La escasez de arroz y los malos hábitos alimentarios: un chiste de mal gusto

 

 

 

 

 

Dimas Castellanos Martí

El pasado mes de septiembre, desde este mismo espacio, publiqué un artículo referido a la entrega de tierras cubanas en usufructo a una empresa vietnamita para producir arroz; un experimento que, como muchos otros fracasaría.

Recientemente, el 24 de diciembre, el doctor Roberto Caballero, miembro del Comité Ejecutivo Nacional de la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales, en el programa televisivo “Cuadrando la Caja”, en lugar de señalar las causas de la incapacidad para producir arroz para la alimentación de los cubanos, calificó el consumo de ese cereal como exagerado y ajeno a nuestra cultura nacional, lo que intentó resumir en una expresión: no somos asiáticos.

El  arroz, traído a Cuba desde la época colonial fue adaptado a nuestras condiciones climáticas, devino plato principal de nuestra dieta durante siglos. Resulta que con excepción del tabaco, la casi totalidad de los alimentos que consumíamos, fueron importados, adaptados y producidos por los cubanos; algunos de ellos, como el café y el azúcar, llegaron a ocupar los primeros lugares en producción y exportación. De ahí lo inconsistente y falso del  argumento esgrimido por el doctor Caballero acerca de que la responsabilidad de la escasez de arroz estás en los malos hábitos alimentarios de los cubanos.

La producción de arroz nunca satisfizo todo el consumo nacional por una razón sencilla. Era más eficiente desarrollar otros renglones de la economía y comprar una parte del arroz en el exterior. Antes de 1959 Cuba se daba ese lujo porque obtenía divisas de producciones como la industria azucarera, que en 1952 alcanzó 7 298 023 toneladas, y de ellas exportó 6 200 000. Actualmente esa industria, como la del arroz, es incapaz de satisfacer la demanda nacional, mientras los ingresos por remesas, alquiler de profesionales en condiciones de esclavitud moderna  y el turismo descienden cada vez más.

Por ejemplo, en 1950 se produjeron 36 000 toneladas de arroz, que cubrían solo el 14% del consumo nacional. Sin embargo, el BANFAIC, estimuló a los productores concréditos, y el Gobierno creó la Administración de Estabilización del Arroz. Gracias a esas medidas e instituciones, y a las libertades de la economía de mercado, en 1956 la producción se elevó a 279 000 toneladas, que cubrían dos tercios de la demanda nacional. Sin embargo, después de 1959 con la confiscación  de las fincas productoras y de los molinos, la producción arrocera comenzó a declinar, al punto, que tres años después comenzó a distribuirse mediante la libreta de racionamiento, la cual pronto arribará a su sesenta y cuatro aniversario: única en el mundo por su duración.

Desde esa fecha empezamos a depender del abastecimiento externo. Primero de la República Popular China hasta que por diferencias políticas, en 1965, los “hermanos” chinos suspendieron el suministro. De ahí en adelante todos los intentos de elevar la producción fracasaron uno tras otro.

En 2002 se implementó un proyecto arrocero con la colaboración de Vietnam, sin resultados. En 2011, uno de los Lineamientos aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, se dedicó a asegurar el cumplimiento de los programas arrocero,también sin resultados. Y en 2024 se produjo alrededor del 30% de lo obtenido en 2018, lo cual obligó a comenzar la entrega de las siete libras mensuales per cápita que se distribuían por la libreta de racionamiento (3,2 kilogramos), en dos partidas. Primero cinco libras y luego las otras dos. Ya en junio de ese año sólo se pudo distribuir las primeras cinco libras. De esa fecha a diciembre de 2025, el arroz normado, pendiente fundamentalmente de donaciones, ha brillado por su ausencia.

A pesar del sostenido retroceso sufrido, ni al líder –autor de todos los fallidos programas alimentarios ni a ningún otro funcionario se le ocurrió una solución tan “viable” como la del doctor Caballero: tenemos un elevado consumo de un producto que no es de nuestra cultura, como si la causa fuera cultural. Mientras la verdadera razón radica en la expropiación de los empresarios arroceros, los bajos salarios, la incapacidad administrativa y la ausencia de libertades para producir y comerciar; un problema estructural que se omite en las justificaciones oficialistas, mientras el declive del arroz no parece tener fin.

Diez meses antes que el doctor Caballero llamara a reducir el consumo de arroz, el vicepresidente de Cuba, Salvador Valdés Mesa, durante un recorrido realizado por  el municipio Los Palacios, Pinar del Río, en febrero de 2024, brindó una “profunda” disertación acerca de la necesidad de la producción del arroz, sin obtener ningún resultado. La razón de la cadena de fracasos es obvia y sencilla: sin tener en cuenta que las leyes que rigen la economía son ajenas a los llamados ideológicos y al ordeno y mando. Es decir, sin antes cambiar todo lo que hay que cambiar, la producción arrocera seguirá su camino hasta la extinción, como está ocurriendo con el azúcar.

El resultado es que los cubanos, antes de que el doctor Caballero llamara a reducir su consumo, ya la economía estatizada, centralizada y sin libertad para producir y comerciar, lo habían hecho, hasta desembocar en el estado de miseria en que nos encontramos.

El llamado a consumir productos “cubanos” –cuando la producción desciende por años y la inflación aumenta hasta límites inalcanzables para más del 80% de una poblaciónreducida a la pobreza extrema, parece un chiste de mal gusto.

La Habana, 30 de diciembre de 2025

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).
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