EL fracaso beisbolero y sus verdaderas causas

Foto tomada de Internet.
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¿Qué día le toca perder a Cuba? -preguntó un joven cubano a otro después de la derrota frente al equipo de Israel, en lugar de preguntar qué día le tocaba jugar. La lógica detrás de la interrogante es que la derrota sufrida por el equipo cubano en el IV Clásico Mundial de Béisbol (2017), era lo esperado.

En un artículo denominado “El Clásico y la pelota profesional” -publicado en marzo de 2013- escribí: En la primera versión (2006), Cuba, el equipo que más ponches recibió, que más carreras le anotaron y el que mostró mayor descontrol en el pitcheo, ocupó el segundo lugar. En la siguiente versión (2009), aunque mejoró en ofensiva, pitcheo y defensa, retrocedió al quinto lugar. En la tercera versión (2013), a pesar de contar con uno de los mejores equipos que han representado a la Isla, no pudo mejorar la quinta posición. La lección es clara: la pelota cubana está en retroceso.1

En dicho artículo, al listado de dificultades esgrimido por los comentaristas oficiales para explicar la caída, señalé un factor ausente: la inclusión de peloteros profesionales en la selección cubana, pues de los 16 equipos participantes en el III Clásico, el de Cuba fue el único que no incluyó a sus peloteros profesionales, En otro artículo publicado en agosto de 2013, bajo el título “La pelota esclava le gana a la libre”2 expuse cómo el fracaso en el III Clásico fue seguido en julio de ese año por la aplastante derrota ante una selección de estudiantes norteamericanos que barrieron en cinco partidos a los “amateurs” de la mayor de las Antillas.

La derrota en esos y en otros eventos confirmó la tendencia regresiva de un deporte que había conquistado un extraordinario como demuestra su historia:

  1. Antes del primer partido oficial en Palmar del Junco (1874), ya en Cuba se jugaba pelota. Al concluir ese siglo ya existían unos doscientos equipos y se había fundado la primera Liga Cubana de Béisbol. Los tabaqueros cubanos en Tampa y Cayo Hueso -los mismos que bautizaron a José Martí con el epíteto de Apóstol- habían introducido ese pasatiempo en el sur de la Florida. Selecciones de peloteros cubanos brindaron juegos de exhibición contra los equipos locales en la costa este de Estados Unidos con más victorias que derrotas, incluyendo topes contra los mejores equipos profesionales de ese país.
  2. En el siglo XX la pelota cubana alcanzó su edad de oro.3 El pacto con el béisbol organizado, la prosperidad de la posguerra y la conversión de La Habana en centro turístico moderno, aseguraron a la Liga Cubana la posición de circuito principal en América Latina. Se desarrolló un torneo considerado por la crítica y por la afición como campeonato “modelo”. Después de la Primera Serie Mundial de Béisbol Amateur, celebrada en Londres (1938), las cinco siguientes tuvieron como sede el estadio Cerveza Tropical entre 1939 y 1943, de las cuales Cuba ganó cuatro. En los años cuarenta ya se había impuesto la pelota profesional y se había fundado la Liga Cubana de Base-Ball en el Gran Stadium del Cerro con los equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao.
  3. En 1948, en la reunión de la Confederación de Béisbol del Caribe, celebrada en Miami, los representantes de las Ligas profesionales de Cuba, Puerto Rico, Panamá y Venezuela conformaron la Serie del Caribe. Desde su primera versión inaugurada en La Habana en febrero de 1949, el equipo Almendares se alzó con la victoria y los cubanos cerraron su participación en 1960 con el triunfo del Cienfuegos en Panamá, para enarbolar la irrebatible prueba de calidad de la pelota “esclava” en aquellos años; siete victorias en doce campeonatos.
  4. En la década del cincuenta irrumpieron los Cubans Sugar’s Kings, integrado con peloteros cubanos y de otros países caribeños, que permitía a los jugadores amateurs entrar a las Grandes Ligas. En 1959 ese team, frente al Minnesota-Saint Paul, ganó la llamada Pequeña Serie Mundial en el Stadium del Cerro.

Esos equipos, generalizados por todo el país, contaban con el patrocinio de instituciones de la sociedad civil. El profesionalismo, además de insuflarle mayor calidad a la pelota, servía como una vía mediante la cual cubanos de familias pobres garantizaban su vida y la de sus familias. De esa forma, junto a las guerras de independencia, el baile y la música, la pelota formó parte del proceso de conformación de nuestra identidad nacional y devino práctica sociocultural de la mayor importancia. Por todo ello, muchos cubanos “recordaban con más precisión la cronología del béisbol a lo largo del siglo que los hitos de la historia nacional”.4

En febrero de 1961, después que los equipos Almendares y Cienfuegos disputaron el juego final de esa temporada, el gobierno revolucionario creó el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y recreación (INDER), desmanteló el entramado cívico existente, abolió la pelota profesional y prohibió a los cubanos jugar con equipos profesionales en Estados Unidos. La pelota devino apéndice de la política, una de cuyas expresiones consiste en que el Estado asume todos los gastos a cambio de la fidelidad de los atletas, entrenadores y funcionarios del deporte como requisito inviolable.

