EL NUEVO AÑO Y LA NECESIDAD DE TRANSFORMAR LA ECONOMÍA CUBANA


Miércoles de Jorge

El inicio de un año ofrece la oportunidad de iniciar nuevos caminos, la oportunidad de cambiar, de transformar las cosas en la medida de nuestras posibilidades. La semana pasada, reflexionaba sobre la importancia de que hagamos algunos cambios en nuestra vida para que verdaderamente cobre sentido la frase de “año nuevo, vida nueva”. Si en lugar de repetir esta frase y esperar ilusamente a que las cosas cambien, nos ponemos en acción para hacer de manera diferente lo que podamos, entonces sí podemos esperar “vida nueva”.

Ahora bien, a nivel nacional, social, político, económico, pasa lo mismo. Específicamente en el mundo de la economía, que es donde me quisiera detener hoy, con consignas y discursos no se resuelven los problemas. El año que termina ha sido duro para los cubanos, desde el punto de vista económico desastroso. El nuevo año nos ofrece, como en lo personal, el chance de reformar la economía cubana, para que verdaderamente cumpla con su función de satisfacer de forma eficiente las necesidades de la gente.

Esta transformación, como es lógico, se escapa de las manos de cada uno de nosotros, pero lo que si podemos hacer es exigir a las autoridades que no dejen pasar el tiempo, que no sigan demorando las reformas necesarias, que se ocupen de generar oportunidades para que la gente pueda con su propio esfuerzo tener un nivel y calidad de vida dignos, para que el país progrese y el desarrollo deje de ser un sueño demasiado lejano para los cubanos.

Desde un punto de vista económico las demandas de los cubanos y la responsabilidad de las autoridades está en responder al menos a los siguientes temas:

Que haya acceso a alimentos y medicamentos, que deje de ser una preocupación encontrar los productos básicos que se necesitan para la alimentación diaria o para tratar enfermedades. No son dignas las colas interminables, la corrupción, el robo, la escasez, el desabastecimiento, y muchas otras situaciones relacionadas con el acceso a estos productos.

Que haya salarios suficientes y disponibilidad de empleos. Muchos cubanos no trabajan, no tiene empleos estables o legales, eligen no hacer nada antes que ser explotados en un centro laboral, no reciben un pago justo por el trabajo que desarrollan, se ven motivados a “resolver” como vía para acceder a recursos que deberían conseguir con su salario. Transformar esta realidad sigue siendo un reto para las autoridades económicas cubanas y es una exigencia que podemos seguir haciendo en este año que comienza.

Que la gente tenga un techo. Tristemente el déficit habitacional, el hacinamiento, la falta de opciones relacionadas con la vivienda para construir un hogar y una familia en Cuba, sigue siendo uno de los grandes problemas del día a día. A pesar de la propaganda oficial, y del discurso que oculta la realidad, esta es una situación que demanda soluciones inmediatas.

– Que los servicios públicos tengan calidad, salud, educación, electricidad, agua, entre otros, son algunos de los servicios que en los últimos años se han estado deteriorando de manera constante. Cada día es más evidente la precariedad existente en cada uno de ellos, y cada día queda más claro para los cubanos, que el “socialismo” cubano es incapaz de garantizar incluso aquellas cosas de las que más alarde ha hecho.

– Que haya oportunidades para permanecer en el país. De manera general, una gestión económica que no genera oportunidades suficientes para que la gente se sienta incentivados a permanecer en el país, no tiene otro calificativo que el de fracaso. La crisis migratoria actual, es la prueba de que no hay oportunidades en Cuba –excepto para unos pocos–, y por eso la gente se va a otros lugares. Responder a esta realidad, es quizás el mayor de los retos para los hacedores de política económica.

La lista de cosas que podríamos exigir en este 2023, y que las autoridades cubanas deberían transformar, no tiene fin. Estos son solo algunos ejemplos concretos, de cosas que podrían iniciar un camino de transformación verdadera, que enrumbe al país por las sendas del desarrollo. Cada uno de nosotros, podemos seguir agregando cosas a esta lista, pero sobre todo podemos pensar en formas concretas de hacer llegar a las autoridades nuestras demandas, nuestros reclamos respecto a la necesidad de cambiar estas y otras cosas.

 


  • Jorge Ignacio Guillén Martínez (Candelaria, 1993).
    Laico católico.
    Licenciado en Economía. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
    Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
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