LA ECONOMÍA CUBANA NECESITA SOLUCIONES, NO JUSTIFICACIONES

Miércoles de Jorge

La pasada semana para muchos cubanos resultó molesta la intervención que hiciera el ministro de economía Alejandro Gil en la mesa redonda el jueves 10 de febrero. El tema de las tiendas en MLC vuelve a generar polémica y no pocos disgustos a miles de cubanos a lo largo y ancho de la isla. Las respuestas de las autoridades, como de costumbre, no atienden los problemas de fondo, no aportan soluciones desde la raíz, sino que se quedan en las ramas, apuestan apenas por algunas transformaciones cosméticas, y luego –como hizo el mencionado ministro– se dedican a justificarse, apelar al entendimiento y la confianza de los ciudadanos en las autoridades, y a culpar a otros de la incompetencia propia.

Es tan evidente lo perjudicial que está siendo esta segmentación de mercados en pesos y en MLC, con todo lo que ello implica, que constantemente las autoridades tienen que salir en los medios oficiales a justificar su existencia. A intentar calmar los sumos de la población. Pero los cubanos no somos tontos, sabemos que hay otras soluciones, otros caminos, de hecho, constantemente vemos como economistas prestigiosos de las propias universidades cubanas y de centros de estudios estatales, sugieren transformaciones que den solución a este problema y a otros que afectan a la economía nacional.

Además, los cubanos experimentamos día a día el aumento de la desigualdad, las crecientes restricciones de consumo por falta de acceso al MLC, la pérdida del poder adquisitivo de los salarios por el aumento del tipo de cambio informal, que en parte se explica por la existencia de estos mercados en moneda “libremente convertible”. No hay forma de que creamos esas justificaciones, y aunque algunos las crean, estamos en una situación insostenible de creciente deterioro de las condiciones de vida y creciente aumento del malestar social, de la que solo saldremos con reformas y transformaciones económicas profundas.

No afrontar esta realidad, y seguir dilatando el asunto, implica en primer lugar alargar el sufrimiento de la gente por el consecuente agravamiento en las condiciones de vida que esto produce. Y por otro lado implica desaprovechar la oportunidad de mostrar un verdadero interés por solucionar la crisis económica, por elevar de manera significativa el nivel y la calidad de vida de los cubanos y por enrumbar el país en sendas de progreso y desarrollo.

El problema de las tiendas en MLC, como el de los problemas monetarios y cambiarios, los problemas de oferta, de falta de eficiencia y productividad en las empresas estatales, los de la insuficiencia de los salarios y las pensiones y muchos otros que bien conocemos los cubanos, demandan soluciones y no más justificaciones. Son problemas de años, algunos los arrastramos hace décadas, y el gobierno no ha sido capaz de solucionarlo. Llamar a los cubanos a comprender a las autoridades, a sacrificarse por el sistema, a seguir resistiendo, es cuando menos una burla a personas que han visto y están viendo pasar sus vidas sin que los mismos problemas se solucionen.

Si las medidas adoptadas no funcionan, entonces hace falta otras, si las reformas son superficiales entonces hay que profundizar, si el sistema es ineficiente entonces hay que adoptar otro modelo. Lo que no se puede admitir es que la persona del cubano quede en segundo plano, que sea más importante el modelo socialista que el bienestar de las personas. No somos los cubanos los que debemos adaptarnos y resistir, es el sistema el que debe reformarse y adaptarse de forma tal que sea capaz de satisfacer las necesidades de los cubanos, no de unos pocos, sino de todos y de cada uno.

 


Jorge Ignacio Guillén Martínez (Candelaria, 1993).
Laico católico.
Licenciado en Economía. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.

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