DEMOCRACIA Y DESARROLLO ECONÓMICO EN CUBA

Foto tomada de Internet.

Siguiendo el pensamiento de Amartya Sen, quien argumenta lúcidamente a favor de las bondades de la democracia para lograr avanzar en términos de desarrollo económico, vale la pena aterrizar sus ideas al contexto cubano, para reflexionar sobre el presente y el futuro de la economía y la realidad cubana. En Cuba, tanto el desarrollo como la democracia son asignaturas pendientes. El primero, luego de 63 años de socialismo y gobierno totalitario, parece evidente que no es posible de conseguir con este tipo de organización política de la sociedad y la economía. Y en cuanto a la democracia, a pesar de las promesas de que solo en el socialismo se alcanza la verdadera democracia, y de las deformaciones a las que acude el gobierno cubano –como es el caso de la llamada democracia de partido único–, la realidad muestra que no existen unas mínimas condiciones que la garanticen.

La democracia

En primer lugar, para hablar de democracia, hay algunos puntos sobre los que vale la pena poner la atención, pues este, al ser un concepto tan manipulado y a la vez complejo, a veces se usa indiscriminadamente y sin que se comprenda verdaderamente de que se trata.

– No se reduce a la voluntad de las mayorías. Esto es algo fundamental para entender la democracia. En Cuba, por ejemplo, a menudo se argumenta a favor del gobierno y de la existencia de una supuesta democracia socialista haciendo referencia al hecho de que en un referendo –amañado a todas luces– una mayoría aprobó la actual Constitución. Abandonar el discurso y mirar la realidad, demuestra claramente que no se puede hablar de democracia, incluso si existiera una mayoría que apoye al sistema.

– No se reduce a un proceso electoral. Tampoco podemos entender la democracia si la relacionamos única o principalmente con los procesos electorales. Tener unas elecciones más o menos libres, no es garantía de que existe democracia. Mucho menos si las elecciones, como en el caso cubano, son abiertamente excluyentes, manipuladas, y ficticias. Las elecciones han de ser libres, abiertas, directas, periódicas, transparentes, plurales, participativas, entre otras características que no están presentes en los procesos electorales cubanos, como tampoco en muchos otros países del mundo.

– No se reduce a la mera existencia de partidos políticos. Por último, la existencia de partidos tampoco es garantía para que haya democracia, sino que existen otras condiciones como pueden ser la participación y la representación efectivas que son vitales para la existencia de la democracia. Por supuesto, los partidos y otras instituciones de la sociedad civil son fundamentales –imprescindibles– y han de ser reconocidos y respetados, así como participar activamente en la gestión de los asuntos de interés para el pueblo, pero su mera existencia no es garantía de democracia.

En resumen, pudiéramos seguir señalando elementos que han de ser tenidos en cuenta para hablar de democracia. Y pudiéramos también profundizar la reflexión sobre la ausencia de democracia en la Cuba actual. Pero existen suficientes análisis al respecto, y de mucha calidad académica, que fácilmente pueden ser consultados en internet. Lo fundamental sobre lo que quisiera llamar la atención, es que la democracia es un proceso más amplio y complejo de lo que a veces creemos o nos quieren hacer creer, y que a fin de cuentas lo que verdaderamente importa es que garantice la participación real de la gente en la política, en la economía, y en todas las facetas de la vida. Una participación libre, responsable, plural, efectiva, en la elección y construcción de los destinos de la sociedad.

El desarrollo

Por otro lado, tenemos también un concepto controvertido y complejo, que a pesar de la evolución que ha tenido, aún no es entendido correctamente por muchos países del mundo. Algunos elementos importantes de este concepto son los siguientes:

– No se reduce al crecimiento. Entender el desarrollo como crecimiento es un paradigma superado hace muchos años, sin embargo aún quedan países y personas que identifican al uno con el otro. En Cuba, ni siquiera contamos con elevadas y sostenidas tasas de crecimiento, pero pudiéramos tenerlas en unos años y eso no significa que estemos avanzando al desarrollo. Hay otras variables fundamentales a tener en cuenta, como son la justicia, la igualdad, la libertad, las oportunidades que tienen la gente para desarrollarse plenamente, entre otras, que son aún más importantes que el mero crecimiento económico.

