La nueva constitución y las expectativas del ciudadano

Lunes de Dagoberto

Ha terminado la etapa de debate público del nuevo proyecto constitucional. Y la Comisión Nacional ad hoc, a la que la Asamblea Nacional ha dado carácter constituyente, ha analizado los resultados de la consulta popular. Estas son las cifras publicadas: asistieron 8 millones 945 mil 521 cubanos, y solo 2 mil 125 propuestas de cubanos en la Diáspora. Del total de asistentes, un millón 706 mil 872 participaron interviniendo, lo que representa solo un 19 % del total, no llega a la quinta parte de los que asistieron a las asambleas. Analicemos entonces los contenidos de ese 19% de los participantes que intervinieron: lo hicieron con propuestas el 45,8%, con adiciones el 1,8%, con eliminaciones el 2,6 % y participaron para aclarar dudas el 2,2%. Estas cifras son mucho más modestas que los más de 8 millones de cubanos que hicieron acto de presencia. Aun así, cabe destacar que en la anterior constitución en 1976 esto era impensable.

Dejando a un lado las estadísticas que han sido publicadas oficialmente, me gustaría comentar el estado de opinión que se ha generado a partir de la convocatoria y el desarrollo de este debate, aún cuando ha sido bajo el control del Partido y el Gobierno.

Esa opinión pública, no puede ser medida por encuestas como en cualquier país democrático, solo podemos hacernos una idea sobre la base de los comentarios que llegan en cada esquina, en la placita, en las iglesias, en las publicaciones independientes y en los ciudadanos que se nos acercan. Y en estos espacios hay de todo:

  • Los que creen que nada va a cambiar y que esto es una representación formal.
  • Los que consideran que, por lo menos, pudo desahogarse y decir lo que pensaba.
  • Los que estudiaron el proyecto y se decidieron a proponer (1 706 872).
  • Los que con mayor valentía se decidieron a proponer que eliminaran algo (45 548).
  • Los que han aprovechado estas asambleas y las explicaciones como clases de cívica.
  • Las iglesias que han hecho manifestaciones públicas de sus desacuerdos.
  • Los obispos católicos que han publicado su visión y propuestas sobre más de 20 temas.
  • Algunos centros de estudios que han publicado sus valoraciones y propuestas.
  • La prensa oficial y la prensa independiente que han dado sus puntos de vista.
  • Los artistas que han manifestado su desacuerdo con el decreto 349 y algunos artículos.
  • Los miembros de la UNEAC que no recibieron autorización para debatir la Constitución.
  • Los que creen que solo serán tomadas en cuenta las modificaciones cosméticas.
  • Los que creen que las propuestas serán tomadas en cuenta en asuntos sustanciales.
  • Otros que, de muchas maneras, no han quedado indiferentes.

Es imposible abarcar todos los tipos de enfoques y actitudes tan diversas frente al nuevo texto constitucional. Pero lo que es un hecho comprobable es que la opinión pública se ha movido de alguna forma, aunque fuera muy superficial sobre que hay una discusión de “una cosa” que parece que va a poner la “cosa” en su lugar con respecto al cumplimiento de las leyes, el respeto a mis derechos y la defensa de mi persona frente a los abusos de poder, la corrupción, la represión, la arbitrariedad, el burocratismo, los trámites legales, el trato entre ciudadanos, entre otras opiniones.

¿Tenemos claro nuestro criterio sobre si vamos a votar o no? ¿Cómo vamos a votar en el referéndum constitucional del 24 de febrero: sí o no? Esperamos que los cubanos usemos el derecho de expresar nuestra opinión teniendo en cuenta que esto es de forma directa y secreta. Otros dicen que no van a participar porque todo el proceso es ilegítimo, porque no hubo asamblea constituyente, porque no hubo elecciones libres y competitivas para elegir a esa asamblea, o porque no hay acceso a los Medios de Comunicación para promover o expresar las diferentes opiniones. El que todo este abanico de puntos de vista se haya hecho público en un número significativo de cubanos en la Isla y en la Diáspora, es ya un paso a tener en cuenta, y con él podríamos arribar a una primera conclusión que ya era obvia, pero ahora queda más clara: nuestra sociedad, como todas las demás, es diversa, no es unánime ni en el pensar, ni en el creer, ni en el decir, ni en el hacer. Por tanto, un Estado y un Gobierno que quiera ser un auténtico y legítimo representante y servidor de este pueblo debe reconocer, respetar y garantizar espacios de libertad y participación libre para esa sociedad diversa que ha demostrado que es plural, que tiene propuestas, que tiene discrepancias y propone eliminaciones, que ahora tiene más experiencia en que aunque aún no se debata, ya por lo menos se respeta y se recogen sus propuestas y críticas por muy diversas y contrarias que sean.

Entonces, a esta “altura del juego”, como dice nuestro pueblo, nos surgen algunas preguntas:

  • ¿Será posible darle “marcha atrás” a este estilo de libertad de opinión y propuesta?
  • ¿Será posible aplastar o ignorar todas estas propuestas de un plumazo?
  • ¿Cómo se podrá borrar esas sensación de libertad (aunque fuera reducida) de los 8 millones de cubanos que presenciaron que era posible respetar y recoger las opiniones más contrarias?
  • ¿Cómo se podrá justificar la represión o la cárcel contra opositores políticos o disidentes solo por expresar y defender sus propuestas de forma pacífica y civilizada si esto ha sido posible (aunque de forma puntual y acotada) sin que hubiera una “hecatombe” política?
  • ¿Cómo asegurar que en Cuba no hay otros proyectos y opiniones válidas cuando más de un millón de cubanos han tenido la honestidad y la valentía de expresarlas aun sabiendo que están siendo “chequeados”?
  • ¿Será posible para el gobierno seguir igual en una continuidad idéntica al pasado?

En una solo pregunta:

¿Las cosas en Cuba podrán seguir igual en lo político, en lo económico, en lo social, después de ser aprobada, o no, una nueva Constitución?

Algunos puede que tengan ya una respuesta. Habrá que esperar para confirmarlo. Lo que sí estoy seguro es que después que se ha respirado aunque sea una bocanada de aire de libertad, por muy pequeña que sea, se podrá intentar cerrar el ventanuco de un portazo, pero jamás podrá convencerse a los que sintieron en su rostro el soplo de la libertad.

La verdad, una vez descubierta y vislumbrada, seduce, e irremediablemente entra a formar parte del corazón. Y no hay idea, ni razón, ni fuerza, que pueda desalojarla de ahí. Y como dijo Jesús: “La verdad los hará libres” (Evangelio de San Juan, 8,31).

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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