Noviembre en la historia

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

Noviembre es un mes cargado de efemérides. Algunas de ellas de relevancia mundial como la caída del muro de Berlín en la noche del 9 de noviembre de 1989, símbolo de la lucha pacífica y cambio en los destinos del mundo. Otros acontecimientos nacionales no deben ser olvidados. Suele suceder que con tanto matiz político que traspasa los límites de la cultura, las ciencias, el arte y todo en general, las efemérides que hablan de la rica historia de Cuba, a veces son olvidadas y a veces intencionadamente. Comentemos algunas de ellas.

El 7 de noviembre de 1863 nace en Cuba el poeta Julián del Casal, precursor del movimiento modernista. Poco sabemos, o poco nos enseñan en literatura, sobre todo, cuando algunos exponentes pueden resultar incómodos al canon oficial. Sobre Del Casal, por ejemplo, tenemos que: mostrando su vocación de escritor y su rebeldía fundó en 1877, siendo muy joven, el periódico clandestino El Estudiante. Dentro de las letras iberoamericanas representa una síntesis de las tres corrientes poéticas de su época: decadentismo, parnasianismo y simbolismo. Su obra ha quedado recogida en en tres libros fundamentales: el primero, Hojas al viento, de 1890; el segundo, Nieve, de 1891; y el tercero, Bustos y rimas, de 1893. Fue un gran amigo de Rubén Darío y un dato curioso, que también puede resultar desconocido: murió de un ataque de risa, en una sobremesa, al romperse un aneurisma y causarle una hemorragia mortal.

El 12 de noviembre de 1901 nace la escritora cubana Renée Méndez Capote, que podría decirse fue una de las precursoras del movimiento feminista en Cuba porque abogó, junto a otras mujeres, por el voto femenino. Una de sus obras más conocidas es Memorias de una cubanita que nació con el siglo, que constituye un clásico dentro de la literatura testimonial.

El 13 de noviembre de 1696 nació el Cuerpo de Bomberos de Cuba, por lo que ese día se celebra el día del bombero cubano. También a nivel mundial es el día de la bondad, debido a que en 1998, en un Congreso en Tokio, Japón, se hizo la propuesta y quedó instituida la fecha para promover los valores fundamentales en la sociedad. Las divisiones ocasionadas por creencias y afiliaciones políticas, religiosas, las discriminaciones por raza, género u otras, deben ser superadas a través del cultivo de los valores y virtudes humanos. Este día también es ocasión propicia para recordar que el analfabetismo ético y cívico que padecemos los cubanos, debe ser superado con una reforma integral del sistema educativo que fomente el desarrollo de una verdadera comunidad educativa formada por el estudiante, la familia y la escuela.

También el 13 de noviembre, pero de 1845, nació en Santa Clara una de las mujeres más valiosas de la historia de Cuba: Marta Abreu. Es muy larga la lista de las obras públicas y de beneficencia que esta patricia concibió. Desde darle la libertad a sus esclavos y entregarle parcelas para que las trabajaran, hasta la creación de asilos para ancianos, de un dispensario para niños pobres y de lavaderos públicos. Habilitó una estación meteorológica, patrocinó la construcción de una planta eléctrica y la estación de ferrocarriles, y una larga lista que hablan de su infinito amor a la Patria y a los más necesitados, de su humanismo y de su interés por la enseñanza. Siempre que menciono a Marta Abreu, cuyo epíteto más distintivo es “la benefactora de Santa Clara”, recuerdo la anécdota de un amigo, que viniendo de España traía en su equipaje una excelente biografía de la insigne dama y en la aduana cubana fue decomisado el libro por considerarse “literatura subversiva”. Por eso digo que poco sabemos de ciertas efemérides, y más allá de las fechas, de ciertos personajes y acontecimientos. ¿O es que esa pléyade de patricios y esas grandes obras que desarrollaron al servicio de los cubanos y de la humanidad son perseguidas hoy? ¿O deben estar teñidas del mismo color político con que, por ejemplo, nos pintan a los siguientes cubanazos?

Y me refiero con “cubanazos” al Padre Félix Varela y a Rafael María de Mendive.

El 20 de noviembre de 1788 nació en La Habana uno de los fundadores de la nacionalidad y nación cubana. La figura clave del pensamiento cubano, el sacerdote y maestro de generaciones, que enseñó en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio del amor a Cuba y de la libertad, pero también el precursor de grandes obras: la primera Sociedad Filarmónica de La Habana, los primeros laboratorios de Física y Química que tuvo el país, el primer periódico independista, El Habanero, o sus Cartas a Elpidio que hoy podemos reconocer como el primer tratado de Ética en Cuba. Quizá su biografía ha sido bastante difundida, pero mucho menos que lo que merece a quien Martí llamó “el santo cubano” y que un día no muy lejano debe estar en los altares de las iglesias cubanas. Y aclaro que en las iglesias de Cuba y el mundo, porque en el altar de la Patria Varela siempre ha estado y estará como el defensor de la dignidad humana, como el iniciador de lo que él mismo llamaba en sus clases “la Cátedra de la Libertad y de los Derechos Humanos, la fuente de las Virtudes Cívicas y la base del gran edificio de nuestra felicidad”.

El 24 de noviembre de 1886 muere Rafael María de Mendive, que es más recordado por ser el maestro de Martí. Pero su obra es más amplia: poeta y maestro, graduado de Derecho y Filosofía, fundador de la Revista de La Habana (1853-1857) y del Colegio San Pablo para varones en 1867. Además de considerarse el padre espiritual de José Martí, es recordado también por brindar su casa como centro de reuniones patrióticas. Hoy cabe preguntarse, ante la realidad estudiantil universitaria en Cuba: ¿Cuántos maestros acompañan y fomentan en sus estudiantes los valores que también comprenden el amor a la patria, el deseo de cambio hacia una sociedad justa, próspera y feliz? ¿Cuántos maestros están dispuestos a unirse a las demandas de sus estudiantes, si son legítimas, como cuando sucedió el “tarifazo de Etecsa”? ¿Cuántos maestros enseñan a “pensar y a hablar sin hipocresía”?

Noviembre es un mes rico en historia. Estudiémosla y que sirva para un recordatorio válido:

La historia no es manipulación intencionada de los acontecimientos y de los protagonistas. La historia no es como hilvanar un collar donde vamos desechando la cuenta que no nos gusta. La historia es la que es, y guste o no a quien se encarga de recogerla, ya está escrita en la voz, en la vida y en la obra de sus protagonistas. Un respeto mayor por la historia y un apego máximo a la verdad son necesarios para, lejos de provocar rechazo por el sesgo ideológico que se le impregna, la amemos como lo que es: una fuente inagotable de enseñanzas, un motivo para regocijarnos como cubanos.


Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, España.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

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