
- ¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado.
- Lc 24:5-6
No es un secreto para nadie, que la realidad de la Isla por más de seis largas y dolorosas décadas ha pasado de ser una crisis para convertirse literalmente en una agonía estructural galopante. El colapso económico no es el único y fundamental problema, sino es la serie de fracturas en todas las dimensiones del alma de la Casa Cuba.
El sistema de gobierno es totalmente inoperante y lo evidencia la falta de credibilidad y eficacia en su desarrollo económico, político y social. La Educación está viciada por el adoctrinamiento, absolutismos y baja calidad. La salud está deteriorada, cada día más, y la justicia está ausente de toda participación ciudadana, libre, pacífica y cívica debido a su secuestro en la oscuridad de los mecanismos de represión y miedo.
Cuba necesita, urgentemente, reencontrarse con su verdad histórica. Durante muchísimo tiempo, la desinformación ha sido institucionalizada y la doble moral ha sido impuesta como mecanismo de supervivencia.
Poder resucitar como nación implicaría sanar los egocentrismos radicales y también es necesario devolver al cubano la libertad de vivir en dignidad plena y a tener derecho a ejercer todos los Derechos Humanos.
Las dimensiones que serían necesarias para una Resurrección nacional serían:
1. Resurrección moral
Los cubanos necesitamos sanar el doble racero del “cumplir-miento”, es dejar de ocultar por miedo lo que verdaderamente pensamos y queremos hacer como ciudadanos. Es poder expresarse con total libertad y autenticidad en el obrar y el sentir. Es necesario sanar la conciencia moral.
2. Resurrección antropológica
Todos debemos y tenemos la obligación de volver a restaurar lo que ha sido dañado por tanto tiempo de adoctrinamiento comunista a nivel personal y social. Nuestras vidas han sido marcadas en gran medida por la herida del falso “hombre nuevo” condicionado y moldeado por la ideologización marxista-leninista en su “versión cubana”.
Una sociedad profundamente fragmentada por tantas heridas no será inmediatamente sanada. Esto requiere de un proceso de sanación y redescubrimiento auténtico de nuestra propia humanidad, abierta a la Verdad del ser en sí mismo, al bien común y a la Trascendencia.
3. Resurrección económica
Cuba necesita urgentemente abrirse a un modelo económico donde la creatividad, la iniciativa y el deseo de emprendimiento no sean castigados por medidas de absoluto control represivo, sino que se valore y promueva el libre comercio, la dignidad humana y la igualdad de oportunidades.
4. Resurrección social
Reconstruir el tejido humano es fundamental para crecer como nación. Volver a confiar, a participar en libertad, a sentir que contamos como ciudadanos nos hace fuertes en la capacidad de engrandecer y renacer en civismo y en comunidad plural aportando buenas voluntades a nuestra Casa Cuba.
5. Resurrección espiritual
En todos estos duros años de supervivencia, dolor, lágrimas, muerte y resistencia, la fe cristiana ha sido ese refugio que el alma necesita para mantener la Esperanza cierta en el presente-futuro que ya está aquí, a la puerta. Redescubrir la existencia y relación con Dios no solamente como consuelo, sino como fundamento de nuestro ser, será clave en la reconstrucción de nuestra Patria.
La resurrección urgente de Cuba no será una obra de unos contra otros. No habrá paz sin justicia, eso nos queda claro a todos los que anhelamos y queremos una Patria renovada. Será la obra de reconstrucción nacional de todos sus hijos comprometidos con su destino. “Con todos y para el bien de todos” como lo vislumbró nuestro Apóstol José Martí.
Tengo la firme certeza de que la piedra del comunismo será removida. Nuestra vida se abrirá, a pasos de gigante, a un futuro próspero y seguro de vivir en plenitud de libertad, paz y dignidad.
Y en medio de esta luminosa espera elevemos nuestra mirada y clamor a Nuestra Madre la Virgen de la Caridad del Cobre:
Virgen de la Caridad, Madre del pueblo herido y cansado.
Mira a tus hijos que sufren en la espera de un Nuevo Renacer.
Tu que conoces el dolor del naufragio y la pérdida del Hijo Amado,
Mira a tu pueblo cansado de tanto buscar la luz sin ver.
No dejes, Madrecita Santa, que se haga eterna la noche.
Despierta en cada uno de nosotros el valor y el amor a la Verdad.
Y con la fuerza de tu Hijo Jesucristo, que podamos volver a ser una tierra de Vida, Patria y Libertad.