Así, con una economía subvencionada por la Unión Soviética, se estableció una supremacía en los juegos amateurs centroamericanos, panamericanos y mundiales, lo que fue calificado por el líder de la revolución como “la victoria de la pelota libre sobre la pelota esclava”, quien, el 2 de enero de 1967, exclamó: “Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota […]. Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales”.5

El mito comenzó a desvanecerse cuando se iniciaron los choques con otros profesionales, acelerado por la pérdida de las subvenciones soviéticas. La pelota “esclava” demostró ser superior a la “libre”, Los abanderamientos, la consigna de regresar “con el escudo o sobre el escudo”, la exhibición de “altos per cápita de medallas de oro por habitante” y el alarde de que “podemos combinar algo que no pueden hacer los jugadores profesionales” porque nuestros atletas “ni se venden, ni traicionan a su pueblo y a su patria” no se pudo sostener. En su lugar cientos de peloteros cubanos comenzaron a fugarse en busca de la esclavitud.

Ahora, en la primera etapa del IV Clásico Mundial (2017), efectuada en el Tokio Dome de Japón, gracias a los errores en la dirección de Australia y el oportuno cuadrangular de Alfredo Despaigne6, Cuba pudo pasar a la segunda fase de la competencia, para allí ser barrida por Israel (4-0), Japón (8-5) y el humillación nocaut de Holanda (14-1). Tres equipos que marcaron 26 carreras frente a solo seis del equipo cubano, que se retiró ocupando el octavo puesto, lo que no arroja la menor duda de dónde radica el fracaso de la pelota “libre”.

El periodista Oscar Sánchez Serra, enviado especial al IV Clásico, publicó dos artículos, los días 15 y 16 de marzo en el diario Granma. en ellos plantea algunos criterios acerca del resultado de la selección cubana, que se pueden resumir en los siguientes:

1. Medirse con resultado a lanzamientos de 97 y 98 millas no es cosa de ajustarse en uno o dos turnos al bate, se necesita una temporada en la que se vea con frecuencia ese reto.

2. No puede solucionarse que el pelotero actúe con efectividad bajo alta demanda, si antes no ha tenido muchas ocasiones similares.

3. La segunda vuelta era el tope de este conjunto en un torneo tan exigente como el que se acaba de jugar. Así pensaron también las autoridades beisboleras del país, pues el objetivo era alcanzar ese grado.

4. En un Clásico Mundial no podemos resolver las grandes deudas de nuestro pasatiempo nacional, que a mi juicio, pasan por la conducción de este deporte, ya no solo en la arena competitiva, sino social.

5. Necesitamos ver con profundidad desde la temporada competitiva hasta la profesionalidad de quienes tienen que ver con la conducción de este deporte.

En esas opiniones brillan por su ausencia causas fundamentales que no pueden ni deben ocultarse. Entre ellas:

– Reformar el modelo económico, político y social vigente que ha demostrado su inviabilidad e incapacidad para generar una economía eficiente sin la cual no se puede sostener un deporte de alto rendimiento ni garantizar salarios en correspondencia con el costo de la vida.

– Erradicar la subordinación del deporte a la política, responsable de la eliminación de la pelota profesional y de la calificación de traidores a los cubanos que decidieron correr suerte en esa pelota.

– Implementar las libertades para que los deportistas, como el resto de los cubanos, puedan viajar libremente y regresar a su país cuando lo consideren y tener acceso libre a Internet, sin lo cual es imposible mantenerse informado de los avances que a diario se producen en los métodos y tecnologías para el entrenamiento deportivo.

Referencias

1. http://www.diariodecuba.com/deportes/1364290260_2343.html

2. http://www.diariodecuba.com/deportes/1375365754_4465.html

3. González Echevarría, Roberto. La gloria de Cuba. Historia del béisbol en la Isla, Madrid, Editorial Colibrí, 1999.

4. Roberto González Echevarría: La gloria de Cuba. Historia del béisbol en la Isla, Madrid, Editorial Colibrí, 2004.

5. Fidel Castro: Aniversarios del triunfo de la Revolución cubana, La Habana, Editora Política, 1967, p. 244.

6. Alfredo Despaigne, uno de los pocos cubanos vinculados desde el Estado cubano con la pelota esclava, bateó para 453 de promedio, autor de cuatro extra bases, entre ellos dos cuadrangulares.

 


Dimas Cecilio Castellanos Martí. (Granma, 1943).
Periodista independiente.
Licenciado en Ciencias Políticas (1975).
Diplomado en Ciencias de la Información (1985).
Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos (2006).
Miembro del Instituto de Estudios Cubanos.
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