Jueves de Yoandy
Hablar sobre el futuro de Cuba es un tema complicado. Implica navegar entre el análisis técnico y la sensibilidad emocional de cada uno de los ciudadanos. El Centro de Estudios Convivencia (CEC), fundado en Pinar del Río hace más de una década, ha sido pionero en este enfoque, proponiendo un “itinerario” que no solo propone los cambios políticos necesarios, sino la reconstrucción del tejido social.
La realidad cubana actual se percibe a menudo como un laberinto de incertidumbres. El miedo al futuro, alimentado por décadas de inmovilismo, suele generar dos reacciones paralizantes: la inercia de quien espera que algo pase o la urgencia de quien solo desea escapar. Frente a cada una de estas dos opciones, el trabajo prospectivo del CEC y de otros proyectos de la sociedad civil en Cuba surge como una brújula en medio del océano de incertidumbres que supone la realidad actual.
El CEC no se limita a la queja; se dedica a pensar Cuba. A través de nuestro “Itinerario de Pensamiento y Propuestas” el think tank pinareño ha elaborado informes detallados sobre economía, marco jurídico, educación, cultura, agricultura, salud, ética, política, religión, entre otros sectores que suman ya 19 Informes de Estudios (Ver https://centroconvivencia.org/propuestas/).
En todos los casos, la prospección estratégica ha sido una herramienta de libertad, para que el cambio no nos encuentre desprevenidos; para prever los escenarios que permitan una transición pacífica y ordenada, reduciendo el caos que suele alimentar el miedo a lo desconocido.
No se trata de establecer ni definir qué va a pasar y cómo, sino de contar con una hoja de ruta, una guía, una opción, para evitar las improvisaciones a la hora cero. El CEC propone una transición “de la ley a la ley” como se describe en el Segundo Informe de Estudios, enfocada en la dignidad plena de la persona.
En el avance hacia alcanzar la libertad y la democracia en Cuba es vital reconocer qué nos detiene. Según los estudios de Convivencia, el principal obstáculo no es solo el sistema imperante en Cuba por más de seis décadas, sino un factor interno que es el daño antropológico. Identificador los obstáculos y los miedos, sobre todo en estos tiempos, nos ayudará en el camino:
1. El miedo a la pérdida: el temor a perder lo poco que se tiene o la estabilidad relativa de “lo conocido”, aunque sea malo o provoque cansancio.
2. El miedo al ataque: la ansiedad de enfrentarse a un entorno donde no nos sentimos preparados para decidir por nosotros mismos después de tantos años de totalitarismo y analfabetismo ético y cívico.
3. La desconfianza: la erosión del tejido social provoca que en ocasiones algunos se sientan solos en el reclamo de los derechos y libertades para todos.
El cambio en Cuba requiere un ejercicio basado en la sanación a través de la educación cívica. El miedo se vence con tres acciones clave:
1. El discernimiento: no reaccionar por impulso, sino usar la inteligencia para identificar a qué tememos realmente. El conocimiento de las propuestas del CEC ayuda a entender que sí hay un “día después” diseñado por cubanos para cubanos, donde somos los “protagonistas de nuestra historia personal y nacional” como decía san Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998.
2. La amistad cívica: pasar del “yo” al “nosotros”. El miedo se diluye cuando se comparte en comunidad. El CEC enfatiza que la sociedad civil es la verdadera protagonista del cambio, no un líder mesiánico que pueda cambiar todo por arte de magia, ni replicando modelos que han demostrado ser disfuncionales e improductivos.
3. La ética de la responsabilidad: vencer el miedo implica asumir que la libertad tiene un costo, el de hacernos responsables de nuestras propias vidas y del destino de la nación, sin esperar que un mesías o un estado paternalista solucione todo lo que debemos resolver entre nosotros mismos.
Como dice el lema del Centro de Estudios Convivencia, hay que seguir “pensando Cuba”. Ahora más que nunca. El trabajo prospectivo es como una siembra, en la que quizás no vemos el fruto inmediato, pero preparamos la tierra para que, cuando el cambio ocurra, no sea un salto al vacío, sino un paso hacia un hogar común, inclusivo y democrático. Ahí radica el valor de esta siembra silenciosa. Justo como decía José Martí: “En prever está todo el arte de salvar”.
Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
Doctor en Humanidades por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, España.
Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
Licenciado en Microbiología.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Responsable de Ediciones Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