– Implica otras facetas, más allá de lo económico o material. Para hablar de desarrollo tiene que existir un cambio –según Sen– no solo en los recursos que la gente tienen, no solo en los bienes y servicios de los que disfrutan, sino también –y más importante– en las cosas que podemos hacer, en las oportunidades de realización que se nos ofrecen. Lo importante para el desarrollo no es el tener, sino el hacer. Este cambio de enfoque, es fundamental para avanzar al desarrollo, y es una tarea pendiente en muchos países del mundo, por supuesto, también en Cuba.

– Está orientado al servicio de la persona. Otro elemento que podríamos señalar es que un proceso verdadero de desarrollo ha de estar orientado al servicio de la persona, ha de poner a la persona en el centro. No a un sistema político, no a una ideología, no a una élite dominante y sus intereses. El desarrollo es para las personas y las sociedades, o de lo contrario no puede ser llamado desarrollo. Este punto también invita a la reflexión en la realidad cubana, pues a lo largo de los últimos sesenta años hemos visto cómo se instrumentaliza a la persona y se usa como medio para lograr fines ajenos al desarrollo de la sociedad.

Democracia y desarrollo

Por último, volviendo al punto de partida, Amartya Sen es un gran defensor de la democracia como forma de organización política más idónea para avanzar al desarrollo. La evidencia muestra cómo los países más desarrollados del mundo son los que tienen esta forma de organización, y cómo los menos desarrollados están atrapados en sistemas políticos corruptos, autoritarios, dictatoriales, etc. Cuba, nuevamente, es un claro ejemplo de ello. La democracia crea al menos unas mínimas condiciones sin las cuales no es posible un proceso de desarrollo económico profundo. Entre otras pudiéramos mencionar las siguientes:

– Se garantizan derechos y libertades fundamentales. En el plano económico es fundamental que la gente tenga libertades para crear, para emprender, para desarrollarse de acuerdo con sus potencialidades y talentos, sin que haya un sistema opresivo que limite la capacidad de las personas. El ejemplo de la agricultura cubana es muy claro al respecto: un sector en el que los productores no tienen autonomía para decidir qué producir, cómo producir, a quién vender y a qué precio, genera ineficiencia, falta de incentivos y baja producción. Sin embargo, la evidencia muestra que si se le dan esas libertades a los productores los resultados podrían ser totalmente diferentes.

– La posibilidad de contar con políticos que representen más o menos bien los intereses de la gente. En democracia, si un político actúa en contra del interés de la gente y con sus decisiones crea problemas mayores de los que intentaba solucionar, entonces es castigado en las próximas elecciones y no será elegido nuevamente. De este modo se puede dar paso a otras personas, a otras soluciones. En sistemas como el cubano, los políticos implementan una política desastrosa como la tarea ordenamiento, causando graves perjuicios a los más vulnerables, y no pasa nada. Justifican sus errores y siguen impunemente en el poder. La diferencia está en que en democracia a pesar de las imperfecciones que existen –que no son pocas– está la posibilidad de corregir el rumbo, y eso es siempre beneficioso para el desarrollo.

– Otro elemento fundamental para el desarrollo, y que solo se garantiza –más o menos bien– en democracia, es la participación ciudadana. Sin participación ciudadana no hay ni democracia ni desarrollo posible. La gente tiene que poder asociarse en organizaciones de la sociedad civil e incidir en las decisiones, en la gestión de políticas públicas, en la evaluación y corrección de las políticas que se implementan, y en cada proceso de interés para la ciudadanía. Sin participación ciudadana, las élites en el poder hacen y deshacen –como sucede en Cuba– a menudo alejándose de los legítimos intereses del pueblo al que deben representar.

 


  • Jorge Ignacio Guillén Martínez (Candelaria, 1993).
  • Laico católico.
  • Licenciado en Economía.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
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