La nueva política migratoria: el nuevo escenario y el ciudadano

Martes de Dimas

El permiso del gobierno de Nicaragua a los cubanos para viajar a su país sin necesidad de tener visas, generó un crecimiento exponencial del éxodo que ha conducido a la nueva política migratoria de Estados Unidos puesta en vigor en los primeros días de enero de 2023.

En el año fiscal comprendido entre octubre de 2021 y septiembre de 2022, un promedio de 600 cubanos ingresaron diariamente a Estados Unidos. Al mes siguiente, octubre de 2003, el número sobrepasó los 900 diarios y en noviembre ya fueron casi 1 200 al día. Suponiendo que esta última cifra se mantuviera constante, aproximadamente en un año otro medio millón de cubanos abandonaría la Isla, con las múltiples consecuencias negativas que ese éxodo generaría para el presente y futuro de la nación.

La migración es un reacomodo geográfico que ocurre cuando y donde las condiciones naturales o sociales de un lugar impiden a sus habitantes satisfacer sus necesidades y/o la garantizar sus vidas. En el caso de Cuba la prolongada duración de esas condiciones constituye la causa principal de la estampida sostenida durante 64 años.

Cuba, desde la etapa colonial hasta la República se caracterizó por recibir, no por emitir migrantes. La prueba está en que en1959, a pesar de la cercanía geográfica los cubanos en Estados Unidos no llegaban a 125 000.

Los intentos del Gobierno cubano por detener el éxodo mediante la Ley 989 de 1959, que dispuso la expropiación de los muebles, inmuebles y cualquier otra clase de valor a quienes abandonaban el territorio nacional; la implantación del permiso de salida en 1961; y otras medidas, fracasaron, lo cual explica que el 28 de septiembre de 1965, en el discurso por el V aniversario de los Comités de Defensa de la Revolución, Fidel Castro tomó la iniciativa para “demostrar” que la causa era exógena:

“Y puesto que esto es así, nosotros incluso estamos dispuestos a habilitar un puertecito en algún lugar […] Podríamos habilitar, digamos —por ejemplo—, el puerto de Camarioca, en Matanzas, que es uno de los puntos más próximos, para que todo el que tenga algún pariente le damos permiso para venir en el barco, sea quien sea. […]; quiénes son los que tienen la culpa, repito, de que alguien se ahogue tratando de llegar al «paraíso» yanki. […].Ahora los imperialistas tienen la palabra; vamos a ver qué hacen o qué dicen”.

La esencia de ese discurso se repitió con otras palabras en 1980 y 1994: o se toman medidas o no obstaculizaremos a aquellos que vienen a buscar a sus familiares.

Por Camarioca y por los vuelos fletados por Estados Unidos entre 1965 y 1973 se fueron 260 mil cubanos. Por el puerto de Mariel en 1980 otros 125 000. En 1994 se sumaron otros 33 mil. Y por la última estampida, que comenzó por Nicaragua, ya pasan de los 300 000. Datos indiscutibles que demuestran que el éxodo comenzó antes de las administraciones de Donald Trump y de Joe Biden; antes del restablecimiento de las relaciones durante la administración de Barack Obama; antes de las medidas “reformistas” implementadas por Raúl Castro en el año 2008; antes de la Ley de Ajuste de 1966; e incluso antes de la ruptura de las relaciones diplomáticas en 1961. La suposición no ofrece dudas: las medidas estadounidenses pueden haber sido un incentivo, pero la causa, es interna.

El nuevo escenario

Con los recientes acuerdos migratorios, basados en el Título 42 –implementado por la administración de Trump en marzo de 2020 para limitar la llegada de venezolanos– Estados Unidos aceptará hasta 30 000 migrantes mensuales de Cuba, Nicaragua y Haití. Los que intenten llegar de manera irregular serán expulsados o devueltos a México, país que ha aceptado la devolución de hasta 30.000 personas al mes. De tal forma, de ahora los cubanos están obligados a contar con un patrocinador que demuestre capacidad económica para recibir un permiso de permanencia en Estados Unidos por dos años y trabajar durante ese período.

En los primeros días de enero de 2023 más mil cubanos ha sido devueltos, lo que anuncia que la nueva política va en serio: es decir, que los intentos pueden continuar, pero la entra ilegal queda prácticamente cerrada.

Entre las disímiles consecuencias de la nueva política migratoria destaca la inauguración de un nuevo escenario: la caldera que explotó parcialmente el 11 de julio comienza a tomar presión nuevamente sin el alivio de las salidas masivas.

El cumplimiento por la parte norteamericana de las 20 mil visas anuales, sumados aproximadamente a otros 90 000 que pudieran salir por la vía de los patrocinadores, cubre solo una pequeña parte de los cubanos dispuestos a marcharse. Al desaparecer la posibilidad de una quinta oleada, la situación se tornará explosiva en un futuro próximo, a menos que, con urgencia, se implementen las transformaciones que la realidad cubana viene demandando hace mucho tiempo.

El ciudadano

Ante la inminencia de cambios para enfrentar la profundidad de la actual crisis, se alza la ausencia del ciudadano, término que designa al sujeto de derechos y deberes refrendados en las leyes para participar en los destinos de su nación.

En Cuba una parte considerable de sus habitantes, agobiados por la sobrevivencia y por el desconocimiento del papel de la política en los fenómenos sociales y en sus vidas, se desentendieron de ella y han facilitado que las decisiones que los afectan permanecieran bajo el control monopólico del Partido-Estado-Gobierno. Esa conducta constituye un obstáculo para que los cambios, inminentes e inexorables, conduzcan a transformaciones positivas en ausencia del ciudadano. Se pone al día, más que nunca, la necesidad de priorizar la formación cívica, que no es una asignatura nueva en Cuba.

El padre Félix Varela comprendió que el civismo constituía una premisa para alcanzar la independencia y en consecuencia eligió la educación como camino para la liberación, por eso decía: se impone, primero, empezar a pensar. José de la Luz y Caballero arribó a la conclusión que, antes de la revolución y la independencia, la educación. Y Enrique José Varona se quejaba de que la República había entrado en crisis, porque gran número de ciudadanos han creído que podían desentenderse de los asuntos públicos. Decepcionado por los resultados obtenidos en su labor como político se dedicó, como Varela y Luz, a la Pedagogía para formar ciudadanos.

El éxodo incontrolado, que hasta ahora ha sido empleado para aliviar la presión de la caldera al interior del país, para culpar a Estados Unidos de la inviabilidad del totalitarismo, y para conservar el poder sin cambiar, al cambiar las reglas del juego con los recientes acuerdos migratorios, se inaugura un nuevo escenario, que de un lado resulta insostenible para el poder y de otro representa un reto para los cubanos.

El reto y la responsabilidad de los que deseamos y/o actuamos por una Cuba mejor, consiste en ocupar y hacer uso de la cuota política que nos corresponde. Es decir actuar como ciudadanos, o en cambio continuar siendo súbditos de la élite que encabeza el Partido-Estado-Gobierno y continuar intentado huir del país.

La Habana, 16 de enero de 2023

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).
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