipularlo. Una facilidad que tenía raíz en sus propios deseos. Los pensadores griegos lo describían de la siguiente manera. Plutarco lo determinó como Eros, del término erotismo. Decía que el pueblo se dejaba arrastrar por sus pasiones como si se tratara de un impulso sexual. Por separado, los individuos podían tener una cierta sensatez, pero convertidos en la masa tenían la mente vacía. Aristófanes decía que se quedaba con la boca abierta como si juntara higos secos. Con un pueblo ignorante y arrastrado por pasiones Eurípides constataba que “puedes obtener lo que desees de él, para quien vigila la oportunidad no puede alcanzar un bien más valioso”. Sumándole a esta ecuación políticos inescrupulosos, aduladores y emisores de promesas vacías para halagar al pueblo, debilitaría enormemente la libertad en Atenas. Como dijo Demóstenes: “No se soportó el hablar sincero y se expulsó la libertad de palabra del debate político”.

Lo común era que los políticos lucharan por alcanzar y mantener el poder a través del voto popular y para conseguirlo no lo hacían buscando el bien común sino más bien halagando las masas.

La ignorancia, las pasiones y la demagogia acabaron siendo la fórmula perfecta para acabar con la libertad y la democracia en Atenas. Cada vez los deseos y reclamos de la masa fueron a más, lo que esperaban de los gobernantes no era que gobernaran bien, sino que les dieran más, los halagaran más, que sus ansias quedaran cada vez más satisfechas.

Al fin y al cabo, los que ocupaban los cargos públicos no eran los mejores sino los que tenían más descaro para alabar al pueblo y ofrecerles la satisfacción de sus caprichos. El resultado no podía ser buen. Como dijo Eurípides: “Los políticos cuando se dirigen al pueblo lo ensalzan, lo adulan y lo arrastran de todas las maneras en interés propio, hoy causan las delicias del pueblo y mañana su desgracia”.

Usted que lee estas líneas notará una rotunda coincidencia entre los líderes políticos socialistas de hoy en día y los que describían en la antigua Atenas. El efecto que estos demagogos causan en sus pueblos es el mismo hoy que hace más de dos mil años. Generan la misma erosión de la democracia y a punta de promesas vacías e impulsar el odio colectivo logran hacerse del poder por el voto de la mayoría. La fórmula es regalar el país hoy a la masa hambrienta de derechos y regalías para hacerse del poder, pero postergar así el futuro de toda la nación.

Esta fórmula es infalible, y la izquierda latinoamericana la aplica a la perfección. El resultado sigue siendo el mismo hoy, que en la antigua Atenas y ante nuestros ojos vemos a los pueblos hipnotizados votando con la pasión y no con la razón.

Chile, querido lector, no fue la excepción.

Dios los proteja y los ilumine este próximo septiembre en el plebiscito de salida de la nueva Constitución que los sepultará. Por Chile, por Latinoamérica y por la Libertad, este cubano-chileno que les escribe votará Rechazo.


  • Damián Pérez González (La Habana, 1983).
  • Graduado en Lengua Inglesa en el Instituto de Comercio Exterior de La Habana.
  • Emprendedor y empresario.
  • Especializado en Ventas, Marketing, Liderazgo y Sistemas de mejora continua en Santiago de Chile.
  • Reside en Miami.
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