La crisis cubana ante una sola disyuntiva: cambiar el sistema

 

 

 

Dimas Castellanos Martí

Para aquilatar  la dimensión alcanzada por la crisis estructural de la nación cubana basta con la información brindada por los propios funcionarios del Partido-Estado-Gobierno.

El 13 de diciembre de 2025 el presidente de la República Miguel Díaz-Canel, en el XI Pleno del Comité Central del Partido Comunista, dijo textualmente: “Con cierre del primer trimestre, el PIB decrece en más de un 4%, la inflación se dispara, la economía está parcialmente paralizada, la generación térmica es crítica, los precios se mantienen altos, se incumplen las entregas de los alimentos normados, y las producciones agropecuarias y de la industria alimentaria no satisfacen las necesidades de la población”.

Para “solucionar” la crisis, el gobierno cubano diseñó el Programa para Corregir Distorsiones y Reimpulsar la Economía. Según las palabras del secretario del Partido Comunista, se trata de una batalla “porque el salario alcance, porque no falte el alimento en la mesa, porque se acaben los apagones, porque se reanime el transporte, porque la escuela, el hospital y los servicios básicos funciones con la calidad que merecemos”.

Resulta que sesenta y cinco años antes del actual programa, en febrero de 1959, Fidel Castro anunció un programa de gobierno que “aumentaría notablemente la producción agrícola, duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y Cuba borraría su pavorosa cifra de desempleo crónico, logrando para el pueblo un nivel de vida superior al de cualquier otra nación”.

El resultado de ese programa de gobierno no admite dudas. La economía cubana fue arruinada, al punto que en 2025, en la que históricamente fue nuestra primer industria se produjeron, unas 160 mil toneladas de azúcar, (tres veces menos que en 1861), una cantidad que no alcanza para cubrir la que se distribuye a la población mediante la libreta de racionamiento. La falta de materiales de construcción, cabillas y cemento haobligado a convertir contenedores que arribaron a Cuba con fuentes renovables de energía, en viviendas modulares. Mientras la e generación eléctrica de electricidad cuenta con unos 3 200 MW disponibles técnicamente, pero la falta de combustible, el envejecimiento de las termoeléctricas, y la falta de mantenimiento en tiempo, se está produciendo aproximadamente la mitad, con afectaciones que han superado los 2 000 MW en un día, lo cual tiene al país semiparalizado.

En esas condiciones, en lugar de aceptar la inviabilidad del modelo totalitario, se anuncia que el “novísimo” programa para corregir distorsiones se sustentará en la primacía de la economía estatal socialista, que es, precisamente, la principal causante de la pobreza generalizada que condujo a Cuba, de uno de los primeros lugares de América Latina a disputar el último con la nación más empobrecida de la región: Haití.

La suspensión de las libertades económicas, políticas y cívicas, comenzando por la proscripción de la propiedad privada sobre los medios de producción hasta el monopolio interno y externo del comercio, la prohibición de los derechos de asociación, reunión y manifestación, y la existencia de un solo partido político, acompañado de un control absoluto sobre la cultura, la enseñanza y la comunicación, condujo a la desaparición del ciudadano, a la imposibilidad de elegir libremente a sus representantes en elecciones periódicas, y en consecuencia a la pérdida de la soberanía popular, fundamento de la soberanía de la nación. El resultado lo estamos sufriendo: la mayor y más profunda crisis de Cuba en toda su historia.

Crisis que se manifiesta de múltiples formas, una de ellas son las grietas que van apareciendo en el poder. Renuncias,  separaciones y condenados indican serios problemas en la cúpula del poder, cuya principal causa está en la corrupción inducida, lo cual se confirma con los reiterados llamados a la unidad.

La crisis arriba a su punto máximo cuando en el escenario no existe otro país con capacidad y posibilidad de mantener a Cuba sin que esta produzca.

Las razones de por qué un sistema ajeno y enemigo de la persona humana pudo sostenerse son de orden ideológico y geopolítico. Cuba, sin economía, sobrevivió gracias a las subvenciones soviéticas durante treinta años, y otros veinticinco años dependientes de Venezuela. Además de los donativos de otros países, del alquiler de profesionales en condiciones de esclavitud moderna, de las remesas familiares, y de otras formas de extorción. El totalitarismo se sostuvo parasitando y aliado a los peores regímenes del mundo.

En el nuevo escenario internacional, caracterizado por las rivalidades entre Rusia, China y Estados Unidos, Cuba ubicada en el continente americano, después del golpe infringido por Estados Unidos al chavismo el pasado 3 de enero, el Partido-Estado-Gobierno solo tiene una opción. Devolver las libertades que les fueron arrancadas a los cubanos después de 1959. Cualquier otra decisión o el inútil intento de elaborar nuevos programas serán inútiles para conservar  un poder que ignoró la surte de su pueblo. Lo único que no va a ocurrir, es que el totalitarismo cubano se sostenga.

Lunes 12 de enero de 2026

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

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