Navidad en Cuba: visión y misión

Yoandy Izquierdo Toledo

Jueves de Yoandy

Hoy celebramos el día de la Navidad, que es la Natividad de Jesús, el Redentor del mundo. Los misterios de la Encarnación (hacerse carne, venir a nosotros) junto a la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, son el centro de la religión cristiana. Hoy es un día de fiesta, una de las dos fiestas más importante del año, la venida del “Sol que nace de lo Alto”. Por eso cuando por estas fechas abunda la felicitación “Felices fiestas”, la recomendación es ponerle nombre: “Feliz Navidad”. No se trata de una fiesta cualquiera, es la fiesta donde todo el honor y la gloria del mundo convergen en un pesebre para traernos la Paz y la Redención, la Alegría y el Amor.

El nacimiento de Jesús también nos viene a recordar, en medio de las circunstancias actuales para el mundo y para Cuba, ese fino hilo que existe entre la promesa y el cumplimiento. Para los que trabajamos desde la sociedad civil en Cuba y compartimos el mismo Credo, no podemos desligar el influjo central de la fe en nuestra cotidianidad, en el trabajo sistemático persiguiendo metas, trabajando por el bien común, pensando a Cuba y cómo mejorar, a través de políticas públicas, la vida personal, familiar y social.

Así como ha sido todo este tiempo litúrgico que antecede a la Navidad del Señor y nos prepara para ella, es decir, el Adviento, está nuestra Isla. Sumida en una crisis sin precedentes afloran en ella atisbos de esperanza. Unos colocan esta esperanza “afuera”; otros apuestan por vivirla aquí y ahora, adelantando el futuro, vislumbrándolo, trabajando para que mañana sea un día mejor para todos. Este primer binomio, promesa y esperanza, no nos habla de cosas etéreas, no es más opio para los pueblos; es esperanza cierta. Eso es la encarnación: venir, tocar, hacerse verdadero para habitar entre nosotros. A propósito, el papa León XIV nos habla de esa Buena Nueva que es el nacimiento de Jesucristo en términos terrenales, con la cercanía de nuestra humanidad y con la certeza de la historia y la tradición:

“El cristianismo no nació de una idea, sino de una carne; no de un concepto abstracto, sino de ụn vientre, de un cuerpo, de un sepulcro. La fe cristiana, en su esencia más auténtica, es histórica: se basa en hechos concretos, en rostros, en gestos y en palabras pronunciadas ẹn ụna lengua, en una época y en un entorno (…) en fin, nuestra fe se basa en una persona histórica: Jesús de Nazaret. Quien conoce su propia historia sabe quién es, sabe adónde ir, sabe de quién es hijo y a qué esperanza está llamado” (León XIV, 11 de diciembre de 2025).

En ese saber adónde ir se basa nuestra esperanza: en la visión de futuro. Es la actualización del anuncio del profeta: “El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz” (Isaías 9,2). No se trata ya de apagones puntuales, es desterrar el apagón existencial de nuestras vidas para generar esa visión del futuro que queremos y debemos edificar entre todos porque, como nos convocan los obispos católicos cubanos, los “…cubanos estamos llamados en todo momento, y especialmente en este Año Jubilar, a ser sembradores de esperanza. Ella inspirará nuestros actos, los purificará y los ordenará hacia la construcción de una Cuba nueva” (COCC, Mensaje de Navidad 2025, No. 8).

Pero la visión no se completa sin la actuación sistemática de todos y cada uno de nosotros en la construcción del Reino. Esto se traduce para Cuba en un futuro próspero y feliz en esta tierra bañada por el mar Caribe y bendecida con los dones y carismas de sus hijos que bien saben de resiliencia, y abogan por la justicia y la paz. Es el segundo binomio: cumplimiento y misión. Nos habla del protagonismo personal en la edificación de la obra, cuyos cimientos deben ser lo suficientemente sólidos para soportar el embate de los tiempos y las realidades que se nos presenten. El llamado a la misión, a semejanza del nacimiento del Altísimo, nos pone en camino hacia el Belén de nuestra existencia, que cada uno como María conoce y guarda en su corazón. El sí de María, el sí de José, la alegría de los primeros que vieron a Jesús, los pastores, gente sencilla, y los regalos de los Reyes, que nos vienen a recordar el abajamiento de todo poder para celebrar la Gloria del Mundo, son el alimento en la misión, el fermento para, como decimos en Convivencia, pasar de la queja a la propuesta. Que es lo mismo que decir, en esta clave de interpretación, pasar de la visión a la misión, que nos coloca como centinelas atentos a los signos de los tiempos, a las necesidades de cada cubano y al parto doloroso de una nueva nación que ahora sufre.

Esa quiero que sea mi más sincera felicitación en esta Navidad 2025: que aquello que cada cubano guarda en su mente pueda ser realizado, que todo lo que guarda en su corazón pueda ser liberado, que todo lo que su lengua calla pueda ser expresado, para que la justicia y la paz se besen, y llegue también a esta tierra la anhelada libertad. Que el Amor que “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, que ese mismo Amor mayúsculo que “nunca deja de ser”, inunde nuestro corazón poniéndonos en camino hacia la Luz y colocando las palabras precisas en nuestra boca para decir con gran alegría: ¡Feliz Navidad! ¡Ya viene la libertad!

 

 

 


Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, España.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

 

 

 

 

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