
Es de tal magnitud la crisis que vive Cuba. Es de tan larga duración. Y es tan clara y evidente la causa que la provoca: el sistema, que la denuncia, la protesta individual o en grupo es ya parte de la vida cotidiana. Y esto es bueno porque es signo de la toma de conciencia paulatina que van tomando los más amplios sectores de la nación cubana. La protesta pacífica y civilizada es el primer ejercicio de la libertad.
Se acabaron los tiempos del desenfoque. Ya no tiene ninguna credibilidad que la causa sea un bloqueo externo. Todos los cubanos sabemos de dónde viene el verdadero bloqueo: del sistema. De la esencia del sistema, y no de las circunstancias, ni de los errores de su aplicación, ni de la corrupción generalizada, que todo esto existe. El primer paso está dado: identificar que el sistema es la causa de la crisis terminal que sufre Cuba.
Por eso, ya no se escucha echarle la culpa a un funcionario intermedio, ni a las autoridades de esta u otra provincia, ni a que las máximas autoridades del país no se han enterado. Ellos son los primeros que lo saben y, todo el mundo sabe que son los primeros responsables. El segundo paso también está dado: identificar quiénes son los responsables de la crisis terminal que sufre Cuba.
Sin embargo, quizás faltan dos pasos que son iguales en importancia o más determinantes si anhelamos el cambio estructural, sistémico, desde la raíz de la causa.
El tercer paso sería: Tomar conciencia de la responsabilidad compartida que tenemos todos y cada uno de los cubanos como ciudadanos, como soberanos de Cuba. Porque seguimos siendo soberanos, protagonistas de la soberanía nacional y ciudadana, aunque el ejercicio de esa soberanía haya sido usurpado por un pequeño grupo de cubanos. Son tantos los años de usurpación de la soberanía de cada ciudadano que algunos se ha llegado a acomodar al paternalismo autoritario y totalitario del régimen. No debemos acomodarnos a la calamidad.
No debemos ceder el ejercicio de la libertad que Dios nos ha dado por ser personas. No debemos ceder el ejercicio de la responsabilidad que tenemos por ser cubanos. Se anhela y se exige mucho la libertad, pero debemos asumir y exigirnos, cada uno, personalmente, la responsabilidad que tenemos a contribuir cada uno, como pueda, hasta donde pueda, al cambio, a la transición y a la reconstrucción de una República que sea mejor que la primera y, por supuesto, radicalmente diferente de lo que vino después. El compromiso con el cambio de nuestra realidad, realizado por nosotros mismos, todos los cubanos, es la expresión de la responsabilidad personal. Huir del compromiso es evadir la responsabilidad y renunciar a la libertad. Y renunciar a la libertad va contra la naturaleza humana y contra la voluntad de Dios. Recordamos una vez más, por su vigencia y urgencia, aquella programática enseñanza del papa Benedicto XVI en su visita a Cuba: “Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla” (Homilía en la Misa en Santiago de Cuba, 26 de marzo de 2012)
El cuarto paso sería: Pasar del lamento y la protesta a la propuesta. Lamento sin compromiso es abdicar de nuestra libertad. Protesta sin propuesta es estéril. Exigir el cambio sin proponer hacia dónde es volver a poner en peligro la libertad. Prever lo nuevo, pensar el modelo, identificar el sistema y formular las propuestas es la garantía de que la libertad alcanzada se preservará con la responsabilidad de preparar el futuro. Cambio sin propuestas es como un parto sin prever los cuidados de la criatura.
En Cuba hoy, ya se sabe que las deficiencia y errores del pasado trajeron el experimento irresponsable que va contra la naturaleza humana que hoy sufrimos. Que no volvamos, por la irresponsabilidad de no pensar ni prever hoy, someter a la nación cubana a otro futuro fallido.
Es esencialmente necesario:
Ese futuro ya está aquí. Ya hay cubanos que estamos preparándolo. Cada cual como sabe, como puede, como Cuba necesita. Que ese futuro llegue pronto depende de que cada cubano asumamos nuestra responsabilidad.
Hagámoslo.
Pinar del Río, 11 de julio de 2025
