LA EDUCACIÓN EN CUBA: LO QUE ERA, LO QUE ES, LO QUE PODRÍA SER

Lunes de Dagoberto

Un país será lo que su educación es hoy. El país es hoy lo que su educación ha sido durante 64 años. Sin embargo, todavía quedan rastros de lo que fue.

Lo que era

La educación en Cuba antes de 1959, como todas las sociedades del mundo, tenía luces y sombras. En mi opinión más luces que sombras. Pero para no ser absolutos debemos reconocer algunas deficiencias en el alcance del sistema educativo cubano. No eran deficiencias de contenido. Eran de cobertura.

Una maestra católica normalista pinareña, Zoila Quintans, primera pinareña condecorada con la Medalla Pro Eclessia et Pontífice que otorga el Papa, me repetía durante los últimos años de su vida: “En Cuba el problema era que los maestros no teníamos las escuelas necesarias en los campos. Íbamos a caballo y educábamos en casa de tabaco, en bateyes, debajo de un jagüey frondoso, en los portales de nuestros bohíos. Pero los maestros normalistas estaban muy bien formados, eran personas decentes y eran muy buenos educadores.”

Otro análisis publicado describe así la situación: “Había en La Isla en 1958, una tasa de analfabetismo del 18%, y particularmente la tasa de analfabetismo en las ciudades era de un 11.57%. En Latinoamérica, sólo Argentina, Chile y Costa Rica tenían mejores números que Cuba.”

“El Instituto de Estudios Cubanos cita que, en 1958, haciéndose eco del Anuario Estadístico de Cuba, había en el país 7,567 escuelas primarias públicas (es decir, gratuitas) y 869 privadas (entre ellos los tres colegios más grandes Belén, La Salle y Los Escolapios de Guanabacoa), para un total de 8,436, y este conteo contempla tres universidades privadas, y otras tres financiadas por el estado (N.A.: En realidad existieron siete universidades antes de 1959. Tres universidades privadas: la Universidad Católica “Santo Tomás de Villanueva” en La Habana, dirigida por los Padres Agustinos, la Universidad “San Juan Bautista”, de los Hermanos de La Salle, y la Universidad Nacional Masónica “José Martí”. Y existían cuatro universidades públicas: en La Habana (1728), en Las Villas (1952), en Oriente (1947), y la cuarta en Pinar del Río, fundada el 26 de noviembre de 1953 y oficializada por Ley-Decreto el 27 de enero de 1955). De las escuelas públicas, 1,206 estaban en el campo, o sea, eran las escuelas rurales. A mediados de los años 50 la educación pública contaba con 25,000 maestros, y la educación privada con 3,500. Había siete veces más maestros públicos que privados.”

“Según el Anuario Estadístico de las Naciones Unidas, Cuba rebasaba la media de Latinoamérica de 2.6 estudiantes universitarios por cada 1,000 habitantes, con 3.8 por 1,000. Cuba ocupaba el lugar número 33 entre 112 naciones del mundo en cuanto a nivel de lectura diaria, con 101 ejemplares de periódicos por cada mil habitantes. Algunos de tales datos provienen de los archivos del Ministerio de Educación de Cuba, y de “América en Cifras”, de la Unión Panamericana. Las Escuelas Normales de Maestros fueron creadas en el año 1915, y en 1958 tenían 12 planteles y 7,772 alumnos. Mientras, las Escuelas Normales de Kindergarten: 7 planteles y 1,088 alumnos; Escuelas del Hogar: 14 planteles; Escuelas de Comercio: 18 planteles y 9,500 alumnos. Eran muy frecuentes también las Escuelas Técnicas Industriales. Además, por ejemplo, el Colegio Baldor, tenía 3,500 alumnos. Este programa explica la fundación de grandes colegios, academias y centros docentes, intervenidos y desdibujados tras 1959 como, entre otros, el Instituto Edison; Las Ursulinas; La Salle, y el Colegio de Belén.” (#EducacionenCuba #ElAticoDePepe #PepeForte.25 agosto 2021 https://youtu.be/WacP_KQayP0).

Además, Cuba destinaba en 1958 el 23% de su presupuesto a la educación. Era el país con mayor por ciento de su presupuesto a este sector, seguido por Costa Rica con el 20%, y Guatemala y Chile con el 16% (Cf. América en Cifras. Unión Panamericana). Pero más allá de las estadísticas, lo más importante era que la educación era libre, plural, de calidad y respetuosa de la elección de los padres al poder escoger el tipo de educación que deseaban para sus hijos.

Lo que es hoy

La mayoría de los lectores han vivido y han sido impactados por la situación de la educación en Cuba hoy. Después de intervenir, nacionalizar o cerrar colegios y universidades ya existentes y de gran calidad y prestigio en Cuba, el régimen se apoderó de todas las instituciones educativas del país. Desechó los programas de educación, comenzó una Campaña Nacional de Alfabetización cuya cartilla con la que aprendieron a leer y escribir muchos cubanos, era ya una cartilla ideologizada, que borraba la historia y los métodos anteriores y fue la primera herramienta para la manipulación, la propaganda y la imposición de una ideología única: la marxista-leninista.

Lo que vino después es de todos conocido y sufrido: la reescritura de la historia, el borrón y cuenta nueva de todo lo anterior a 1959, la depuración de los claustros de maestros y profesores, la expulsión de miles de estudiantes por sus creencias religiosas o su opción política, la anulación de los programas de formación Moral y Cívica, la clausura de las Escuelas Normales de Maestros, el retiro y el exilio de las Maestras Normalistas para sustituir su insigne magisterio: primero, por los llamados “Maestros Makarenko”, después por los maestros del llamado “Destacamento Pedagógico”, más tarde por los graduados de las Escuelas Formadoras de Maestros, y por último por los llamados “maestros emergentes”.

A esto se unió la idea de separar a los hijos de sus familias con las becas para traer campesinos para la ciudad, con la invención del programa de las “Escuelas al Campo” y, luego, de las “Escuelas en el Campo”. Con esto se cumplía el objetivo de quitar paulatinamente, y en la práctica, sin ley que lo regulara, la patria potestad y, aún más, la educación familiar y la destrucción del hogar como primera escuela. Pero lo más importante y el cambio más radical es la imposición de un sistema educativo único, politizado, formador de personas con “doble cara”, con miedo a decir lo que sienten y lo que son, y sobre todo, instituir un régimen escolar en el que lo más importante no es aprender a pensar, como nos enseñó el Padre Félix Varela, sino en repetir consignas y en ser fieles a una única ideología extraña a nuestras tradiciones patrias. El fruto de todo esto lo podemos ver en la “cochambre existencial, la crisis de valores, la violencia, la simulación y la vida en la mentira, además de una pésima y sesgada “deformación” intelectual. Solo los que asumieron su formación con responsabilidad o encontraron en las iglesias un lugar educativo, han logrado un alto nivel educativo.

Propuestas: lo que podría ser

Una vez más no quiero quedarme en la queja inútil ni en el lamento infértil. Cuba necesita propuestas para reconstruir todo, también el sistema educativo, sobre bases éticas y cívicas. Cuba necesita consensuar proyectos educativos libres, plurales y humanistas, en los que la libertad, la responsabilidad y, sobre todo, la dignidad plena de la persona humana, sean respetadas, educadas y promovidas.

Una de esas propuestas es la que ha estudiado y publicado el Centro de Estudios Convivencia (CEC-Cuba), primer think tank independiente con pensadores de la Isla y de la Diáspora, en su IV Informe del “Itinerario de Pensamiento y Propuestas para el futuro de Cuba” titulado “La educación en el futuro de Cuba: visión y propuestas” que puede ser consultado íntegramente en español e inglés en nuestro sitio web con VPN: https://centroconvivencia.org/category/propuestas/educacion-propuestas/. De la visión que proponemos en este IV Informe del CEC adelantamos estos fragmentos con la esperanza de que el lector lo critique, lo mejore, y lo comparta para fomentar el debate público:

“La educación en Cuba debe tener como fines los siguientes procesos interrelacionados entre sí:

  1. Un proceso de cambios hacia delante en la dignificación y “empoderamiento” (empowerment) del ser humano hasta que, él mismo, pueda descubrir y cultivar su total dignidad y su carácter trascendente;
  2. Un proceso de cambios hacia la profundidad ética de la persona y de las dinámicas sociales en las que la persona vive, de modo que pueda comprometerse consciente, libre y responsablemente, asumir un proyecto de vida y cooperar en un proyecto social en que la dignidad, los derechos y el carácter trascendente de la persona humana sean respetados y promovidos;
  3. Un proceso de cambios hacia arriba, en los objetivos y metas de la inculturación y cultivar la trascendencia de las personas, de los grupos sociales y de los mismos procesos pedagógicos, de modo que las diferentes culturas no se vean absorbidas y desmanteladas por los procesos de globalización o de genocidio cultural, sino que esas culturas puedan trascenderse, abrirse, al intercambio con las demás, a su propia purificación y fecundación plenificante, a la relación con Dios, para el desarrollo humano integral”.

Una vez más reiteramos que estas propuestas no se tratan de cambios que ocurrirán por sí solos si antes no hay un cambio sistémico y estructural en Cuba. Tampoco se trata de “utopías”. Estas propuestas son el fruto de tres procesos complementarios: el estudio de la herencia educativa del pasado bebiendo de nuestras raíces, el análisis de la realidad actual y el ejercicio de prospección estratégica para construir, entre todos, nuestro futuro.

Que después no se diga que no hubo, a tiempo, propuestas para reconstruir todos los sectores de la nación cubana. Entre ellos, el que considero de mayor alcance e importancia humana: la educación. No son propuestas que vienen con la imposición de un caudillo iluminado sino como fruto del estudio y del consenso de cubanos de la Isla y de la Diáspora.

Martí dijo que “En prever está todo el arte de salvar”… “gobernar es prever” y también dijo que “Prever es vencer”. Entonces, sin cambio profundo no lograremos un futuro diferente, pero si llega el cambio sin prever, sería comenzar de cero e improvisar. Ambas realidades son muy peligrosas para Cuba.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 

 


  • Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
  • Ingeniero agrónomo. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
  • Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
  • Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2007.
  • Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
  • Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
  • Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
  • Reside en Pinar del Río.
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